Albherto's Blog
Argonauta, en busca del Vellocino de Oro. Una navegación diaria por la blogosfera… ¡ y hasta aquí puedo escribir !

35.- Las Simplégades

En efecto, cuando abandonaron Tracia, Tifis puso el timón rumbo al este. Llegó un momento en que las costas de Asia y Europa se iban acercando entre sí cada vez más, hasta llegar al estrecho de las Rocas Azules.

Eran éstas dos enormes peñascos que no permanecían quietos, sino que iban y venían entrechocándose y aplastando todos los barcos que intentaban atravesarlas. Esta era la razón por la que ningún extranjero había podido llegar jamás a Cólquide.

Siguiendo las instrucciones de Fineo, cuando se aproximaron a las rocas fueron soltando palomas. Todas eran estrujadas por las rocas, hasta que una pudo cruzar volando entre ellas: era el momento que debía aprovechartambién la Argo para pasar.

El barco cruzó a salvo el estrecho y, desde ese momento, las rocas quedaron fijas para siempre.

Así fue cómo quedó abierto el estrecho de los Dardanelos, que separa el Mediterráneo del MarNegro. Años después, otros griegos fundaron allí la ciudad de Bizancio.

DARDANELOS – MARMARA – BOSFORO

Los Dardanelos o estrecho de los Dardanelos es un estrecho ubicado entre Europa y Asia, llamado Çanakkale Boğazı en turco y Δαρδανέλλια en griego. Es el antiguo Helesponto de la Grecia clásica. Comunica el mar Egeo con el mar interior de Mármara y su archipiélago; mide 71 km de longitud, entre 1.600 y 6.500 m de anchura y tiene unos 50 m de profundidad media.

Del mismo modo que el estrecho del Bósforo divide la ciudad de Estambul entre los continentes asiático y europeo, el estrecho de los Dardanelos separa Europa (en este caso la península de Gallípoli, Gelibolu en turco) y Asia. La principal ciudad que limita con el estrecho es Çanakkale, la cual toma su nombre de sus famosos castillos, kale significa “castillo”). El nombre de Dardanelos deriva de Dardanus, una antigua ciudad frigia enclavada en la orilla asiática del estrecho.

El estrecho de los Dardanelos es un antiguo valle fluvial hundido durante el cuaternario. Dispone de costas poco accidentadas y en él abunda la pesca.

El mar de Mármara (en turco, Marmara denizi; en griego, Μαρμαρα̃ Θάλασσα o Προποντίδα), también conocido como mar de Mármora, es un mar interior que separa al mar Negro del mar Egeo (y por lo tanto la parte asiática de Turquía de la parte europea) por el Bósforo y los Dardanelos.

Geografia

Situado entre los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, separa Estambul en su lado asiático y lado europeo. La superficie de este mar es de 11.350 km². El mar de Mármara tiene unas dimensiones de unos 200 km de largo por 75 de ancho. Tiene una media de profundidad de 494 m, alcanzando un máximo de 1.355 m en el centro. No tiene fuertes corrientes. La medida de salinidad es de 22 partes por mil. Se formó hace 2.500.000 años, en el último período del Plioceno. Es una zona de frecuentes seísmos.

Hay dos grupos de islas principales, denominadas Islas Príncipe y de Mármara. El último grupo es rico en mármol, y de ahí deriva el nombre del mar (mármaros significa «mármol», en griego).

Historia

La falla del Norte de Anatolia, que ha provocado varios de los terremotos más devastadores en Turquía, como el terremoto con epicentro en Izmit de 1999, discurre bajo el Mar de Mármara.

La Propóntide (Προποντίς, -ίδος, de pro, «antes/anterior» y Pontos, «mar») era el nombre que los antiguos griegos otorgaron a dicho mar, porque les permitía acceder al Ponto Euxino (Mar Negro).

Las principales ciudades de la Propóntide eran Bizancio y Calcedonia, en el estrecho del Bósforo. Las regiones bañadas por este mar eran, en la costa asiática, Misia al sur y Bitinia al norte, y en la costa europea, Tracia.

Origen mitológico

Según la tradición, el nombre de Bosforo significa “vado de vaca” en honor al mito de Ío. En uno de los conocidos escarceos amorosos de Zeus, el Dios fijó su deseo en Ío, hija del río Ínaco y de la Ninfa Melia. Su belleza era extraordinaria. Zeus, conociendo las represalias de su esposa Hera, convirtió a Ío en vaca para protegerla de sus intrigas.

Pero Hera no era fácil de engañar y envió un tábano para que atormentara a la vaca con sus picaduras. Torturada por las picaduras, ío emprendió un peregrinaje sin tregua que acabó en Egipto donde recuperó su forma humana y dió a luz al hijo de Zeus que fundaría Menfis. Ío pasó de Europa y Asía cruzando las aguas del Bosforo, bautizando el canal.

Existen otras explicaciones del origen del Bosforo que se alejan de la mitología. También se dice que significa vado de Buey porque se podía atravesar en la antigüedad empleando una barrica de cuero de buey. La imaginación se alimenta más fácilmente con el origen mítico.

El mito de Ío no es el único que se escenifica en el Bósforo.

Jasón y los Argonautas también dejaron su huella en el canal turco. Cuenta el mito que en la desembocadura del mar negro se encontraban las Simplégades, dos islotes que se desplazaban caóticamente impidiendo la navegación por aquellas aguas. Jasón y sus argonautas consiguieron vencer a las Simplégades continuando su búsqueda del Vellocino de oro.

Estrecho del Bosforo

El Estrecho del Bosforo junto al de los Dardanelos, son los puntos geoestratégicos más relevantes de Turquía. Paso obligado para todas las rutas marítimas de aquellos países bañados por las aguas del Mar Negro

El Estrecho del Bósforo es el límite natural que tradicionalmente ha dividido Europa y Asia. Un canal de más de 30 kilómetros que atraviesa Estambul y conecta el Mar Negro con el Mar de Marmara. Su anchura oscila entre los 650 metros en su tramo más angosto, en el área que preside la fastuosa Fortaleza de Rumeli, y más de 3500 metros en la franja que conecta con el Mar Negro

En la mitología griega, las Simplégades, también conocidas como Rocas Cianeas o Rocas coincidentes, eran un par de escollos que flotaban y entrechocaban aleatoriamente. Los argonautas fueron los primeros que consiguieron superar con éxito este obstáculo, aunque habrían muerto aplastados por las rocas si no hubiera sido por el consejo de Fineo: Eufemo dejó una paloma volar entre las rocas, que perdió solamente las plumas de su cola. Los argonautas entonces remaron poderosamente para conseguir pasar, perdiendo solamente parte del ornamento del barco. Después de eso, las Simplégades dejaron de moverse y permanecieron inmóviles. A menudo suelen situarse geográficamente estas rocas en el estrecho del Bósforo.

Las rocas vagabundas

Las rocas también aparecen en el viaje de regreso de los argonautas en la versión narrada por Apolonio de Rodas, que también las localiza cerca de Escila y Caribdis.

Los argonautas consiguieron navegar con seguridad a través de las rocas con la ayuda de Tetis y las Nereidas. Las semejanzas y las diferencias entre las rocas que vagaban y las Simplégades han sido discutidas mucho por los eruditos, así como localizaciones potenciales para ellas.

Como Escila y Caribdis han sido situados a menudo en el estrecho de Mesina, algunos autores (como E.V. Rieu) han sugerido que las rocas que vagaban estaban situadas alrededor de Sicilia, con sus llamas y humo viniendo del Etna.

Una teoría alternativa de la geografía de la Odisea localiza los personajes de Circe, las sirenas, Escila y Caribdis y las rocas que vagan, todas mencionadas en las historias de Jasón y de Odiseo, al noroeste de Grecia. Tim Severin observó que la isla de Seolsa, cerca de Leucas, es muy similar a las rocas de la historia del Argo, y también que el área está cerca de una falla geológica. Severin también propone una localización alternativa para Escila y Caribdis, que estarían situados en el otro lado de Leucas, observando que el nombre Cabo Skilla todavía se utiliza para un promontorio próximo en el continente.

Paso de las
Simplégades o Rocas Cianeas, “Azules”. Entrada por el Bósforo, “Paso de la Vaca” (Ío) 

Apolonio Rodio, Las Argonáuticas II, 549 ss.
(trad. M. Valverde Sánchez, Madrid, Gredos, 2000)

Cuando ellos llegaron a la angostura del tortuoso paso, estrechado por ásperos escollos de uno y otro lado, y la voraginosa corriente por debajo batía la nave en su avance, y con gran temor seguían adelante, y ya el fragor de las rocas al chocar violentamente golpeaba sus oídos y resonaban las riberas bañadas por el mar; entonces se levantó Eufemo con la paloma cogida en su mano para subir a la proa, y los otros por orden de Tifis Hagníada hicieron una boga lenta, a fin de encaminarse luego a través de las rocas confiados en su fuerza.

La nave Argo encarrilada dentro de las Simplégades

Apenas doblaron el último recodo, las vieron cuando se abrían; y se les sobresaltó el corazón. Eufemo soltó la paloma para que se lanzara con sus alas, y todos ellos a un tiempo lanzaron sus cabezas mirando. Ésta voló entre ellas. Y ambas a la vez viniendo a juntarse de nuevo la una contra la otra chocaron entre sí con estrépito. Se levantó, como una nube, abundante agua salobre borbotando. Retumbaba el mar terriblemente; y por todas partes en derredor bramaba el espacioso éter. Las cóncavas grutas zumbaban al batir el mar en su interior bajo los ásperos escollos, y a lo alto del acantilado salpicaba la blanca espuma del hirviente oleaje. Después la corriente hizo girar la nave. Las rocas cortaron la punta de las plumas caudales de la paloma, pero ésta salió indemne, y los remeros lanzaron grandes gritos. El propio Tifis les voceó que remaran vigorosamente; pues de nuevo se abrían separándose. Mientras avanzaban los dominaba el estremecimiento, hasta que el mismo flujo de la resaca en su retroceso los arrastró en medio de las rocas…

En medio de las Plégades lo detuvo la voraginosa corriente; éstas de uno y otro lado al estremecerse bramaban, y quedó atrapado el maderamen del navío. Y entonces Atenea se apoyó contra una sólida roca con la izquierda, y con la derecha lo impulsó para que las sobrepasara. Éste, semejante a una flecha alada, se lanzó por el aire. No obstante, segaron el extremo de los adornos del aplustre, al chocar violentamente la una contra la otra. Luego Atenea ascendió al Olimpo, cuando ellos escaparon indemnes. Y las rocas en un mismo lugar, muy cerca la una de la otra, se arraigaron firmemente. Lo cual también estaba decretado por los bienaventurados, en cuanto alguien tras haberlas visto las atravesara con su nave.

Costas del Ponto Euxino. El País de las Amazonas
Apolonio Rodio, Las Argonáuticas II, 962 ss.
(trad. M. Valverde Sánchez, Madrid, Gredos, 2000)

…Llevados por una ligera brisa, dejaban el río Halis, dejaban la cercana corriente del Iris y también el aluvión de la tierra de Asiria. En el mismo día doblaron desde lejos el promontorio de las Amazonas que tiene su puerto, donde una vez el héroe Heracles tendió emboscada a Melanipa, la hija de Ares, que había hecho una incursión; y, como rescate por su hermana, Hipólita le entregó su cinturón policromado, y él la devolvió indemne… Y ciertamente al demorarse habrían trabado combate con las Amazonas y no habrían luchado sin derramar sangre

Tríptico de las Amazonas por A. von Hildebrand (1847-1921)

-pues las Amazonas, que poblaban la llanura del Deante, no eran muy acogedoras ni respetuosas de las leyes, sino que las ocupaba la deplorable violencia y las obras de Ares; pues en efecto eran de la estirpe de Ares y de la ninfa Harmonía, la cual le alumbró a Ares unas hijas belicosas, tras compartir su lecho en los valles del bosque de Acmón-, si por obra de Zeus no hubieran llegado de nuevo los soplos del Argestes y ellos con el viento hubieran dejado atrás el redondeado promontorio, donde las Amazonas de Temiscira se armaban. Pues no habitaban reunidas en una sola ciudad, sino repartidas por su territorio en tres tribus. Por un lado estas mismas a las que entonces acaudillaba Hipólita; por otro lado residían las de Licasto; y por otro las flechadoras de Cadesia.

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