Albherto's Blog
Argonauta, en busca del Vellocino de Oro. Una navegación diaria por la blogosfera… ¡ y hasta aquí puedo escribir !

63.- La venganza de Medea

La venganza de Medea: destrucción del pasado, negación del futuro

Todo se ha perdido, en la amargura del abandono: la familia, los dioses, la patria, los amigos fueron olvidados por el amor de Jasón. Y ahora nada. Ni siquiera el ser amada en la tierra en que se exilió. Los años felices pasaron como una llama que se apaga. Medea quedó con las manos vacías.
En el corazón rebelde, el desengaño le grita las palabras que la llenan de furor. Sus manos que tanto acariciaron, quieren vengarse El amor se trasformo en odio. Medea arde en deseos de desquite. Medea se trasforma en fiera por causa de la infidelidad.
Jasón ha concertado un nuevo matrimonio con Creusa, hija del rey de Corinto, Creón.
Y Corinto, donde se sembró el amor, se convierte así, para ella en tierra estéril. El rey, temeroso de que manos vengativas alcancen a Creusa, ha llegado a conocimiento de sus palabras rebeldes y quiere expulsar a Medea.
Pero fingiéndose arrepentida, la hechicera envía un regalo a su rival: un vestido maravilloso. Creusa está aún más hermosa con la rica vestimenta. Pronto, sin embargo la sonrisa que su espejo refleja se convierte en mueca de dolor. La princesa se siente quemar por el fuego del veneno. Sus gritos resuenan angustiosos por todo el palacio; la ciudad entera oye y nadie osa tocarla. Sólo Creón procura socorrerla. Y muere con ella, padre e hija destruidos por las llamas.
Jasón se desespera. Va en busca de la causante de su desgracia. Se aproxima a la antigua morada y al llegar a ella, se detiene contraído de dolor; si Creusa se quemó en el veneno, sus hijos se ahogaron en su propia sangre. Las manos maternas hirieron los tiernos cuerpos. Jasón siente la agonía del horror, y en el desvarío de Medea no halla la locura, sino el sabor de la venganza total. Ella ha destruido su pasado y ha negado el futuro.
La sangre de sus hijos se mezcla con las lágrimas del padre. Sus manos están manchadas. Intenta tocar una vez más a los niños, queriendo darles de nuevo la vida. Pero es inútil, ya no los alcanza. Medea los hizo nacer, los mató, y ahora lleva consigo sus cuerpos, victimas inocentes del amor frustrado. 
Jasón quedo vació de todo. Destruido, ve entre lágrimas las figuras distorsionadas de Medea y sus hijos, que se alejan. Poco a poco desaparecen en el espacio infinito, llevados por el carro del sol.

December 30, 2009

La leyenda de Jasón podría bien dividirse en dos partes:

  1. la primera trata de cómo en la famosa nave Argo fue a la Cólquide y volvió victorioso con el Vellocino de Oro,
  2. y la segunda de cómo sufrió la venganza de Medea cuando quiso dejarla.

Es un gran héroe aventurero que, como Teseo o Heracles, emprende un largo viaje para luchar contra los monstruos y  obtener un espléndido botín  de su aventura, pero luego las cosas se le complican al héroe que pierde el habitual final feliz de los cuentos. Analicemos el relato.             De muy antiguo viene la saga de los intrépidos héroes que, guiados por Jasón, en la nave Argo salieron de la costa de Yolco en Tesalia, surcaron el peligroso espacio marino  y penetraron en el Mar Negro a través de las Rocas Oscuras, para rescatar del fondo de la Cólquide el Vellocino de Oro. Ya Homero recordaba en la Odisea  ( XII, 69-70) , con una rápida alusión,  a “la nave Argo que cruzó el alta mar, celebrada por todos” . Pero la fabulosa gesta de los Argonautas nos ha llegado contada en extenso en un poema épico del helenístico Apolonio de Rodas (s.III a.C.). Antes cuentan algunos episodios de la historia de Jasón Píndaro en su Pítica IV  y Eurípides en su Medea . Los demás poemas antiguos sobre esta estupenda aventura heroica se nos han perdido. Aunque no dudamos de que era una saga mítica muy antigua,  difundida ya antes de Homero.

La saga de los Argonautas estaba, en efecto, aureolada del prestigio de muchos héroes de noble abolengo y de muchos avatares resonantes en la tradición. El viaje de los Argonautas  de Apolonio quiere recobrar la antigua epopeya con nuevo fervor poético. De nuevo en sus versos encontramos las olas odiseicas chasqueando sobre la nave de los héroes griegos  ante costas lejanas, de nuevo hallamos a los prodigios peligrosos   y  las magas enamoradizas; de nuevo una geografía que invita a los héroes al avance intrépido, y, al fondo, los toros de aliento de fuego, un dragón  enorme que guarda el tesoro, un rey feroz y una bella princesa, y luego el azaroso regreso al hogar.             Probablemente, como ya apuntó Robert Graves, podríamos deslindar en el entramado mítico dos ejes temáticos. De un lado la expedición de un grupo de aventureros heroicos -con algún eco histórico en su trasfondo- a las comarcas nórdicas del oro y del ámbar (el NE. del Mar Negro y el Norte del Adriático). Los expedicionarios  son los llamados Minias Eólidas, héroes en buena parte tesalios y de otras varias regiones, que se lanzan a explorar un lejano confín del mar cruzando el Helesponto. (El famoso estrecho tiene ese nombre desde que  allí  se cayó  a las aguas  Hele del lomo del mágico carnero áureo, cuando cruzaba por el aire, junto con su hermano Frixo. Y él fue quien  luego sacrificó el animal extraordinario y dejó en el bosque su áureo pellejo al cuidado de un dragón). Los héroes griegos son cincuenta y seis en el catalogo de Apolonio, un buen número para el barco de cincuenta remos.

            Por otro lado está la iniciación y la gloria personal del capitán de la empresa que triunfa de una serie de pruebas en las que deja de manifiesto su condición de protagonista de las hazañas, en una aristía singular. Debe Jasón domar unos toros fogosos  y arar con ellos un campo, segar a los guerreros que surgen como espigas de la tierra labrada, reconquistar el vellocino áureo que vigila un insomne dragón, y regresar a la patria en una periplo muy arriesgado. A las pruebas heroicas y atléticas, los aethla típicos, se añade otro botín: la princesa que, enamorada del héroe, colabora con él y se fuga con él.             La estructura del mito parece comportar esa combinación de motivos, los de la expedición colectiva y los de la iniciación heroica. Así vemos que Jasón está prácticamente ausente en los lances de las aventuras marinas (con una excepción muy importante ; la del encuentro con las Lemnias, donde el seductor  Jasón tiene un claro  amorío con la reina Hipsípila ), mientras que los demás héroes no resultan de utilidad ninguna  para obtener el famoso Vellocino, una vez varada su nave  en la Cólquide.

            Entre esos acompañantes de Jasón figuran personajes muy ilustres, como Heracles, y Peleo y Telamón (que fueron  padres respectivamente  de Aquiles y Ayante, los mejores guerreros frente a  Troya), y una serie de especialistas heroicos: dos excelentes adivinos ( Mopso e Idmón)  junto al magnánimo Orfeo, sin rival en el canto con lira; un excelente timonel, Tifis; un corredor tan veloz que puede ir sobre las olas del mar, Eufemo; dos héroes alados, Zetes y Calais, hijos del dios del viento  Bóreas; Polideuces, boxeador invicto, y Castor; Linceo, de vista agudísima; Periclímeno, con sus  mágicos poderes de transformista, etc. No es mucho, sin embargo, el partido que en  la expedición  saca Jasón de tantos  auxiliares prodigiosos. Tan sólo Orfeo (que compite con las Sirenas) y Polideuces (que aporrea en un duro match al brutal Amico)  y los dos hijos voladores de  Bóreas (que persiguen a las Harpías) rinden buen provecho en el  viaje.             Como subrayó un buen comentarista (K. Meuli), tal vez en una versión más amplia y antigua estos héroes con dones extraordinarios tuvieran papeles más destacados. Recuerdan el folktale  arquetípico del  héroe con auxiliares mágicos. Aquí se han quedado un tanto superfluos en su mayoría y  en general. Incluso Heracles, “cuyo peso excesivo hacía peligrar la embarcación” (según un escoliasta antiguo) abandona la expedición a la mitad, en un lance curioso y muy sintomático. (Los demás lo dejan en tierra mientras él anda buscando a su amado Hilas, raptado por una náyade o ninfa acuática encaprichada con el jovencito). Está claro en el poema que Heracles , con su enorme fuerza y arrogancia, podía dejar en sombra a Jasón, que tiene dificultades a veces para mostrar su protagonismo en las aventuras previas.

            En cambio, apenas arriban a la Cólquide, él se las entiende solo con su aventura. Cierto es que ya cuenta con otra colaboración mucho más valiosa: la de Medea. Con ayuda de la princesa maga y enamorada Jasón  vence las pruebas y recobra el toisón de oro, y con ella emprende el viaje de regreso, en una acelerada fuga y perseguido por las naves de los furiosos Colcos. Recorre una largo camino de regreso – ya que sale del Mar Negro, no por el Bósforo, sino  remontando el curso fluvial  del Istro (es decir, el  Danubio) para desembocar en el Adriático por el Po, y luego de darse  la vuelta( para escapar al asedio de la flota de los Colcos),  ascender por el Po hasta el Rhin, y pasando de éste al Ródano bajar de nuevo al Mediterráneo, costear Italia y cruzar por delante de Sicilia y penetrar en los arenales de Libia, en el norte de África, para luego, al fin con buen rumbo, subir hacia su patria pasando  de largo  Creta y las costas griegas.             No es difícil advertir que bajo el esquema del mito podemos rastrear el de un cuento popular, un folktale de episodios muy tópicos. Del tipo del que suelen llamar los folkloristas “de la hija del gigante”. En él el héroe se pone en camino para conquistar en tierras lejanas un botín imposible y cumplir unas pruebas de susto. Es el padre de la princesa, un maligno rey o un temible gigante, quien le impone tan terrible tarea. Pero el protagonista cuenta con la ayuda de auxiliares mágicos, que le facilitan el triunfo. Con ellos logra cumplir el desafío y concluir con éxito sus hazañas y casarse a la postre con la bella deseada. (No es raro encontrar realizaciones literarias de este modelo en varios géneros. Por ejemplo, en la novela galesa del s. XII Culhwuch y Olwen, del siglo XII) .

            En la leyenda en torno a Jasón hallamos un esquema arquetípico de un cuento maravilloso, al que el mito ha aportado  memorables  nombres : El héroe se ha criado lejos de su patria ( con un educador de héroes, el centauro Quirón) regresa convertido en un apuesto guerrero a su país (Yolco) . Su padre (Esón) está exiliado por el usurpador, su despótico tío (Pelias). Ya ha sido prevenido el fiero monarca por el oráculo (“¡Guárdate del hombre de una sola sandalia!”) y no tarda en reconocer al joven forastero como el esperado enemigo. Pero no se atreve a matarlo directamente, por ser su sobrino,  y lo envía a una empresa imposible ( a traerle el Vellocino de Oro). El héroe reúne a sus colaboradores (los Argonautas) y emprende su gran viaje hasta el fin del mundo (la Cólquide o  Ea , al pie del Cáucaso) . Allí se guarda el áureo toisón, vigilado por un dragón y bajo el poder de otro terrible monarca (el rey Eetes, hijo de Helios).             Ahora bien, la hija más joven de Eetes se enamora del extranjero y -ella es perita en artes mágicas- decide ayudarle a superar las pruebas terribles (domar unos toros que vomitan fuego, arar  y sembrar un campo con los dientes de un dragón, y exterminar luego a los guerreros que nacen como espigas de la tierra sembrada, en un solo día) y a recobrar el vellocino en el bosque donde vela el insomne dragón (que Medea logra encantar y adormecer) Toma consigo  Jasón el áureo pellejo mágico y ambos se reúnen con los demás Argonautas y salen rumbo a su hogar común. En la fuga van perseguidos por el enfurecido Eetes con sus barcos de guerra. La fuga es más enrevesada geográficamente de lo esperado, lo que  demora el final. Pero se casan y llegan felices a él.

            A partir de aquí ya no encontramos la secuencia final del cuento maravilloso. Porque no se casaron y reinaron felices, ni comieron perdices como esperábamos el príncipe  y la princesa. Aunque el cruel usurpador Pelias tuvo su merecido castigo, tal vez la forma refinada de su muerte resultó demasiado comprometedora para los nuevos esposos.             Porque a Pelias lo cocieron en un caldero sus propias hijas, convencidas por Medea de que el baño en un caldero mágico era un buen medio para restaurar la vitalidad del anciano. Medea mostró a las Pelíades el ejemplo a seguir, con un carnero descuartizado, que salió resucitado y vigoroso del hirviente caldero mágico. El experimento con Pelias no tuvo el mismo éxito. Y Jasón y Medea acusados del crimen tuvieron que exiliarse de Colco. Pasaron así algunos años errantes y fueron acogidos en Corinto, donde el rey propuso a Jasón una nueva boda con su hija, a condición naturalmente, de que abandonara a la extranjera. Entonces Medea trazó su terrible venganza: mató a los hijos que había tenido con Jasón y también, mediante unos regalos ponzoñosos, al rey y a su hija, la destinada a segunda esposa de su marido. Luego se fugó, con la ayuda del carro de su abuelo Helios, a Atenas, donde fue acogida por el rey Egeo.

            Así acaba el mito, con la feroz venganza de Medea.

Con un desenlace muy diferente al del cuento maravilloso. Podemos advertir aquí el recelo de los griegos hacia esas princesas que por amor traicionan a los suyos y se fugan con el bello extranjero, aunque éste tenga el mérito de ser griego y ella sea de origen bárbaro. Todas esas princesas que traicionan a padres y hermanos por amor al héroe visitante son muy peligrosas. (Otros casos son el de Cometo que por amor a Anfitrión le cortó a su padre Pterelao  su vital cabellera, o Escila que traicionó a Niso por amor a Minos , y, sobe todo, Ariadna , hermana del Minotauro , que salvó a Teseo del laberinto de Cnosos). El caso de Ariadna, prima de Medea, puesto que su madre Pasífae, de amores no menos fogosos, era  hija de Helios y hermana, por tanto de Eetes y de Circe, es el más parecido. (Jasón evoca el  nombre de Ariadna , pero no su final, para seducir a Medea, prometiéndole ilustre fama en Grecia si le ayuda, como aquella ayudó a Teseo) Pero mientras que Teseo, sagaz y oportuno, abandonó a Ariadna por el camino de vuelta, en la isla de Día o de Naxos, Jasón no consigue  librarse a tiempo de su amante. Medea cobra luego aires de “mujer fatal”, en su rencor vengativo.             Jasón  no logró un final feliz. Por dos veces estuvo a punto de ser rey, pero falló en el último momento. Arriesguemos una explicación, un tanto moralista. Tal vez se merecía el infortunio por haber cedido demasiado el papel de protagonista a su ayudante femenino. Siempre tuvo mucho encanto para atraerse los favores de  las mujeres – como los de Hipsípila antes de Medea – y de las diosas (tuvo a Atenea, Hera y Afrodita de su lado), pero a la postre esos hipotecó su papel heroico. En la interpretación psicoanalítica de Paul Diel, un  psicólogo moderno muy habilidoso en su exégesis mítica, Jasón es el prototipo del “héroe banalizado”. Subraya en su comentario que los triunfos de Jasón deben demasiado a las artes mágicas de Medea y que sus hazañas quedan inconclusas (no durmió al dragón, sino que lo dejó  dormido por el filtro hipnótico). Esa falta de remate para sus acciones es muy expresiva del valor renqueante del héroe, según esta interpretación suspicaz.

            Cuenta una versión tardía sobre  su muerte, que Jasón se había sentado a la sombra de la nave Argo, varada como monumento de gloria en una colina, cuando el mástil de la nave ya muy envejecido se desprendió y le cayó encima, aplastándolo. Y el psicólogo aficionado a la hermenéutica mítica le saca mucha punta a este mazazo. “La Argo – comenta Diel – es el símbolo de las promesas juveniles de su vida, de las hazañas de apariencia heroica que le han valido la gloria. Ha querido descansar a la sombra de su gloria, creyendo que  bastaba para justificar su vida entera. Al caer en ruinas la Argo, símbolo de su juventud, se convierte en el símbolo de la ruina final de su vida. El madero es una transformación de la maza. Es el aplastamiento bajo el peso muerto, el castigo de la banalización”.             De todos modos, conviene desconfiar de las interpretaciones psicoanalíticas. El poeta Apolonio de Rodas no nos cuenta el final de la vida de Jasón, sino que lo deja en el momento de máxima gloria, cuando entra con su barco alegre, al ritmo de los ágiles remos de sus esforzados y fuertes camaradas, en el puerto de Págasas, en Yolco. En el momento final del espléndido y memorable viaje  de la Argo, auténtico prodigio de los mares, pionera en la singladura del mar Negro, fabulosa surcadora de los grandes ríos de Europa, nave diseñada bajo los cuidados de Atenea,  y protegida  por las diosa

En Iolco reinaba en el siglo XIII a.C. Pelias, tío de Jasón, a cuyo padre había arrebatado el trono. Para s.librarle de la persecución de su tío, la madre de Jasón llevó a su hijo a Quirón, maestro de la mayoría de los héroes, con quien permaneció hasta que hubo cumplido los veinte años de edad, momento en el que decidió recuperar el reino de su padre. Emprendió, pues, Jasón el viaje de regreso y se presentó ante su tío para reclamar lo que le pertenecía, pero Pelias le impuso como condición que conquistase y trajese el vellocino de oro, símbolo sagrado de la realeza.perfidia de Eetes, miembro de una familia relacionada con la magia y los poderes ocultos. Accedió éste, sin embargo, a la solicitud de Jasón a condición de que antes unciese dos enormes toros salvajes de pezuñas de bronce y respiración de fuego, arase con ellos un extenso campo y sembrase los dientes de un dragón. Ante las dudas del héroe, Afrodita infundió en la hechicera Medea -hija de Eetes y sacerdotisa de la tenebrosa Hécate, la gran diosa de la magia- una profunda pasión por Jasón, a quien prometió ayuda a cambio de que él jurase casarse con ella. Realizado el pacto, le proporcionó un ungüento que, aplicado a su cuerpo, a su lanza y a su escudo, lo haría invulnerable a las llamas de los toros; asimismo le advirtió que de los dientes sembrados nacerían unos hombres armados, entre los que debería arrojar una piedra para que se atacasen entre sí, pues de ese modo, aprovechando la confusión, le sería fácil aniquilarlos. Pasó Jasón la prueba y, con la ayuda de Medea, pese a la negativa de Eetes, obtuvo el vellocino de oro, tras matar al dragón que lo guardaba.s.

El codiciado vellocino de oro no era otra cosa que la piel del carnero que fue sacrificado al dios Ares y, una vez degollado, se elevó hasta los cielos donde se convirtió en constelación. Su piel de oro, entregada al rey Eetes, fue colgada de un árbol en el bosque sagrado de los dioses, custodiado por un dragón en permanente vigilia.

Para poder cumplir la condición impuesta por su tío, Jasón convocó a los héroes más famosos de Grecia. El primero de los convocados fue Argos, que bajo la dirección de Atenea construyó una nave que recibió el nombre de su constructor, así como los expedicionarios fueron llamados Argonautas. Construido el navío, zarparon a las órdenes de Jasón con destino al Cáucaso. Durante la travesía sucedieron múltiples aventuras y desventuras, y, una vez llegados a la costa, Jasón se presentó ante el rey Eetes y le pidió el vellocino de oro.

La ingenuidad del héroe contrasta con la

Conseguido el objetivo de su viaje, los expedicionarios huyeron en la Argo acompañados por Medea, la cual descuartizó a su hermano y arrojó sus restos al mar, para que Eetes, entretenido en recoger los restos de su hijo dispersados por las olas, se viera obligado a detener la persecución de los fugitivos.

Tras un largo viaje de regreso en el que recorrieron por mar, ríos y tierra las zonas de Europa y África conocidas en su tiempo, y durante el cual se celebró el matrimonio de Jasón y Medea, llegaron los Argonautas a la corte de Pelias, al que el héroe hizo entrega del vellocino de oro. Con él en su poder, Pelias -que en ausencia de Jasón había ocasionado la muerte de los padres y el hermano del héroe- se negó a devolverle el trono. Ante ello, los Argonautas consagraron la nave Argo a Posidón y se despidieron.

Jasón se quedó preparando la venganza, que consiguió gracias a la magia de Medea. La hechicera dijo a las hijas de Pelias que poseía un ingrediente mágico capaz de rejuvenecer a su anciano padre, pero que antes era necesario descuartizarlo y cocer los trozos en una caldera. Así lo hicieron las hijas, pero entonces Medea se negó a intervenir.

A consecuencia de este hecho, Jasón y Medea huyeron a Corinto, donde vivieron felices durante diez años, hasta que el héroe, enamorado de una princesa, se divorció de su esposa. Medea se vengó matando a su rival y a sus propios hijos. Murió el héroe, y Medea huyó a Atenas de donde fue expulsada por el padre de Teseo. La nave Argo, mientras tanto, se convirtió en constelación.

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