Albherto's Blog
Argonauta, en busca del Vellocino de Oro. Una navegación diaria por la blogosfera… ¡ y hasta aquí puedo escribir !

14.- Argonautas

La llegada de los héroes

Pronto llegaron los tres hijos del Crónida Zeus, incansables en la lucha: el de Alcmena, la de ojos vivaces, y los de Leda, y los dos héroes de elevada cabellera, raza del Agitador de la Tierra, haciendo honor a su valentía, procedentes de Pilo y del cabo Ténaro. Su gloria insigne llegó así a la culminación, y la de Eufemo y la tuya, Periclímeno, el de ancha fuerza. Por la descendencia de Apolo acudió el padre de los cantos, tañedor de forminge, el loado Orfeo. Envió además Hermes, el de áureo caduceo, a sus dos hijos a la ingente empresa, rebosantes de juventud, Equión el uno y el otro Érito. Raudos, acudieron, a pesar de habitar a los pies del Pangeo, Zetes y Calais, pues de buen grado, con ánimo risueño, apresuraba el rey de los vientos, su padre Bóreas, la marcha de estos dos héroes, ambos con el dorso erizado de purpúreas alas. Tal era el dulce anhelo persuasivo que Hera repartía entre aquellos semidioses por la nave Argo: que ninguno quedara atrás, consumiendo junto a su madre la vida sin riesgo, sino que, incluso a costa de ésta, conquistara cada uno, junto con otros de su edad, el más hermoso elixir de su valentía.

 

Reconstrucción de una metopa del Tesoro de Sición en Delfos

Cuando la flor de la marinería hubo bajado hasta Yolco, los revistó Jasón con elogios para cada uno. Y entonces el adivino que le comunicaba los vaticinios obtenidos con augurios y suertes sagradas, Mopso, hizo embarcar a la tripulación animoso. Una vez que hubieron colgado las anclas sobre el espolón, el capitán, tras tomar en sus manos una copa, invocaba, subido en la popa, al padre de los Uránidas, Zeus, el del rayo por lanza, y a los raudos embates de las olas y a los vientos, a las noches y a los caminos de la mar, a los días bonancibles y a la suerte propicia del retorno. Desde las nubes le respondió la voz favorable de un trueno y luminosos irrumpieron los rayos del relámpago. Cobraron aliento entonces los héroes, confiados en los signos divinos.

El arúspice les dio la voz de empuñar los remos, mientras formulaba gratas promesas. La boga se sucedió incansable gracias a sus ágiles manos. Llevados por las brisas del Noto, llegaron a la boca del Mar Inhóspito.

……….oOo……….

Con el nombre de Argonautas se conoce a los héroes que acompañaron a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro. Sus avatares fueron contados en el poema épico Argonáuticas, del autor griego Apolonio de Rodas.

El nombre de Argonautas procede del nombre de la nave, Argo y este a su vez del nombre del constructor de la nave, llamado Argos. Para una descripción más detallada de la leyenda de Jasón y los Argonautas véase: Jasón.

La historia de los argonautas es una de las leyendas griegas más antiguas incorporando numerosos elementos comunes en las historias populares, el viaje peligroso de un héroe al que se le envía para desembarazarse de él imponiéndole una tarea imposible de llevar a cabo pero de la que sale victorioso gracias a la ayuda de aliados inesperados.

Para el viaje, Jasón ordenó que se construyera un barco, el Argo, que, según ciertas versiones, fue el primer barco jamás construido. Se encargó de la fabricación el carpintero Argo, que contó con la ayuda de Atenea o de Hera, y le puso una rama del roble profético de Zeus en Dodoma. Dotaron al navío de cincuenta remos, uno para cada miembro de la tripulación, los Argonautas, entre los que se encontraban muchos de los héroes más célebres de la mitología griega, como Heracles. Una vez acabados los preparativos, Jasón y sus compañeros levaron anclas rumbo a la tierra del Vellocino de Oro.

No existe una lista definitiva de los miembros de la tripulación. Sin embargo apenas cabe duda sobre su número, cincuenta, o sobre las figuras más famosas, entre las que se cuentan las siguientes:
Argo, carpintero, constructor del Argo.
Atalanta, cazadora, la única argonauta.
Cástor y Polideuces, los Dioscuros.
Heracles, que se quedó en tierra buscando a su amante Hilas.
Idmon y Mopso, legendarios videntes.
Linceo, de vista tan aguda que veía debajo de la tierra.
Meleagro, hermano de Deyanira, esposa de Heracles.
Nauplio, padre de Palamedes, destacado embustero que aparece en La Ilíada.
Oileo, padre de Ayax, héroe de La Ilíada.
Orfeo, gran músico, que tocaba la lira para los argonautas.
Peleo, padre de Aquiles, héroe protagonista de La Ilíada y esposo de Tetis, ninfa marina.
Periclímeno, hijo de Posidón. Poseía el don, otorgado por su padre, de adoptar cualquier forma en la batalla.
Telamón, padre del otro Ayax, “el Grande”, uno de los héroes más famosos de La Ilíada.
Tifis, timonel del Argo.
Zetes y Calais, hijos alados de Bóreas, viento del norte. Lucharon contra las Harpías que atormentaban a Fineo.

Argonautas

Con el nombre de Argonautas se conoce a los héroes que acompañaron a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro. Sus avatares fueron contados en el poema épico Argonáuticas, del autor griego Apolonio de Rodas.

El nombre de Argonautas procede del latín argonauta y ésta del griego αργοναύτης, de αργος / argos (nombre de la nave) y ναύτης / nauta (marinero). Argo era el nombre del constructor de la nave, llamado Argos. Para una descripción más detallada de la leyenda de Jasón y los Argonautas véase el artículo: Jasón.

La historia de los argonautas es una de las leyendas griegas más antiguas incorporando numerosos elementos comunes en las historias populares, el viaje peligroso de un héroe al que se le envía para desembarazarse de él imponiéndole una tarea imposible de llevar a cabo pero de la que sale victorioso gracias a la ayuda de aliados inesperados.

Con el nombre de Argonautas se hace referencia a cualquiera de los acompañantes de Jasón en su larga expedición en busca del vellocino de oro, en la Cólquide.

Los Argonautas deben su nombre a la nave en la que viajaban, llamada Argos, en honor a su constructor: Argo.

Existen diversas listas en las que se cita a los Argonautas, unas más fidedignas que otras.

En Tesalia.com citaremos la extensa lista a la que hace referencia Constantino Falcón en su libro.

El catálogo más completo de miembros de la expedición incluye a:

 Acasto, hijo de Pelias, Áctor, hijo de Hípaso, Admeto, hijo de Feres, Anceo, hijo de Licurgo, Anceo, hijo de Poseidón, Anfiarao, hijo de Oícles, Anfidamante, hijo de Áleo, Anfión, hijo de Hiperasio, Areo, hijo de Biante, Argo, hijo de Arestor, Ascálafo, hijo de Ares, Asclepio, hijo de Apolo, Asterio, hijo de Hiperasio, Asterión, hijo de Cometes, Atalanta, hija de Esqueneo, Augías, hijo de Helios, Autólico, hijo de Deímaco, Butes, hijo de Teleonte, Calais, hijo de Bóreas, Canto, hijo de Caneto, Cástor, hijo de Zeus, Cefeo, hijo de Áleo, Ceneo, hijo de Élato, Clitio, hijo de Eúrito, Corono, hijo de Céneo, Dáscilo, hijo de Lico, Deileonte, hijo de Deímaco, Deucalión, hijo de Minos, Equión, hijo de Hermes, Ergino, hijo de Poseidón, Eribotes o Euribates, hijo de Teleonte, Estáfilo, hijo de Dionisio, Etálides, hijo de Hermes, Eufemo, hijo de Poseidón, Eumedonte, hijo de Dionisio, Euríalo, hijo de Mecisteo, Euridamante, hijo de Ctímeno, Euritión, hijo de Iro, Éurito o Érito, hijo de Hermes, Falero, hijo de Alcón, Fano, hijo de Dionisio, Filamón, hijo de Apolo, Filoctetes, hijo de Peante, Fliante, hijo de Dionisio, Flogio, hijo de Deímaco, Foco, hijo de Ceneo, Glauco, Heracles, Hilas, hijo de Tiodamante, Hipalcimo, hijo de Pélope, Idas, hijo de Afareo, Idmón, hijo de Abante, Ificlo, hijo de Fílaco, Ificlo, hijo de Testio, Ifis, Ífito, hijo de Naubolo, Jasón, Laertes, hijo de Arcisio, Laoconte, hijo de Partaón o Portaón, Leito, hijo de Alector, Laódoco, hijo de Biante, Linceo, hijo de Afareo, Meleagro, hijo de Eneo, Menecio, hijo de Áctor, Mopso, Nauplio, hijo de Clitoneo, Neleo, Néstor, hijo de Neleo, Oileo, Orfeo, Palemonio, hijo de Lerno, Peante, hijo de Taúmaco, Peleo, hijo de Éaco, Peneleo, hijo de Hipálcimo, Periclímeno, hijo de Neleo, Pirítoo, hijo de Ixión, Polideuces, hijo de Zeus, Polifemo, hijo de Élato, Príaso, hijo de Ceneo, Tálao, hijo de Biante, Telamón, hijo de Éaco, Teseo, Tideo, hijo de Eneo, Tifis, hijo de Hagnias, Yálmeno, hijo de Ares, Yolao, hijo de Ificlo y Zetes, hijo de Bóreas.

Jasón, acompañado de un grupo de unos cincuenta héroes griegos (Orfeo, Cástor, Pólux, Peleo, Hércules, Teseo, Laertes, Atalanta —única mujer de la expedición, famosa corredora y arquera—, Meleagro…) organizó la expedición. Le encargó a Argos, la construcción del navío que recibió el nombre de Argo en homenaje a su constructor. Y del nombre de la nave tomaron a su vez el de Argonautas (marineros de Argo) los héroes que en ella embarcaron. Reunidos pues los Argonautas, se hicieron a la mar en dirección a la Cólquida.

No mucho después llegaron a la isla de Lemnos, donde sólo habitaban mujeres. La reina, Hipsípila, que se enamoró de Jasón, le contó que las mujeres de la isla habían sido castigadas por la diosa Afrodita, al no rendirle culto, impregnándolas de un olor tan desagradable que los hombres las habían rechazado, uniéndose con mujeres de las islas vecinas. En venganza, las lemnias mataron a los hombres de la isla. Los Argonautas permanecieron con ellas un tiempo y luego se marcharon.

Después de pasar por algunos países, llegaron a Salmideso donde encontraron a Fineo, ciego y adivino, al que los Argonautas ayudaron a deshacerse de las Harpías, monstruos voladores con rostro de mujer, garras y alas, que, cumpliendo un castigo impuesto por los dioses, impedían que Fineo pudiera alimentarse.

Fineo, en agradecimiento, informó a los Argonautas sobre el camino a seguir hasta la Cólquida y además les dijo cómo podían superar el peligro que les esperaba al llegar a las Rocas Azules, dos enormes peñascos flotantes en continuo movimiento que chocaban entre sí aplastando a todos los que pretendían pasar entre ellas.

Superado este obstáculo, llegaron a la Cólquida. Jasón anunció a su rey, Eetes, su propósito. Éste le dijo que le dejaría llevarse el vellocino de oro si antes conseguía uncir a los dos toros que lo custodiaban, arar un campo con ellos, arrojar sobre los surcos unos dientes que había entregado Atenea al rey y luego vencer a una serpiente que nunca dormía y que permanecía al pie del árbol donde se hallaba el vellocino. Medea, la hija del rey Eetes, que era hechicera, se enamoró apasionadamente de Jasón y ayudó a éste a llevar a buen término su hazaña (previo compromiso de Jasón de llevarla consigo a Yolcos), poniendo en práctica su brujería.

Dio a Jasón una pócima mágica para que no le hicieran daño los toros monstruosos. Habiendo conseguido uncir a los toros, lanzó los dientes sobre los surcos hechos en la tierra. De ellos brotaron cientos de hombres armados que se lanzaron contra el héroe, pero éste, siguiendo las instrucciones de Medea, arrojó una piedra entre ellos y los ejércitos se enfrentaron entre sí. Luego, Medea provocó un terrible sueño a la serpiente, Jasón se apoderó de la preciada piel y huyó con sus hombres, con Medea y con el hermano de ésta, Apsirto, en su embarcación. Los hombres de Eetes persiguieron a la nave y Medea mató a su hermano, lo despedazó y lo arrojó al mar. El rey Eetes recogió los restos de su hijo y perdió de vista a los Argonautas.

Después de esto, los Argonautas emprendieron el regreso sorteando diversos peligros: tempestades, el asedio de las Sirenas, el ataque de los monstruos Escila y Caribdis. Finalmente llegaron a Yolcos. Allí Pelias recibió de Jasón el vellocino y luego murió, a manos de sus propias hijas, debido a una artimaña de Medea. Entonces Jasón y Medea huyeron a Corinto. Tuvieron dos hijos. Pero más tarde Jasón repudió a su mujer para casarse con Glauca, hija del rey de Corinto. Medea, para vengarse, acabó con la vida de Glauca y con la de los hijos que había tenido con Jasón.

[La tripulación del Argo:]
Jasón no podía negarle a Pelias ese servicio, así que envió heraldos a todas las cortes de Grecia pidiendo voluntarios dispuestos a embarcarse con él. También consiguió que el tespio Argo le construyera un navío de cincuenta remos, que hizo en Págasas, con madera curada del monte Pelión. Después, Atenea misma puso un mástil oracular en la proa del Argo, cortado del roble de su padre Zeus en Dódona. De los Argonautas -como se llama a los compañeros de Jasón- se han recopilado muchas listas diferentes en diversas épocas, pero los autores más fiables dan los siguientes nombres:

Robert Graves Acasto, hijo del rey Pelias
Actor, hijo del focio Deyón
Admeto, príncipe de Feras
Anfiarao, el adivino argivo
Anceo el Grande de Tegea, hijo de Posidón
Anceo el Pequeño, lélege de Samos
Argo el tespio, constructor del Argo
Ascálafo de Orcómeno, hijo de Ares
Asterio, hijo de Cometes, pelopio
Atalanta de Calidón, la virgen cazadora
Augías, hijo del rey Forbante de Elide
Butes de Atenas, el apicultor
Ceneo el lapita, quien en otro tiempo había sido mujer
Calais, el hijo alado de Bóreas
Canto, el eubeo
Cástor, el luchador espartano, uno de los Dioscuros
Cefeo, hijo del arcadio Aleo
Corono el lapita, de Girtón, en Tesalia
Equión, hijo de Hermes, el heraldo
Ergino de Mileto
Estáfilo, hermano de Fano
Eufemo de Ténaro, el nadador
Euríalo, hijo de Mecisteo, uno de los Epígonos
Euridamente el dólope, del lago Xynias
Falero, el arquero ateniense
Fano, el hijo cretense de Dioniso
Heracles de Tirinto, el hombre más fuerte que existió, ahora dios
Hilas el dríope, escudero de Heracles
Idas, hijo de Afareo de Mesene
Idmón el argivo, hijo de Apolo
Ificlo, hijo del etolio Testio
Ífito, hermano del rey Euristeo de Micenas
Jasón, el capitán de la expedición
Laertes, hijo de Acrisio el argivo
Linceo, el vigía, hermano de Idas
Melampo de Pilos, hijo de Posidón
Meleagro de Calidón
Mopso el lapita
Nauplio el argivo, hijo de Posidón, célebre navegante
Oileo de Lócride, padre de Áyax
Orfeo, el poeta tracio
Palemón, hijo de Hefesto, etolio
Peante, hijo de Táumaco el magnesio
Peleo el mirmidón
Peneleo, hijo de Hipálcimo, el beocio
Periclímeno de Pilos, el hijo de Posidón que cambiaba de forma
Polifemo, hijo de Élato el arcadio
Pólux, el pugilista espartano, uno de los Dioscuros
Tifis, el piloto beocio de Sifas
Zetes, hermano de Calais.
Nunca, ni antes ni después, se ha reunido una tripulación tan valiente.
(Robert Graves)

Catálogo de los Argonautas
 
 
 
 
 
 

 

Apolodoro, Biblioteca I, 9, 16
(trad. M. Rodríguez de Sepúlveda, Madrid, Gredos, 1985)

Jasón requirió la ayuda de Argos, hijo de Frixo, quien, adiestrado por Atenea, construyó una nave de cincuenta remos llamada Argo como él. Atenea puso en la proa un madero dotado de voz, procedente de la encina de Dodona. Cuando estuvo construida la nave, Jasón consultó el oráculo y el dios le permitió convocar a los nobles de la Hélade y hacerse a la mar. Los reunidos fueron los siguientes: Tifis, hijo de Hagnias, que era el piloto de la nave; Orfeo, hijo de Eagro; Zetes y Calais, hijos de Bóreas; Cástor y Póluz, hijos de Zeus; Telamón y Peleo, hijo de Éaco; Heracles, hijo de Zeus; Teseo, hijo de Egeo; Idas y Linceo, hijos de Afareo; Anfiarao, hijo de Oícles; Ceneo, hijo de Áleo; Laertes, hijo de Arcisio; Autólico, hijo de Hermes; Atalanta, hija de Esqueneo; Menecio, hijo de Áctor; Áctor, hijo de Hípaso; Admeto, hijo de Feres; Acasto, hijo de Pelias; Éurito, hijo de Hermes; Meleagro, hijo de Enero; Anceo, hijo de Licurgo; Eufemo, hijo de Posidón; Peante, hijo de Taúmaco; Butes, hijo de teleonte; Fano y Estáfilo, hijos de Dioniso; Ergino, hijo de Posidón; Periclímeno, hijo de Neleo; Augías, hijo de Helios; Ifiglo, hijo de Testio; Argos, hijo de Frixo; Euríalo, hijo de Mecisteo; Penéleo, hijo de Hipalmo; Leito, hijo de Aléctor; Ífito, hijo de Náubolo; Ascálafo y Yálmeno, hijos de Ares; Asterio, hijo de Cometes; Polifemo, hijo de Élato.

Atenea y los Argonautas por el Pintor Nióbides

Apolonio Rodio, Las Argonáuticas I, 23 ss.
(trad. M. Valverde Sánchez, Madrid, Gredos, 2000)

Primero mencionaremos a Orfeo… De él cuentan que las duras peñas de los montes hechizaba y el curso de los ríos con la armonía de sus cantos… Tifis… era hábil en prever la ola que se encrespa del ancho mar, hábil ante las tempestades del viento y en guiar la navegación por medio del sol y de una estrella. La propia Atenea Tritónide lo empujó a la tropa de los héroes, y él se presentó ante ellos como deseaban. Pues ella misma también construyó la rápida nave y con ella colaboró Argos Arestórida bajo sus instrucciones. Por eso fue la mejor de todas las nave cuantas a fuerza de remos se han aventurado a la mar…. Cuando [Heracles] oyó la noticia de que los héroes se reunían, apenas hubo recorrido el camino de Arcadia a Argos Lircea, por donde traía vivo el jabalí… del Erimanto, de sus anchas espaldas lo descargó, envuelto en ataduras, a la entrada de la plaza de Micenas, y él por voluntad propia contra los planes de Euristeo partió. Con él iba también Hilas, su noble compañero, muy joven, portador de sus flechas y guardián de su arco…. Y también la etolia Leda hizo venir desde Esparta al robusto Polideuces y a Cástor, experto en corceles de veloces patas. En la casa de Tindáreo ella los había alumbrado en un solo parto, a sus hijos muy amados; y no desatendió sus ruegos, pues imaginaba honores dignos del lecho de Zeus… Linceo destacaba también por su agudísima vista, si es cierta la fama de que aquél héroe fácilmente podía divisar incluso hasta debajo de la tierra… A su vez llegaron Zetes y Calais, hijos de Bóreas, a los que antaño Oritía Erecteide había alumbrado para Bóreas en el extremo de Tracia de crudos inviernos. Allí se la había llevado el tracio Bóreas desde Cecropia mientras danzaba en un coro delante del Iliso…

Apolonio Rodio, Las Argonáuticas I, 356 ss.
(trad. M. Valverde Sánchez, Madrid, Gredos, 2000)

[Habla Jasón]:

“…Amigos, puesto que común será en el futuro el regreso a la Hélade y comunes son para nosotros los caminos hacia la tierra de Eetes, por ello elegid ahora sin recelo al mejor de entre vosotros como jefe, que vele por cada cosa, por decidir las disputas y los pactos con los extranjeros.”

Así habló. Los jóvenes dirigieron su mirada al valeroso Heracles, sentado en medio, y todos a una sola voz le pidieron que tomara el mando. Mas él, desde el mismo lugar donde estaba sentado, alzó su mano derecha y dijo: “Que nadie me confíe este honor. Pues yo no le obedeceré y asimismo impediré que otro se levante. Que mande el grupo el mismo que nos ha reunido.”

Habló de modo altanero; y ellos lo aprobaron, como exigía Heracles. Se levantó el marcial Jasón en persona, gozoso, y se dirigió así a ellos que lo deseaban: “Si en verdad me encomendáis ocuparme de tal honor, entonces que no se detenga ya nuestra marcha como antes…”

Quirón y Aquiles. Figuras rojas, ca. 480 a.C.

Apolonio Rodio, Las Argonáuticas I, 547 ss.
(trad. M. Valverde Sánchez, Madrid, Gredos, 2000)

Los dioses todos desde el cielo contemplaban aquel día la nave y la estirpe de héroes semidivinos, que entonces, los más valerosos, navegaban por el mar. Sobre las más altas cumbres las ninfas del Pelión se pasmaban admirando la obra de Atenea Itónide y a los propios héroes que con sus manos agitaban los remos. Y desde lo alto del monte llegó junto al mar Quirón, hijo de Fílira; mojó sus pies en la blanca rompiente del oleaje, y animándolos muchas veces con su robusta mano deseó un regreso indemne a los que partían. Junto a él su esposa tenía en brazos al Pelida Aquiles y lo mostraba a su padre querido.

L. Costa, “La expedición de los argonautas”, 1484-1490. Padua, Museo Cívico

Valerio Flaco, Las Argonáuticas I, 532 ss. (Trad. S. López Moreda)

El Padre Supremo le replicó entonces: “Todas las cosas creadas por mí desde antiguo transcurren según un orden y por voluntad del creador permanecen inalterables en su propio curo; además, en aquel momento no había en la tierra descendencia alguna mía cuando fijé las leyes del destino; por eso pude actuar justamente al disponer en orden varios reyes a lo largo de los tiempos. Y ya desde el primer momento la región que desciende desde el inmenso Oriente hasta las aguas de la virginal Heles y el Tanais abunda en caballos y es afamada por sus hombres, y ningún pueblo ha osado retarle ni tratar de adquirir renombre mediante la guerra. Así lo decidieron los hados y así también yo he favorecido esta región. Pero se aproxima ya el último día y nosotros debemos dejar Asia abocada a su fin; pues, además, ya los griegos me reclaman su tiempo. Por eso mi encina, el trípode y el espíritu de sus antepasados han enviado esta expedición al mar. En tu honor, Belona, se ha abierto un camino a través de las aguas tempestuosas. Y no sólo es el vellocino el causante de tanto resentimiento, ni el dolor más lógico por el rapto de una doncella, sino que (ninguna decisión está más arraigada en mi mente) ha de venir un pastor desde el frigio Ida que reportará a los griegos llanto y odio a la par que recompensas. ¡Cuántas guerras al salir la expedición de pretendientes! ¡Cuántos inviernos llorando los soldados de Micenas junto a Troya! ¡A cuántos príncipes e hijos de dioses, a cuántos valientes verás morir y a Asia ceder al destino supremo! Desde este momento permanece inmutable la resolución sobre el fin de los dánaos y después haré a otro pueblo objeto de mis favores. Que abran paso los montes, los bosques, los lagos y todas las barreras del océano; el temor y la esperanza serán el árbitro para todos. Yo, cambiando las situaciones humanas, trataré de saber qué reinos quiero que sean los más largos para todos los pueblos y en qué manos puedo dejar las riendas del poder una vez dadas”.

ARGONAUTAS, héroes griegos (mitología griega)(Del gr. άργοναύτης; de Άργώ, nombre de un buque, y ναυτης, marinero): m. Mitología. Cada uno de los héroes griegos que fueron a Colcos en la nave Argos a la conquista del vellocino de oro. El mito primitivo de la tradición heroica de la expedición de los argonautas fue desfigurado con detalles e incidentes extraños.

Pelias hizo llamar por medio de heraldos a todos los guerreros de la Grecia para que participaran de los peligros y la gloria de la empresa. Según la tradición primitiva, Jasón sólo tuvo por compañeros a los minianos; pero con el transcurso del tiempo aumentó el número de los argonautas, porque las ciudades griegas, según se expresa M. Saglio, por satisfacer su orgullo, pretendían que sus héroes favoritos no permanecieran extraños a tan extraordinaria expedición. Entre los expedicionarios se contaron tres hijos de Júpiter: Hércules, Cástor y Pólux; dos hijos y nietos de Neptuno: Eufemo y Periclimenos; un hijo de Apolo, Orfeo; dos de Mercurio, Equión y Euritos, y los de Boreo, Zetes y Calais; Argos, hijo de Frisos, construyó el navío Argos, auxiliado por Minerva, quien había sujetado a la proa un pedazo de la encina profética de Dodona.

 

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