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Vómito de cachalote


CRÓNICA.- Vende el kilo a 35.000 euros para perfumes

El pescador que se hace millonario con el vómito de un cachalote

  • Cómo Salman halló el vómito pestilente de una ballena, lo recogió del mar y se lo llevó a casa para secar
  • Los 75 kilos que logró salvar le han hecho millonario porque es una sustancia muy preciada para perfumes

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El pescador secando en su propia casa los 75 kilos de vómito de ballena que logró rescatar del mar. Podría embolsarse más de 2,6 millones de euros CRÓNICA

FRANCISCO CARRIÓN… EL CAIRO… 18/11/2016 03:05

Al cumplir los 18 años, Jalid al Sinani se hizo cargo del modesto barco que durante décadas había servido a su padre para alimentar a su prole. Heredó entonces un solitario oficio que durante 20 años ejerció sin sobresaltos faenando en las aguas cercanas a Qurayat, una pequeña aldea de pescadores a 83 kilómetros al sureste de Mascate, la capital del sultanato de Omán. Una vida de sacrificios y estrecheces que hace una semanas sufrió un giro inesperado.

“Estaba terminando de pescar cuando percibí un olor muy desagradable a lo lejos. Me acerqué y ahí estaba, desparramado en el agua”, nos relata Jalid, eufórico aún por su afortunado y fortuito descubrimiento.

El tesoro que halló flotando en el mar es tan cotizado como infrecuente: un generoso ejemplar de ámbar gris, el vómito que raramente expulsan los intestinos de los cachalotes. El marinero omaní, de 38 años, encontró la secreción biliar aún fresca, cuando resulta una sustancia de color blanco y textura pringosa que desprende un intenso hedor fecal. “Al verlo y percatarme de lo que era, busqué unas cuerdas y lo recogí. Lo cierto es que no me costó demasiado trabajo. Era bastante sólido y pesaba cerca de 75 kilos. Una vez en el barco, emprendí el regreso a casa”, detalla Jalid, dueño de una embarcación que apenas supera los seis metros de longitud.

El padre de cuatro retoños llegó a puerto exultante, con el vómito confinado en una caja de plástico. Tras acudir a varios vecinos y confirmar la mercancía, la arrastró hasta su hogar, donde la masa blanduzca comenzó a transformarse. “Con el paso de los días el ámbar cambió de olor y se volvió agradable”, comenta Jalid, que acepta retratarse junto a su género enfundado en una impoluta dishdasha (la tradicional túnica blanca omaní).

En la instantánea, las raciones de la secreción aparecen esparcidas por el suelo de una diminuta estancia con las aspas de un ventilador en primer plano. “Los estoy dejando secar. Los he cortado en pequeñas piezas. Hay algunos fragmentos que ya están secos pero la mayoría necesita todavía tiempo”, admite el marinero. “Realmente no sé para qué se utiliza. Dicen que se usa para elaborar perfumes e instrumental de las operaciones médicas. Mi objetivo es venderlo al mejor precio posible“, avanza el pescador, dedicado a cuidar su nueva alhaja.

En los últimos días el hallazgo ha mudado de piel: se ha vuelto más grisáceo y ceroso y despide una fragancia dulce, terrosa y marina. Hay quien la compara con el olor intenso del isopropanol. La mudanza también ha disparado su precio. “Si es de buena calidad, el kilo se compra a 15.000 riales omaníes (unos 35.800 euros)”, confiesa el agraciado. Si lograra cerrar una transacción tan ventajosa, Jalid podría embolsarse más de 2,6 millones de euros. “De momento, he recibido una oferta pero me han pedido primero una pequeña muestra para examinar su calidad“, replica con cautela. “Para mí todo esto sigue resultando muy extraño. Es la primera vez, además, que se encuentra en esta zona un ámbar gris de estas características y dimensiones”, esboza. Y es que lo corriente es cazar un espécimen que ni siquiera alcance el kilo.

Hasta la fecha, la mayor pieza localizada pesó 454 kilos y data de 1912. Según el biólogo estadounidense Christopher Kemp, autor de Oro flotante, una historia natural (y antinatural) del ámbar gris, la posibilidad de hallar esta sustancia es remota: su formación requiere años y sólo el 1% de los cachalotes la producen como reacción a la irritación que causa en el estómago la ingesta de los negros picos del calamar, el principal ingrediente de su dieta, y de otros objetos duros y afilados. Tras ser expulsada, la bilis puede tardar otros tantos años en tocar tierra. Los principales hallazgos se han registrado en el océano Atlántico, en las Bahamas, pero también en las aguas de Nueva Zelanda o las Maldivas.

Otros milagros

“Es usado como ingrediente en la elaboración de perfumes y para otros propósitos más esotéricos en zonas remotas del mundo. En el mercado se puede vender a hasta 20 dólares por gramo dependiendo de su calidad (el gramo de oro cotiza a 40 dólares)”, escribe Kemp, que durante dos años recorrió el planeta en busca de pesquisas sobre esta fascinante joya de la naturaleza.

Jalid no es el único omaní tocado por el milagro. Hace un año dos vecinos se toparon con una pequeña cantidad en las tripas de un cachalote muerto que había quedado varado sobre una playa del sur del país, ubicado en un rincón del golfo Pérsico, regido por el anciano sultán Qaboos y habitado por unos cuatro millones de almas, el 40% extranjeros. La pareja vendió el mejunje por 190.000 euros a un comerciante local. Su destino no se halla lejos. Omán es tierra de perfumes.

En las afueras de la floreciente Mascate tiene su cuartel general Amouage, una de las marcas de fragancias más exclusivas del mundo. “La calidad de las materias primas que usamos es excepcional. Empleamos los ingredientes más delicados y raros”, indicó a este suplemento Christopher Chong, el director creativo de la compañía, durante una visita reciente a la fábrica. En sus alacenas no falta el ámbar gris, que sirve como fijador de las esencias.

A unos kilómetros de las salas donde se mezclan las esencias más selectas, Jalid fantasea con su futuro. Al final le ha sonreído la suerte. “Voy a comprarme otra casa. Mejoraré la vida de mi esposa y mis cuatro hijos y auxiliaré a los pobres”, murmura al otro lado del hilo telefónico.

Desde que la brisa marina le llevara hasta el tesoro, ha cambiado de opinión en varias ocasiones. Se le ha pasado por la cabeza renunciar a las largas jornadas en el mar y sumergirse en el próspero negocio inmobiliario. Ahora, sin embargo, litiga para que el ámbar no trastoque su existencia de salitre y amaneceres: “Seguiré trabajando como pescador. No lo voy a dejar. Llevaba muchos años esperando dar con este tesoro, desde que empecé a salir al mar con mi padre. Ahora sólo puedo dar gracias a Alá por este golpe de suerte”.

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