Albherto's Blog
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Gonzalo Guerrero, un inmortal


Una historia del s.xvi

Olvidado y difamado: Gonzalo Guerrero, un militar que se pasó al otro bando

  • Convertido en hombre libre, especialmente belicoso, combatió contra los españoles durante mucho tiempo y en diferentes frentes, por lo que se le dio el nombre de “El Renegado”
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La transformación de Gonzalo Guerrero. (CC)

Álvaro Van den Brule….. 12.11.201605:00 H.

“La cabeza es redonda para que el pensamiento pueda cambiar de dirección”

-Pintada anónima-

 

Hubo un tiempo y un lugar remoto en el que la reputación de un hombre de bien sufrió un daño irreparable, sus sorprendidos compañeros de armas le llamaban “el renegado”. Sucedía esto al otro lado del vasto y proceloso océano mientras que una historia lineal y rutinaria se iba a ver rota por los caprichosos bucles del destino, enfrentando a un curtido militar a una disyuntiva endiablada.

Ocurre que a veces la historia es canalla y torticera con aquellos que no se doblegan, mientras encumbra a los mediocres que medran a su amparo, y que las historias rotas hay que repararlas como forma de memoria debida y de autocrítica obligada a pesar del empeño de quienes llaman traidores a aquellos que no comulgan con ruedas de molino, o lo que es lo mismo, con la verdad oficial.

El divide y vencerás era la carta de presentación de los estrategas, y la constante que se encontrarían Cortes y Pizarro en sus áreas de influencia

Cuando el espejismo del mundo real se revela en su mediocridad y las dimensiones de la conciencia se expanden hacia el infinito, surge la libertad, y las zonas de sombra en las que vivimos quedan alumbradas en su pequeña integridad. Eso debió sucederle a un veterano de los temibles tercios bragado en las trifulcas que bordeaban los colosales contornos de nuestro antiguo imperio.

Un día de una primavera temprana, este hombre, portador de docenas de arrugas de lectura sabia y de cicatrices obtenidas en todas las latitudes, estaba enfrascado en un momento de contemplación y de comunión con el mar. Sentado en una roca, veía la cadencia de las olas batir sus pies y sus recuerdos mientras miraba la línea de fuga del horizonte, lugar donde se refugia la esperanza y anidan los sueños.

Mientras navegaba por su memoria y revivía el afecto de su amada, un bosque de velas asomaba inquietante entre la costura del mar y el cielo. El siglo XVI estaba recién parido y las fronteras de la cartografía se ensanchaban hacia el Oeste.

Cuando el espejismo del mundo real se revela en su mediocridad y las dimensiones de la conciencia se expanden hacia el infinito, surge la libertad

Mientras todo esto acontecía, la rivalidad entre los estados mayas, ya centrifugados de su antigua cohesión y en una disputa permanente, había mostrado el camino a seguir por la tropa española. El divide y vencerás era la carta de presentación mas elemental de cualquier estratega en una situación de esas características, y la constante que se encontrarían Cortés y Pizarro en sus respectivas áreas de influencia.

Quiso la accidentalidad que en el año del Señor que todo lo ve pero nunca interviene, un dieciocho de agosto de 1511, alrededor de veinte desesperados náufragos de una expedición proveniente de Panamá que habían embarcado en una destartalada nao, fueran presa de los desquiciados elementos en medio de un océano despiadado y de un cosmos silencioso en su muda y espectacular belleza. Mientras eran arrastrados por las corrientes hacia Yucatán, se produjeron escenas de canibalismo en medio del pánico general y de la indefensión propia del abandono de gentes exhaustas y sin respuesta. El viaje –si es que así se le puede llamar a aquella experiencia dantesca–, sería una bajada al infierno en medio de la nada.

En aquella precaria balsa, Gonzalo Guerrero y sus compañeros de infortunio (se presume que el numero de integrantes superaban ampliamente los veinte citados por el cronista García de Bernal), se vieron en la desesperación mas absoluta abandonándose a la más radical irracionalidad.

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Hernán Cortés

Para más abundamiento e irónicamente a la postre, al desembarcar, irían a parar al estómago de los llamados Cocomes, unos caníbales doctorados en la gestión de multitudinarias barbacoas; dieciocho de ellos se convirtieron en exótica proteína.Tras el festín, quedaron en el limbo dos personajes de una singularidad asombrosa, habida cuenta de los recursos que exhibieron para la obtención del perdón de aquella marabunta desatada.

Uno era Fray Jerónimo de Aguilar, que sacó a relucir un espejo al que daba un uso prosaico para acicalar su tupida barba y que obró milagros instantáneamente. A la vista de la tardanza de los enfervorizados nativos en hacer una hoguera premonitoria con madera de humedal que se resistía a arder, el español en un arrebato temerario, encendió, a la voz de ya, un fuego reparador transformando la benefactora luz del astro rey en una retahíla de reverencias que convertían la afamada etiqueta japonesa, en algo superado por la eficiencia reverencial que mostraban los asombrados antropófagos. El espejo y la física había hecho un buen trabajo.

La ejecución de las continuas reverencias cobraba tal intensidad y ritmo, y era tan impecable que obró el milagro de que los alucinados aborígenes adoptaran sin rechistar al no menos alucinado tonsurado, al cual ofrecieron una criatura celeste de pelo zaino y preciosa piel aceitunada espléndida en su natural desnudez, que dotada de unos generosos pectorales producía encantadoras reacciones en el atónito fray, que no acababa de entender lo que ocurría ni de entenderse a sí mismo como renunciante.

Según deja entrever el cronista García de Bernal, el tal Fray Jerónimo dejó la castidad olvidada provisionalmente y se lió la manta a la cabeza. Eso sí, cada vez que entraba en trance, se santiguaba. El Señor es indulgente con los que se sacrifican por él.

Tuluk se llamaba la encantadora criatura que el Creador había enviado para perturbar su rutinaria y estoica vida. Tuluk (que traducido con cierta libertad podría significar sorpresa que acecha al incauto), así se llamaba la encantadora fémina que no necesitaba apelar a la brujería para seducir a varón alguno, pues de argumentos para dictar una rendición incondicional, andaba sobrada.

Fray Jerónimo dejó la castidad olvidada y se lió la manta a la cabeza. Eso sí, cada vez que entraba en trance, se santiguaba

¿Pero que sucedía entretanto con el otro compañero de fatigas y de susto?

Gonzalo Guerrero, el avezado soldado de los tercios que al principio de esta historia, taciturno contemplaba la rítmica cadencia de las olas en el límpido Mar Caribe, había conseguido que los iracundos autóctonos le rebajaran la calificación y en vez de actuar de merienda, acabara retozando con una linda nativa. Como Guerrero era el amigo del hombre del fuego y no se atrevían a contrariarle, miraron para otro lado, pero sin perderle mucho de vista pues ya les estaba haciendo ojitos a otras dos sonrientes aborígenes. Un elemento.

Pero mientras estos dos hombres tomaban caminos divergentes y el tiempo los separaba en uno de sus caprichosos antojos, Fray Jerónimo de Aguilar se había vuelto a embarcar con los hombres de Cortés que casualmente pasaba por allí, mientras, Guerrero había sido padre sin mucha demora y tenia tres churumbeles (no se sabe si todos de la misma madre habida cuenta las horas extras que echaba). Entretanto, iban ocurriendo una serie de acontecimientos a considerar.

Mientras el Fray tomaba distancias y seguía instalado en su visión de hombre blanco –un poco tiznado por el inclemente sol caribeño–, Gonzalo Guerrero se había dejado una barba que le llegaba hasta las rodillas y se había perforado las orejas con extraños abalorios. La aculturación le había sentado de maravilla y además, este paladín del mestizaje había vuelto a dejar preñada a su amada. Era un stajanovista del derecho a roce y un especialista en las habilidades horizontales.

Nombrado consejero militar

Destacado por sus capacidades militares, fue promocionado por su jefe natural Taxmar que lo nombró consejero militar. Gonzalo les enseña tácticas, como emboscar, formación en cuadros y columnas, como refrescar la primera línea de combate con oportunas sustituciones, como formar una falange… A los seis meses de entrenamiento ya estaban repartiendo estopa por toda la región.

Habían pasado cerca de ocho años desde el trágico desembarco en las playas de Yucatán cuando Hernán Cortés hizo su aparición por la zona, y repescado a Jerónimo de Aguilar para la causa. Gonzalo Guerrero se vio en la inevitable decisión moral de defender a su alegre `prole y a las proles de sus compañeros de tribu; y niños había para poner una guardería. A todo esto, ya era el jefe del clan y tenia un amplio apoyo del sector femenino que lo seguía a todas partes, amén de tenerlo idolatrado; era un Don Juan.

Los acontecimientos se iban desgranando.

Habían pasado cerca de ocho años desde el trágico desembarco en las playas de Yucatán cuando Hernán Cortés hizo su aparición por la zona

Gonzalo Guerrero inasequible al desaliento y personaje ignífugo, decide adoptar la nacionalidad de las emociones, esto es, defender aquello a lo que amas.Visto así, la decisión fue impecable, si bien es cierto que tuvo que estar precedida de un fuerte debate interno pues no tuvo que ser fácil.

Convertido en hombre libre tras salvar la vida de un cacique aliado que quería ser devorado por un avispado caimán tamaño king size, combate de forma victoriosa a los españoles durante mucho tiempo y en diferentes frentes hasta que un buen día es llamado a capítulo por la eternidad.

Una impersonal y asesina flecha de ballesta en medio de una refriega, afronta el acto de segar la vida de uno de los mas señalados aventureros y quizá idealistas en las crónicas del Nuevo Mundo. Gonzalo Guerrero se desangra sin control, a borbotones. Un tiro de arcabuz lo remata en el suelo en el momento justo en que el sol del mediodía baña sus ojos ya vacíos de vida terrenal. Una luz íntima lo impregna todo mientras cae una fina lluvia de camino hacia lo desconocido.

Era un trece de agosto de 1536.

Gonzalo Guerrero, un inmortal .

…. oOo….

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