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Juan Pabl Fusi, filosofo


CRÓNICA.- Entrevista

Juan Pablo Fusi: “Para los jóvenes, patriotismo y patria son palabras gastadas”

  • “El gran problema del presente es el relativismo moral de la sociedad”
  • “El franquismo desacreditó el nacionalismo español y ‘legitimó’, entre comillas, el periférico”
  • “Patriotismo es la consecuencia de nuestro compromiso con lo colectivo cercano”

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Juan Pabl Fusi. IÑAKI ANDRÉS

MANUEL HIDALGO… 02/11/2016 08:18

Sobre nosotros

MEJOR VIRTUD. La generosidad.

PEOR DEFECTO.La vulgaridad de muchas costumbres y fiestas públicas.

MEJOR HECHO HISTÓRICO. La creación y desarrollo de la lengua española.

PEOR HECHO HISTÓRICO. La guerra civil de 1936-39.

MEJOR PERSONAJE HISTÓRICO. Fernando el Católico.

PEOR PERSONAJE HISTÓRICO. Fernando VII.

LIBRO QUE NOS REFLEJA MEJOR. ‘En este país y otros artículos’, de Larra.

CUADRO QUE NOS REFLEJA MEJOR. ‘El 3 de mayo en Madrid’, de Goya.

PELÍCULA QUE NOS REFLEJA MEJOR.‘La caza’, de Saura.

PIEZA MUSICAL QUE NOS REFLEJA MEJOR. ‘Suite Iberia’, de Albéniz.

GRAN PENSADOR. Ortega y Gasset.

GRAN FIGURA ARTÍSTICA. Velázquez.

PROBLEMA DEL PRESENTE. El relativismo moral de la sociedad.

POTENCIAL DEL PRESENTE. Las minorías dedicadas a la investigación científica y tecnológica.

UN LUGAR PARA VIVIR. San Sebastián.

TÓPICO ELABORADO POR NOSOTROS. Tópicos sobre judíos, ‘moros’ y gitanos, y todos los estereotipos regionales.

TÓPICO ELABORADO SOBRE NOSOTROS. El mito romántico. España, país dramático: bandoleros, toreros, mujeres apasionadas, religiosidad arrebatada, orientalismo…

NOS FALTA… Conciencia de la complejidad de la vida y del mundo contemporáneos.

NOS SOBRA… La estulticia coloquial y callejera con que se habla del poder, la política, el orden internacional, el mundo empresarial y financiero, los grandes conflictos mundiales, etc.

….oOo….

 

Una potente cabeza del autor de La rebelión de las masas, obra del escultor Pablo Serrano, recibe al visitante de la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón. Se hacen las fotografías de rigor en una de las dependencias de la biblioteca, que cuenta con más de 70.000 volúmenes. La conversación tiene lugar en la llamada Rotonda, una estancia preciosa, acristalada, con vistas a un considerable jardín que, además de césped y plantas, ofrece el placer de una fuente y un estanque.

Casado con la historiadora y traductora Eva Rodríguez Halffter -hija del filósofo Antonio Rodríguez Huéscar, discípulo directo de Ortega-, Juan Pablo Fusi, que debe mucho al pensador español, continúa vinculado a la fundación orteguiana después de haber dirigido durante cinco años su Instituto Universitario de Investigación y la propia entidad.

Biógrafo de Franco, especialista en el siglo XX español -y muy estudioso de su cultura- y en los nacionalismos, el autor de Historia mínima de España (2012) y Breve historia del mundo contemporáneo (2013), de inconfundible aire británico, es persona muy cordial y dotada del don de la expresión clara y ordenada.

Se diría que hablar hoy de patria y de patriotismo no resulta cómodo para los jóvenes, y más si son de izquierdas. ¿Qué instrucciones de uso de tales palabras nos puede proporcionar?
Las palabras se gastan, sobre todo si ha habido un abuso y una apropiación de ellas. Patria y patriotismo, a las actuales generaciones, les parecen palabras retóricas, pomposas, artificiosas… Sin embargo, la patria no es sino la circunstancia, el entorno territorial en el que uno ha nacido y cuya lengua, historia, paisaje, herencia patrimonial, cultura, etc. hacen que podamos explicarnos, comprender mejor nuestro origen y nuestra biografía. De ahí, patriotismo no es sino la consecuencia de nuestro afecto a ese entorno, de nuestra responsabilidad por mantenerlo y mejorarlo, de nuestro compromiso con lo colectivo cercano.
Cualquiera diría que hoy, en España, sólo la izquierda ‘abertzale’ va de cara con el concepto de patriota, pues ‘abertzale’ significa patriota.
Los nacionalismos minoritarios dieron un giro radical, de legitimación, con la idea de patriotismo revolucionario, de liberación nacional. La visión nacionalista vasca, que en origen tuvo un fuerte componente étnico, que quedó desacreditado sobre todo a partir de la Alemania nazi, buscó legitimarse, desde los años 60, al abrigo de los movimientos anticolonialistas y antiimperialistas, poniendo el patriotismo revolucionario por encima del patriotismo etnicista..
Parece también que el binomio patria/patriotismo resulta más propio de la derecha y, no digamos, de la extrema derecha. Sin embargo, y por poner un ejemplo, la revolución castrista difundió el contundente lema de “Patria o muerte”.
Sí, en efecto, tenía el sentido antiimperialista que le comentaba antes. Hay que recordar que el concepto de patria nace contemporáneamente unido al de nación, y el concepto de nación está asociado al constitucionalismo liberal del XIX. La nación, para los constitucionalistas de Cádiz, es un concepto progresista -soberanía nacional- frente al Reino y a la Corona. En Cádiz se imita, en buena parte, el modelo de la Revolución Francesa, que ya habla de que la patria está en peligro…
¿Y qué pasó después?
Pasó que, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, hubo en toda Europa una apropiación por parte de la derecha política de la idea de patria, que desembocó, en los años 20 y 30 del pasado siglo, en su exacerbación monopolística por el nazismo, el fascismo y el franquismo. Por los nacionalismos totalitarios. De ahí se siguió el descrédito de lo que había sido un concepto asociado a la libertad individual, la democracia política y el Estado de Derecho.
Se le dio la vuelta…
Sí. Pero ahí está, por ejemplo, el caso de Manuel Azaña, que, dentro de esa tradición liberal, proclamó bien claro que se sentía español por los cuatro costados, que tenía pasión por España, como también la tuvieron Claudio Sánchez Albornoz y tantos exiliados siempre impregnados por la añoranza de España.
Ahora se cita mucho esa frase de Samuel Johnson («El patriotismo es el último refugio de los canallas»), es de temer que mal interpretada, pues el doctor Johnson, con toda probabilidad, se refería a quienes se revisten de patriotas sólo para esconder sus trapacerías…
Seguramente. Hay y ha habido una apropiación demagógica e interesada de la patria. Ya el ensayista español Feijoo, ilustrado de primera hora, dijo algo muy parecido a lo de Johnson. A los ilustrados, más cosmopolitas, más interesados por las ideas y por la cultura, no les gustaba la demagogia de tipo popular-patriótico.
Parece que decir patria es decir bandera, himno (sus símbolos) y ejército. No pocos se han quejado de esa identificación estrecha, una vez más, el pasado 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional…
Hay que ver de dónde y de cuándo estamos hablando a propósito de esa identificación. Los franceses no tienen ese problema con la tricolor y con La Marsellesa, que les emociona, y no sólo a ellos… La bandera en manos del general Prim no se veía igual que la bandera en manos del general Franco. La patria y la nación, en el XIX, no estaban encarnadas en régimen de monopolio por el ejército. Esto se ve muy claramente en los Episodios Nacionales de Galdós, que se sentía muy patriota y que exalta al pueblo como encarnación de la idea de España.
Y, una vez más, llegó un cambio.
Sí, un proceso, estas cosas no suceden de un día para otro y son complejas. Por las derrotas del 98, por la corrupción política y por otros factores, se fue produciendo un debilitamiento del patriotismo decimonónico. Los militares, entonces, se fueron postulando como columna vertebral de la patria, asumieron -descontentos con el poder civil y con la poca atención que les prestaba- la bandera del patriotismo. Fue un proceso largo, de unos treinta años. Un débil nacionalismo español civil provocó un fuerte nacionalismo militar.
El otro día, en Salamanca, escuché al hispanista e historiador francés Jean-Claude Rabaté, biógrafo de Unamuno, decir algo así como que entre los militares que se levantaron contra la República había el afán de resarcirse de anteriores derrotas…
El ejército español del XX ya no era el del XIX. Era más conservador y había visto con preocupación sus tensiones con el poder político, las crisis de los partidos, la aparición de los nacionalismos vasco y catalán… La guerra de Marruecos, desde luego, no fue buena para los militares españoles. Ahora bien, es preciso tener cuidado, matizar. Hay que analizar lo concreto, los hechos, los documentos. Es muy difícil hacer interpretaciones psicosociológicas de una mentalidad colectiva. Además, como suelen recordarnos los historiadores militares, ni todos los llamados africanistas pensaban lo mismo, ni la Infantería, la Marina, la Aviación o la Artillería tenían las mismas ideas ni, dentro de cada cuerpo, pensaban igual los altos oficiales que los medios…
También dijo Rabaté que, cuando las cosas ya estaban muy mal en la República, hubo gente que, consciente o inconscientemente, pudo pensar que una guerra civil era una oportunidad de derrotar duraderamente a la derecha, pues las guerras civiles españolas del XIX se habían saldado a favor del liberalismo…
Es verdad que las guerras civiles españolas del XIX habían desembocado en situaciones constitucionales, en constituciones, progresistas o conservadoras, pero constituciones. Por cierto, entonces se daban, entre los espadones, como se les llamaba, muchas figuras militares, muchos generales (Prim, Espartero, Serrano, O’Donnell…), de ideas liberales y progresistas… Pero, dicho esto, no creo que entre los republicanos españoles hubiera previamente una expectativa positiva de que una nueva guerra civil pudiera ser, al hilo de lo ocurrido en el XIX, algo así como la batalla definitiva contra las fuerzas derechistas.
¿Qué opina de la expresión «patriotismo constitucional», que está teniendo mucha circulación en España?
Proviene de Estados Unidos, donde tiene su máximo sentido al ser un país joven, sin apenas historia, individualista, hecho de emigrantes, sin una fuerte red común de tradiciones… En Estados Unidos, la bandera y la Constitución son los grandes símbolos de cohesión y apego. Aquí se puede dar una apropiación vergonzante de esa expresión, en el sentido de que, por no atrevernos a hablar de patriotismo a secas -esa intimidad afectiva de los pueblos de la que hablaba Ortega-, le añadimos el adjetivo “constitucional” para que nos sea más cómodo.
¿Y qué piensa del llamado “nacionalismo cívico”?Ésa es una expresión más clásica. Proviene de la Revolución Francesa que, repito, tuvo un fuerte componente nacionalista. Francia es el pueblo francés, los ciudadanos. Al hablar hoy de «nacionalismo cívico», algunos quieren eliminar así la connotación étnica de los nacionalismos cerrados que han hecho valer por delante la idea de la raza, como ocurrió con el pangermanismo alemán, con el nacionalismo serbio o con el vasco…
Ésa es una expresión más clásica. Proviene de la Revolución Francesa que, repito, tuvo un fuerte componente nacionalista. Francia es el pueblo francés, los ciudadanos. Al hablar hoy de “nacionalismo cívico”, algunos quieren eliminar así la connotación étnica de los nacionalismos cerrados que han hecho valer por delante la idea de la raza, como ocurrió con el pangermanismo alemán, con el nacionalismo serbio o con el vasco…
Ese etnicismo se vio claramente entre los nacionalistas serbios, sí, en la Guerra de los Balcanes, pero no parece que hoy sea determinante en el nacionalismo vasco…
No, no, desde luego. Hablo del origen, de Sabino Arana, que sí puso énfasis en la raza. Más tarde se rectificó relativamente, desde los años 10 del pasado siglo, por la influencia de la religión, del pensamiento socialcristiano entre los vascos… El nacionalismo vasco ha asumido, en líneas generales, la pluralidad y la complejidad de la sociedad vasca, aunque también es verdad que en ciertos valores simbólicos que cultiva -el folklore, por ejemplo- pervive cierta dimensión étnica.
Sin ánimo de enredar, y menos ahora, llama la atención que estando ligada la patria a la tierra, de la que se dice que es madre, y que a la propia patria se le llama madre (madre patria), no se diga «matria» en vez de «patria». Unamuno, sin ir más lejos, habló de la «matria vasca», lejos de esa connotación entre patria y patriarcado, mundo masculino…
Hummm… Es cierto que el patriotismo ha estado muy ligado a ciertas muestras muy ostensibles de la virilidad, que hoy nos producen rechazo.
En ‘La patria lejana’, usted analiza el cambio del concepto liberal de nación al concepto hipernacionalista que abre paso a varios totalitarismos. ¿Qué fue determinante en ese cambio?
Fue un proceso largo y complejo, que terminó colocando la nación como objeto y sujeto por encima del individuo, no para potenciarlo como antes… Los historiadores conocemos sobre todo el cuándo y el cómo, pero no siempre el porqué. O un único porqué, que no suele existir como mecanismo infalible de causa/efecto. En Francia, por ejemplo, Carlos Maurras empezó a hablar de nacionalismo integral, dijo que Francia era un país católico, que se había vertebrado en torno a la monarquía cristiana y que ahora estaba amenazado por los que él llamaba los estados interiores, los enemigos interiores, los judíos, los partidos, los sindicatos y los extranjeros. Estas ideas minan los principios de la Revolución Francesa, el ideario de libertad, igualdad y fraternidad, y conectan con planteamientos similares en otros países europeos.
En Alemania, en Italia y en España se dieron ideas semejantes. A propósito de Maurras, me pregunto, no obstante, si el pensamiento reaccionario francés del primer tercio del siglo XX tuvo más influencia de la que parece…
En España, Maurras tuvo mucho predicamento, un partido como Renovación Española, el de José Calvo Sotelo, se declaraba abiertamente “maurrasiano”. Maurras, sí, y Maurice Barrès, y Georges Sorel tuvieron mucha influencia en Europa. Es curioso el caso de Sorel, que fue un sindicalista revolucionario, y luego su libro Reflexiones sobre la violencia, en el que hace una crítica fortísima de la socialdemocracia y del gradualismo reformista, fue inspiración tanto del fascismo de Mussolini como del comunismo de Gramsci. Yo soy anglófilo, como es sabido, pero es preciso reconocer que la cultura y el pensamiento franceses, tanto de derechas como de izquierdas, han tenido un peso enorme en la Europa del siglo XX.
A bocajarro, ¿hay o no hay ahora un nacionalismo español fuerte?
No, no lo hay. Hay, si acaso, un españolismo populista, que se manifiesta un tanto banalmente con el fútbol, las fiestas y todo eso. El franquismo desacreditó el nacionalismo español y ‘legitimó’, con comillas, el nacionalismo periférico. En España sigue primando el localismo del que hablaba Ortega. El español medio, como él decía, sigue estando en la provincia, adherido a lo local, y siguen faltando las claves de la vertebración nacional.

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