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Mucho de qué hablar


MONARQUÍA.- Polémica en palacio

Los escándalos sexuales remueven la tumba de los reyes holandeses

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Los Reyes Juliana y Bernardo de Holanda en una imagen de archivo.
 
IMANE RACHIDI… Ámsterdam… 28/10/2016 16:47

La reina Juliana de Holanda siempre pensó que Bernardo era el príncipe de sus sueños. No lo fue en vida, y una década después de sus funerales, el cadáver de ella se retuerce en la tumba con las malas nuevas. El que fue su consorte abusó de una joven de dieciséis años en el palacio. Claro, esto si ella no lo sabía ya, porque, según su biografía, él le hizo la vida imposible, llegando a humillarla en público durante su luna de miel.

La publicación de Una princesa en un mundo de hombres, un libro sobre la vida de Juliana (1909-2004) escrita por la investigadora Jolande Withuis, está dando mucho que hablar estos últimos días. La autora escribe sobre la “vida trágica de una mujer caprichosa” a la que su marido había abandonado en repetidas noches para entretenerse con sus múltiples amantes, siendo incluso el padre de dos hijas ilegítimas con diferentes mujeres. La escritora obtuvo esta información a partir de cartas y fuentes muy cercanas a la monarquía, pero todas hablaron bajo condición de anonimato. No obstante, el Instituto holandés de Estudios de Guerra, Holocausto y Genocidio (NIOD) está al tanto de las verdaderas identidades de los testigos y podrá hacer públicos los nombres dentro de 25 años, según el acuerdo.

Lo que más está escandalizando a los neerlandeses son las posibles violaciones cometidas por su marido Bernardo (1911-2004). El príncipe habría entrado a la habitación de invitados del palacio de Soestdijk, donde se alojaba la joven por unos días y la asaltó: la besó en la boca y la tocó levantándole la blusa. Ella le exigió que saliese de la habitación y después avisó a uno de los empleados del personal de confianza de Bernardo, quien le creyó conociendo el historial de los comportamientos del marido de la reina. Y es que esa no fue la única. Antes, una joven del club de teatro de Juliana fue acosada sexualmente por Bernardo nada más llegar ella a la residencia monárquica, donde iba a curiosear unos cuadros de la realeza, por invitación de Juliana. Withuis califica al príncipe de “hombre feudal”, que consideraba que vivía en un país donde él “era el dueño de la casa y no tenía necesidad de controlarse”.

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Beatriz, ex monarca del país, junto a sus padres.

La relación entre la reina y su marido estaba rota desde el principio y “sin ninguna posibilidad de reparación”, según la biógrafa, aunque también reconoce que Juliana estaba muy enamorada de su marido y siempre guardó la esperanza de que su relación fuera a mejor. Cuando Bernardo, un príncipe de la baja nobleza alemana, entró en la vida de la reina de Holanda, ella cayó a sus pies. Bernardo trajo luz, aventura y entretenimiento a su vida, parecía un libertador, según llegó a leerse en una carta escrita por su majestad, según esta socióloga. Lo que Juliana no sabía era que Bernardo había intentado casarse antes con dos mujeres adineradas, pero que las dos le rechazaron.

Juliana y Bernardo se casaron en 1937, y durante todos sus años de matrimonio, él protagonizó múltiples escándalos por diferentes razones. Los dos vivieron en el lujoso palacio de Soestdijk, en Baarn, en un ambiente donde se respiraba de todo, menos amor entre la pareja. Los escándalos varios que provocó el príncipe hicieron que la reina se llevara las manos a la cabeza muchas veces. Aunque todo se agravó cuando en 1976, salió a la luz el escándalo sobre los sobornos aceptados por Bernardo. Ella le pidió el divorcio en dos ocasiones durante su matrimonio, una separación que no se llevó a cabo por presiones políticas.

La reina tuvo que buscarse un hombro sobre el que llorar y eligió a una curandera, Greet Hofmans, quien llegó a residir durante años en el palacio real. Ella era una hechicera contratada para buscar cura a la ceguera de la princesa Cristina. Pero la soledad en la corte hizo que la reina, conocida como una mujer ambiciosa, cayera en manos de esta mujer religioso y pacifista, que la aconsejó y acompañó durante años en la toma de importantes decisiones. “La reina era dependiente, necesitaba tener a alguien cerca, y había perdido la confianza en Bernardo”, dice la investigadora. Todo terminó cuando Bernardo decidió solicitad ayuda al Gobierno para expulsar de la residencia a la vidente que había desencadenado una crisis matrimonial.

Ambos “recuperaron” su relación cuando el Gobierno holandés expulsó a Hofmans del palacio. Cuando la reina abdicó en 1980, sus vidas se distanciaron aún más, según la autora. Withuis dice que era “una reina social y sociable”, y que se divertía más saliendo con sus amigas, que compartiendo techo con su marido. La situación se tornó más grave pocos años antes de morir ambos: Bernardo le prohibió verle o intentar visitarle durante mucho tiempo. Y nunca se dijeron adiós. Ella se fue sin despedirse el 20 de marzo de 2004, nueve meses antes de que él también falleciera de un cáncer, a los 93 años. Dejando mal recuerdo a algunas, aunque gran parte del pueblo siempre quiso a su príncipe consorte. Quizás hasta que este libro puso en picota una cara suya no tan oculta.

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