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Documental ‘Omega’


MÚSICA.- 20 años del disco

Enrique Morente y Omega: Así se incendió el flamenco

  • “Dejadme vivir mi vida / que yo no le pido a nadie / siquiera los buenos días”. Enrique Morente (Granada, 1942-Madrid, 2010)
  • Documental ‘Omega’, dirigido por José Sánchez-Montes y Gervasio.  La película se estrena el próximo 27 de octubre.
  • Y el libro conmemorativo que llegan este otoño con motivo de los 20 años de la publicación del álbum.

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El concierto en Granada con Lagart. Enrique Morente.

Documental 20 años OMEGA. FOTO © ALFREDO AGUILA – Rija Nick. ALFREDO AGUILAR

DARÍO PRIETO…. 09/10/2016 05:01

“Dejadme vivir mi vida / que yo no le pido a nadie / siquiera los buenos días”.

Enrique Morente (Granada, 1942-Madrid, 2010) cantaba estos tientos allá por los 70 cuando pocos imaginaban que terminaría lanzando la última y más incendiaria bomba atómica del flamenco. Se llamó ‘Omega’ y pretendía ser un homenaje a ‘Poeta en Nueva York’, de Federico García Lorca, aunque terminó convirtiéndose en un no se sabe bien qué de flamenco, rock, poesía y experimentación que dejó patas arriba la música española.

Morente miraba a Lorca y a otro lorcófilo, Leonard Cohen. Y lo hacía contagiado del espíritu transgresor del viaje que contaban esos poemas, de Granada a Nueva York, de lo antiguo a lo vanguardista. Por eso Morente escogió al grupo Lagartija Nick, granadinos como él, para encontrar el sonido que andaba buscando y en el que también participaron los guitarristas Vicente Amigo, Tomatito y Cañizares.

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Lagartija Nick es un grupo español de rock alternativo de la ciudad de Granada (Andalucía) surgido en 1991. Su nombre está basado en el título de una canción del grupo británico Bauhaus.

Un momento único que, con el paso del tiempo, ha ido adquiriendo una dimensión mítica.

Así lo recoge el documental ‘Omega’, dirigido por José Sánchez-Montes y Gervasio Iglesias, y el libro conmemorativo que llegan este otoño con motivo de los 20 años de la publicación del álbum.

La película se estrena el próximo 27 de octubre dentro del festival de documentales musicales In-Edit y se proyectará en salas comerciales desde el 4 de noviembre. El libro muestra, al igual que la película, numeroso material inédito sobre el proceso de creación del disco y sus diversos participantes. Además, cuenta con textos de los poetas Luis García Montero y Antonio Lucas, el periodista Diego A. Manrique, el editor Borja Casani (productor y distribuidor del disco con el sello El Europeo) o el cantaor Miguel Poveda, entre otros.

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Enrique Morente & Lagartija Nick Omega Leonard Cohen Tzesp

EL DISCO

“Omega es un milagro irrepetible”, asegura Alberto Manzano, traductor al español de Leonard Cohen, amigo del cantautor canadiense y el hombre que propició el encuentro entre él y Morente a comienzos de los 90. Manzano se refiere así a la “conjunción humano-astral” que hizo posible aquel milagro, “que todas las diferentes piezas se ensamblasen con armonía”, como asegura en declaraciones a EL MUNDO. Y es que en esta historia cada uno cumple con su papel.

Así, el periodista Jesús Arias, fundador del grupo TNT, facilitó el contacto del cantaor con la banda de su hermano Antonio, Lagartija Nick, mientras que Manzano descubrió a Morente la música de Cohen y viceversa. “Entre ambos existía una gran admiración y respeto mutuo. Las únicas cuatro lecciones de guitarra que recibió Cohen a lo largo de su vida fueron de un guitarrista español en Montreal que se terminó suicidando y que recibió a la vez que descubría a Lorca, quien le abrió las puertas al jaleo de la poesía”, recuerda Manzano. “Con motivo de sus 60 años, en 1994, se me ocurrió regalarle el disco que Morente había hecho con Sabicas. Se quedó muy emocionado y entusiasmado, por lo que, cuando vino a Madrid, invité a Morente a que lo conociera en el Hotel Palace”, explica. En aquel “encuentro mítico”, en el que Manzano hizo de traductor, se produjo una extraña energía que acabó impregnando el Omega. El propio Cohen lo evocaría después así: “Morente se sitúa en el centro mismo de su propia tradición. Es uno de los principales cantaores de flamenco en España. Nos reunimos en un bar en España cuando estaba de gira por allí; para ser exactos, un bar donde Lorca solía beber. Y nos presentamos mutuamente nuestros respetos”.

Con Lorca como punto de unión, Morente empezó entonces a adaptar la música de Cohen, como recuerda su hija Estrella, a propósito de un verano de mucho calor en la playa en el que ella y su hermana Soleá estaban haciendo castillos de arena en la playa. Entonces les llamó su padre para que le hiciesen el compás del Pequeño vals vienés. “Un día se lo escuchamos a Leonard Cohen y Soleá y yo dijimos: ‘¡Papa!’, porque siempre le decíamos así [en átona], ‘este hombre te ha copiado el tema’“.

“La verdad, yo tenía que haber sido rockero. Me he equivocado. Pero bueno, en aquel tiempo se hacía lo que se podía”, dice Morente en unas imágenes de archivo al comienzo del documental. “La garra que tiene el motor del rock no la tiene ningún otro género. Es tremendo: esa fuerza de las guitarras eléctricas, esas baterías… Eso, cuando está hecho con calidad, es sublime. Por lo menos a mí me gusta mucho”. La afirmación, realizada cuando Omega ya se había convertido en un hito, conecta con eso otro que decía el Morente de los 70: “Los ‘ortodoxos’, entre comillas, naturalmente que me llaman ‘el asesino del cante’ o algo así. Estupideces de esas”. Ahora que Los Planetas llenan festivales cantando fandangos y alegrías, la apuesta no parece nada del otro jueves, pero entonces era casi suicida. Es verdad que Camarón ya había incorporado el bajo eléctrico a sus grabaciones, que Triana acercó el espíritu progresivo de los 70 a los compases tradicionales y que Raimundo Amador y Kiko Veneno también habían jugado, con éxito, con el pop y el blues. Y es verdad que hoy es un lugar común decir que flamencos y bluesmen comparten no sólo unos orígenes parecidos (minorías étnicas marginadas en sus respectivos entornos: los afroamericanos en EEUU y los gitanos en el sur de España), sino también una temática parecida en torno al dolor y al sufrimiento. Pero entonces el rock de guitarras eléctricas y de baterías aporreadas con furia era la última frontera que se le resistía al flamenco.

“Decidí que iba a hacer Poeta en Nueva York. Y para abordar un poema tan anticonvencional y anormal en la forma de escribir en habla castellana, necesariamente no lo puedes cantar igual. En algún tema te tienes que arriesgar”, dice Morente en otro momento del documental. En esa jugada de empezar por Lorca, seguir por lo jondo, continuar por Cohen y terminar en el rock, él era el que más tenía que perder. Antonio Arias reconoce que se benefició “de entrar en un mundo, el flamenco, que vendría a ser como una habitación que tiene puertas que sólo se abren desde dentro”. Aun así, hubo momentos muy complicados, como la histórica presentación del disco en el Teatro Albéniz de Madrid, que en su jaleo de aplausos y abucheos representó la brecha que trajo Omega. “Nos iban a matar. Tardamos varias horas en poder salir de los camerinos”, resume Antonio Arias aquella noche.

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Leonard Norman Cohen (Montreal, 21 de septiembre de 1934) es un poeta, novelista y cantautor canadiense. Como músico ha desarrollado una carrera con una continua exploración de temas como la religión, la política, el aislamiento, las relaciones personales y la sexualidad,[1] y ha sido definido por el crítico Bruce Eder como «uno de los cantantes y compositores más fascinantes y enigmáticos de finales de los 60».[2] Cohen ha sido introducido en el Salón de la Fama del Rock and Roll de los Estados Unidos y en el Salón de la Fama Musical de su país natal. Es miembro de la Orden de Canadá y de la Orden Nacional de Quebec. En 2011 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

“Más que una fusión, lo que hicimos fue un choque de caracteres”, apunta el batería Eric Jiménez sobre las sesiones de grabación. Y Arias remata: “Si se aprende con alguien, se aprende con los maestros. Y si tienes un maestro que te quiera enseñar, como era Enrique, tienes que abandonarlo todo”.

Omega ha dejado una huella profunda en la música española, pero como insiste Manzano, aquello no va a volver a ocurrir. “Es muy poco probable, como cualquier otro milagro que haya sucedido ya, que volvamos a ver algo así. Sobre todo, porque Morente ya no está. Y no conozco a nadie en el flamenco que tenga su dimensión”. Por cierto, que Cohen le envió a Morente dos docenas de rosas rojas tras escuchar Omega. “Nunca le llegaron”, se lamenta Manzano.

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