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‘Venceréis, pero no convenceréis’


ANIVERSARIO“Venceréis, pero no convenceréis”

Miguel de Unamuno y Millán-Astray: Exilio y tragedia

  • Se cumplen 80 años del admonitorio ‘Venceréis, pero no convenceréis’ con el que Unamuno desafió al general Millán-Astray cuando la Guerra Civil acababa de comenzar.
  • Salamanca recuerda la efeméride la próxima semana con varios actos que incluyen la proyección de la película ‘La isla del viento.

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Miguel de Unamuno en un dromedario en Fuerteventura en 1924 CASA MUSEO UNAMUNO. UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

P. UNAMUNO…. 08/10/2016 08:07

A regañadientes, el rector se pone la toga y la muceta negras y, al cuello, la medalla de la universidad. Aunque es un día tibio de mediados de octubre en Salamanca, no tiene calor, quizá ni es consciente de que debajo de los ropajes propios del cargo lleva también el traje y un chaquetón de invierno. Toca celebrar el Día de la Raza y lo único que siente Miguel de Unamuno es una desesperanza abisal.

Ya se ha saltado la misa, pero no puede faltar al acto solemne en el rectorado. Lleva en el bolsillo una carta de la mujer de Atilano Coco, pastor protestante español entonces encarcelado -y luego fusilado-, cuando se sienta en la mesa presidencial junto al general Millán Astray, el presidente de la Audiencia, el obispo y Carmen Polo, esposa de Franco. Antes ha anunciado que no intervendrá en el acto: «Me conozco cuando se me desata la lengua». Pero al final no tendrá más remedio que hablar…

El próximo miércoles, 12 de octubre, hará 80 años del famoso altercado entre Unamuno y Millán Astray. «Vencer no es convencer y hay que convencer sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, mas no de inquisición», fueron algunas de las palabras del rector ante el «¡Viva la muerte!» del fundador de la Legión.

Salamanca recuerda la próxima semana aquellos hechos que condujeron a la destitución de Unamuno, y prácticamente a su muerte dos meses y medio después, en una serie de actos que arrancan el martes con la proyección de la película La isla del viento, de Manuel Menchón, que relata el exilio impuesto al escritor bilbaíno por otro dictador, Primo de Rivera, en Fuerteventura.

La cinta de Menchón comienza justamente con la secuencia en que un atormentado Unamuno, al que encarna un brillante y bien caracterizado José Luis Gómez, espera en su despacho al comienzo del pasto patriótico, y sigue en un largo flashback que lo sitúa a su llegada a Puerto Cabras, en la entonces reseca y paupérrima isla de Fuerteventura, el lugar más lejano donde se puede dejar tirado a un vasco, aunque al menos lo acompaña un medio paisano suyo, el verboso diputado donostiarra Rodrigo Soriano.

Durante su exilio, Unamuno establece relación con las fuerzas vivas de la isla, como la familia beneficiaria del monopolio del agua o el cura Víctor San Martín, que le enfrentará de nuevo a sus dramáticas dudas de fe. Por Fuerteventura pasan además personajes inesperados, el que más para don Miguel la escritora y profesora argentina Delfina Molina, que se presenta allí después de 30 años de intercambio epistolar que en algún momento ella ha confundido con una historia de amor. Un sorprendido y seguramente asustado pensador la convence de que se vuelva por donde ha venido, con su marido y su hija, que ha hecho con ella en la travesía.

La otra visita inopinada es la del periodista Henry Dumay, director de La Quotidien, quien pretende hacer un reportaje sobre el exilio del insigne escritor aunque realmente trae un encargo de más calado: organizar su evasión en una embarcación pagada con dinero francés.

A Manuel Menchón, director de La isla del viento, le animó a emprender este proyecto el hecho de que no hubiera filme, obra de teatro, recreación novelada ni serie que contara todos estos hechos. Además le impactaron dos imágenes: una, la de Unamuno, de traje, a lomos de un dromedario (en la página anterior); la otra, calzado con zapatillas de cabrero (abajo), que eran indicio de «una transformación profunda del escritor», señala.

Antes de ponerse tras la cámara necesitó entender los «cambios de rumbo» del personaje. «De tener carné socialista a romperlo. De apoyar a la República a apoyar a los sublevados para luego enfrentarse a ellos… Al profundizar en la investigación entiendes el profundo compromiso con sus ideas. Era el escenario lo que cambiaba a su alrededor, no él. Unamuno era un idealista. Y siempre terminaba decepcionado por la gris y dura realidad».

Menchón ensalza el trabajo de José Luis Gómez no sólo a nivel interpretativo; «el hecho de que sea miembro de la RAE y la forma en que mima las palabras, enriquece el personaje» de manera muy notable. «En la película, un personaje le dice a Unamuno: ‘Si sus palabras fueran armas, provocarían una masacre’. Creo que Gómez es el único actor que puede usar las palabras como armas. Él ha dicho reiteradamente que esta interpretación es la mejor que ha hecho en el cine», explica el director.

La película será presentada el martes en el Teatro Liceo de Salamanca por el periodista y escritor Manuel Hidalgo, colaborador de EL MUNDO, y los propios Menchón y Gómez. Tras la proyección se celebrará un coloquio con el público asistente.

Al día siguiente, 12 de octubre, coincidiendo con los 80 años justos del lance entre Unamuno y Millán Astray, tendrá lugar el acto principal de esta efeméride, que se ha titulado como el discurso del viejo rector, Venceréis pero no convenceréis. Para empezar, un coloquio que se celebrará en el lugar mismo del duelo, el paraninfo de la Universidad de Salamanca. Lo moderará el periodista Juan Cruz e intervendrán Octavio Ruiz-Manjón, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense, Manuel Menchón y los autores de una de las biografías más detalladas de Unamuno -y grandes estudiosos de su vida y obra-, Jean-Claude y Colette Rabaté.

A continuación, José Luis Gómez realizará una dramatización de la trifulca en el paraninfo. Como en la película, él será Unamuno y la réplica en el papel de Millán Astray se la dará un actor sobre el que Manuel Menchón prefiere mantener la sorpresa.

Lo siguiente previsto es una serie de lecturas a cargo de José Luis Gómez, enmarcadas bajo la denominación Las últimas palabras de Unamuno. El actor comenzará reproduciendo el discurso que se atribuye al rector en el célebre enfrentamiento, cuya literalidad está sujeta a discusión aún hoy. Los Rabaté aseguran, por ejemplo, que el pasaje en el que reprobaba los ataques del orador Francisco Maldonado a vascos y catalanes continuaba así: «Bolchevismo y fascismo son las dos formas -cóncava y convexa- de una misma y sola enfermedad».

Jon Juaristi, que publicó en 2012 otra de las mejores biografías sobre el pensador vasco, cree improbable una reflexión como ésa «en una intervención que tenía que ser necesariamente clara y concisa» y que «terminó ahogada en un pandemónium» del que Unamuno salió indemne gracias a la intervención de Carmen Polo de Franco, que lo tomó del brazo mientras indicaba a su escolta que les abrieran paso hasta la salida.

José Luis Gómez continuará con la lectura de los dos últimos poemas escritos por Unamuno antes de morir el día de Nochevieja del 36. En uno de ellos, del 28 de diciembre, habla de una muerte que acaso siente ya a la vuelta de la esquina.

Gómez leerá para terminar la última carta de Unamuno de que se tiene noticia. Se trata de una misiva a su amigo el escultor bilbaíno Quintín de Torre en la que se arrepiente de su «candidez» por haber apoyado en primera instancia a Franco -como solución de urgencia-, despotrica contra el general Mola, a quien tilda de «monstruo de perversidad, ponzoñoso y rencoroso» como responsable del bombardeo de Guernica, y abjura de los métodos de los nacionales.

Ni son civiles «ni son occidentales sino africanos -escribe- ni menos son cristianos. Porque el grosero catolicismo tradicionalista español apenas tiene nada de cristiano». Bajo el arresto domiciliario en el que morirá, Unamuno recupera sus palabras en el paraninfo de su universidad: «Así nunca llegará la paz verdadera. Vencerán, pero no convencerán; conquistarán, pero no convertirán».

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