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El verano empieza y acaba cuando abre y cierra Space.


MÚSICA.- Testigo directo

El cierre de Space Ibiza: 20 horas de música, lágrimas y ‘love is in the air’

  • Carl Cox se despide del icónico club ibicenco de Platja d’en Bossa con la clausura del festival de electrónica del verano en una noche de vértigo.
  • Los que bailaron en Space

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Miles de ‘clubbers’ despiden el mítico Space en Ibiza ANA RUIZ DE VILLOTA

ISABEL F. LANTIGUA… Ibiza… 03/10/2016 17:54

 

El cierre duró oficialmente 20 horas pero, en realidad, la despedida definitiva de Space Ibiza lleva alargándose todo el verano. Sin invitaciones (casi), sin listas (casi) y con muy pocas entradas a la venta por Internet, la incertidumbre y la espera para lograr un pase -a 100 euros, con dos copas incluidas- y no perderse el acontecimiento del año en lo que a música electrónica se refiere fue casi tan larga como la fiesta. Las semanas previas no quedaba prácticamente nadie en la isla que no hubiese recibido una llamada preguntando alguna novedad sobre los tickets, el mayor objeto de deseo de los ‘clubbers’.

Una vez superados los nervios y las colas, quienes accedían desde las 16.00 horas del domingo a la última fiesta de un local ya mítico lo hacían como quienes entraban un día antes al Comité federal del PSOE, conscientes de que iban a vivir un momento histórico. En Platja d’en Bossa (donde está en Space) hubo, como en Ferraz, críticos, conciliadores, algunos dispuestos a resistir todas las presiones, otros que buscaban alianzas insospechadas y, también, quienes dimitieron antes de lo previsto. Y en medio, Carl Cox, como la única autoridad en la cabina de los DJs.

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Dentro, con el aforo a rebosar, se mezclaban la emoción, las prisas y las ganas por hacer de esas horas algo inolvidable con un caos controlado y demasiadas aglomeraciones para cambiar de una sala a otra. La mayor confusión llegó en torno a las 3.00 de la madrugada, después de que Cox cerrara su actuación en el parking con el Imagine de John Lennon acompañado por un coro góspel y la policía interviniera para prohibir que se siguiera poniendo música en esa zona (como estaba previsto en el programa), según contaban los camareros ante las reclamaciones de varios ‘indignados’.

Al margen de eso y de alguna queja por falta de personal en las barras, el ambiente de la noche y de parte del día estuvo dominado por escenarios con buenos juegos de luces, copas a 18 euros (13 la cerveza, ocho el mini botellín de agua), camisetas de tirantes, gorras, gafas de sol, zapatillas deportivas, manos arriba al ritmo de los platos, ojos muy abiertos y diversión a la altura de los decibelios. “Esto hay que sentirlo, sin más”, decía María, que no quería perderse por nada del mundo el cierre de Space y se había pedido el día libre en el trabajo con la excusa de que tenía una boda.

“Somos una familia, pertenecemos a este sitio y nada de lo que hagan ahora aquí podrá compararse con lo que se ha vivido en Space”, afirmaba Ana, en alusión a la nueva discoteca que el grupo Matutes pretende hacer en el hueco que ahora queda disponible. Con estrellas en la cabina de la talla de Bob Sinclair, Wally Lopez, Tale of us, Josh Wink, DJ Oliver, Steve Lawler, la sorpresa de la mañana Solomun, y una interminable lista de pesos pesados del tecno, el house y la electrónica, Space entró por todo lo alto en el ‘club de los 27’ -el de las estrellas como Amy Winehouse, Janis Joplin o Jimi Hendrix que murieron a esa edad-.

Tampoco faltó a la cita Rebeka Brown, que empezó en las matinées del local y poco a poco se ha ganado el respeto de la escena musical. Se hizo esperar y le falló el sonido, por lo que pidió perdón, pero le sobró voluntad y buen rollo, suplió con actitud la falta de volumen del micrófono y se metió a la mayoría del público (no así a los técnicos de mesa) en el bolsillo. Acabó regalando CDs.

Hubo lágrimas de los trabajadores actuales y antiguos, que prefieren no considerar la desaparición de lo que ha sido su casa como “el fin de una era”, sino como el “inicio de la leyenda”, que comenzó en 1989 cuando Pepe Roselló se hizo cargo de un club diferente, en el que lo importante era la “música, música y más música”, donde todo el mundo tenía cabida, donde no había horarios ni reglas, salvo estar a gusto y pasarlo bien.

Space Ibiza convirtió en 1999 los domingos en su día grande y la apatía de las horas previas al inicio de la jornada laboral en un maratón de 22 horas, de 8 de la mañana a 6 de la mañana del lunes, para ofrecer un festival día-noche como jamás se había visto en la isla. Por eso no es casual que el cierre definitivo de uno de los clubs más galardonados del mundo haya sido en domingo.

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Durante dos décadas hubo una norma no escrita en Ibiza, conocida y respetada por todos. El verano empezaba y acababa cuando abría y cerraba Space. Este lunes a mediodía, después de unas palabras de agradecimiento de Pepe Roselló, de la despedida de Carl Cox, de los matineros que decían “qué pasada” y al ritmo de Love is in the air, cerró Space. Fin del verano en la isla.

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