Albherto's Blog
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Le dijo a Miss Paraguay: voy a por tabaco.


CRÓNICA

El final de la escapada de 8 años del falso Álvaro Domecq

 

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La modelo Rossana Villalba. Conoció a Jernaro con 28 años, en Asunción. DIARIO DE CÁDIZ

‘Jenaro y miss Boquerón pa’l talego del tirón’

Los Carnavales se han hecho eco de las aventuras del pícaro gaditano. Muchas agrupaciones le cantaron, pero las más divertidas son el romancero Jenaro y Miss Boquerón y la chirigota Los Michelines, que cantaban La Rumba de Jenaro:
Romancero: «Cádiz presume tener / un escapista profesional / joé, me bañé en Tarifa / y hasta Paraguay fui a parar»… «Por tradición familiar / me bautizaron Jenaro / y te juro por mis muertos / que me suena un poco raro»… «Soy un artista del escape / señora, que no es destape / y ni el mismísimo Houdini / es capaz de superarme»

«Jenaro era uno que buceaba / muy cerquita de Tarifa, donde se ahogó / tenía unas trampas que le agobiaban / milagro que al tercer día resucitó» … «Se fue a buscarse piba al Paraguay / le dijo a la chavala: yo estoy en el taco / le hizo una barriga y volvió pa Cai / le dijo a Miss Paraguay: voy a por tabaco».

https://youtu.be /QPxqfGWIeCg

carnaval cadiz 2010 – MICHELINES

LAURA GAROFANO…. 26/09/2016 03:02

Un hombre, un traje de buzo y una playa del sur. El hombre se llama Jenaro Jiménez. El traje es de neopreno, recién comprado, y él pretende que se convierta en su mortaja. Y la playa, la de los Alemanes en Zahara de los Atunes (Cádiz), la puerta de escape para huir en bicicleta a Gibraltar, desaparecer para siempre y dejar tras de sí la noticia de que había muerto ahogado.

Ésta es la historia del tramposo corredor de seguros, metido en negocios inmobiliarios y de hostelería, conocido niño bien de Cádiz, de 49 años, que durante ocho, desde aquel 13 de abril de 2008 en el que se enfundó el traje de buceo, y huyendo de sus abultadas causas judiciales, ha protagonizado dos fugas que lo han llevado, entre Paraguay y Hungría, a escribir el último gran capítulo de la España más pícara. Se hacía llamar nada menos que Álvaro Domecq, y hasta las chirigotas de Cádiz han cantado sus peripecias: estafas, mujeres engañadas -incluida una ex miss y una bella azafata húngara-, hijos abandonados… Y así habría seguido si no fuera por un soplo a la Policía Nacional que también llegó a esta periodista y que terminó con la localización del falso Domecq el pasado 16 de septiembre en Budapest. Llevaba casi una década de tocata y fuga…

Su primera huida, digna de película, sucedió allí, en aguas andaluzas. En casa Jenaro dijo que se iba a pescar, y cogió el coche. «Le gustaba la pesca», dice una persona de su entorno. «Pero la pesca a caña. Él era más de tumbing», y la pesca submarina «no la había practicado en su vida». Cuando no apareció, saltaron todas las alarmas, pero la Policía cuestionó pronto aquella supuesta muerte a la luz de los indicios que iban apareciendo. El viernes, dos días antes, había cogido los 47.000 euros que le dio su concuñado para adquirir un piso, una suma que ese domingo le ayudó a tomar un vuelo desde Gibraltar hasta Londres. Desde allí voló hasta Paraguay vía Sao Paulo. Sobre cómo recorrió los kilómetros de carretera desde Atlanterra a Gibraltar, la versión más extendida indica que los hizo, con sus 90 kilos de peso y su considerable altura, en bicicleta. Ochenta kilómetros por la carretera N-IV.

En Cádiz dejó a un hijo de siete años y a su mujer, Anabel, embarazada de ocho meses de una niña a la que él no conoce todavía hoy. En aquel momento, la historia es un mazazo. Una tragedia. Marido, padre, hijo, hermano… que se ahoga en el mar. Fuentes cercanas a la familia indican ahora que «jamás» sospecharon que pudiera hacer lo que hizo. De hecho, al principio el embarazo de su mujer hacía descartar la hipótesis del suicidio o de la huida. Era impensable. Pero en poco tiempo, y conforme fueron aparecieron numerosos acreedores, además de los 47.000 euros que le pagó su concuñado para adquirir un piso que nunca compró, tan sólo dos días antes de irse a pescar, hicieron levantar sospechas.

En Paraguay discurre una de las mayores cuartetas cómicas del «personaje», como le califican los que le conocieron. Para ocultar su identidad, Jenaro decide llamarse Álvaro Domecq y Carvajal. En los mentideros gaditanos, cuando se descubrió que había fingido su muerte y que además se había cambiado el nombre por ese en concreto, hubo guasa con que eligiera el de un jerezano en lugar del de un gaditano. «Por sus aires de grandeza, no se iba a poner Pedro Pérez», sostiene una persona de su entorno.

En Asunción, la capital, conoció en un centro comercial a una belleza de 28 años, Rossana Villalba, que tres años antes se había presentado a Miss Paraguay tras ganar el título de Miss Boquerón, el nombre de su estado, al noroeste del país. Con 1,69 metros de estatura y unas medidas de 84-59-90, según reza en su ficha como candidata, ella le dio una hija a la que llamaron Antonia Isabel. Aunque Jenaro, o mejor dicho, Álvaro Domecq, siempre la llamó Anabel, como su todavía mujer española.

Un año después, «ése, el que se puso Álvaro Domecq», como lo llaman en Cádiz, regresó a España, pero volvió a fugarse. Fue su segunda huida. Desde Málaga se escapó a Europa del Este con una ex azafata de Ryanair, una húngara llamada Mária Angocs. Según le llegó a la Policía, ha estado viviendo desde 2012 en las cercanías de Bucarest (Rumanía) al amparo de su nueva familia política, adinerada, que se dedica a la explotación de sus tierras. Aunque quizá fuera en Budapest (Hungría), la patria de su nueva compañera. Ella abandonó la aerolínea irlandesa y abrió un negocio de belleza y estética.

Este verano todos estos datos llegaron a oídos de la Policía Nacional de Cádiz, que inmediatamente reactivó la búsqueda de Jenaro. La orden de búsqueda y captura internacional la dictó la Interpol. Su detención tuvo lugar en la capital húngara. Ella le acompañaba.

Su romance primero con la miss paraguaya y después con la azafata de Ryanair, también una belleza de impresión, no hace más que aumentar la leyenda en torno a Jenaro. Porque los que le conocían se preguntan cómo es posible que el pícaro gaditano, «que no es precisamente Robert Redford», pueda enamorar a semejantes mujeres. La respuesta es unánime: todos coinciden en que Jenaro «tiene mucha labia, muchísima, y cuando quería, era simpático y gracioso, te reías mucho con él».

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LA VOZ DE CÁDIZ

De familia con dinero

Jenaro Jiménez pertenece a una de las consideradas familias bien de la capital gaditana. Su padre fue vicepresidente del Colegio de Graduados Sociales de Cádiz y propietario de una de las asesorías jurídicas y de empresa más importantes de la capital gaditana, hoy en manos de los hermanos de Jenaro. Con estos mimbres, ¿cómo puede ser que Jenaro haya acabado huyendo en dos ocasiones, cuando además está condenado a dos años de cárcel por estafa y tiene numerosas causas judiciales abiertas por presunta estafa o falsedad documental? ¿Cómo puede ser que llegase al límite de fingir su propia muerte y abandonar a su familia?

«Siempre quiso más», indican fuentes cercanas. «Siempre le gustó alardear, aparentar más de lo que era. Y creó una bola que no pudo parar».

Estudió en el colegio Guadalete, del Opus Dei, en El Puerto de Santa María, donde sus compañeros le recuerdan como un estudiante «del montón», que ya «apuntaba maneras» y que ante los suspensos, «falsificaba las notas para que su padre no le riñera». Al acabar COU, comenzó Derecho en la Universidad de Navarra, en la que sólo duró un año. Volvió a Cádiz y se matriculó en la Escuela de Relaciones Laborales, pero tampoco terminó. Sin embargo, sí se hizo la foto de la orla de la primera promoción, colgada junto a todas las demás en uno de los pasillos del centro. Curiosamente, Jenaro tuvo de profesor de Derecho Procesal a Antonio Fernández, ex consejero de Empleo de la Junta de Andalucía y encausado en la trama de los ERE.

“Le arruinó la vida”

Finalmente, su padre, que dentro de sus negocios contaba con una correduría de seguros, optó por cederle su cartera. Así que Jenaro se hizo corredor de seguros. Y se casó con su novia desde los 15 años, Anabel, una chica de su pandilla, sencilla, «muy buena, que se encargaba de bajarle los humos». Con ella tuvo dos hijos y una niña a la que no conoce. El primero de sus ellos, Jenaro, falleció en trágicas circunstancias cuando, con dos años, se ahogó en una fuente con muy pocos centímetros de agua, en el chalé familiar. En Cádiz dicen que a raíz de esa pérdida Jenaro nunca volvió a ser el mismo.

El matrimonio «vivía bien, tenían dos sueldos», comenta una fuente que, como todas las consultadas para este reportaje, prefiere mantenerse en el anonimato. Su mujer «no tenía ni idea de los tejemanejes de su marido». De repente, Jenaro se ahoga en la playa de los Alemanes. Tras su supuesta muerte «comienzan a llegar notificaciones de préstamos bancarios, dos o tres meses de impagos de la hipoteca de la casa…». Tenían régimen de gananciales. «Le arruinó la vida, a ella y a su hijo».

Con su ex mujer tiene, a día de hoy, dos causas judiciales abiertas, una por abandono del hogar y otra por supuesta falsedad documental, al haber utilizado presuntamente un poder notarial que ella, cuando nació su segundo hijo, le cedió para que durante la baja maternal ella no tuviera que ir a firmar. «Ese poder notarial fue revocado en presencia de ambos y de un notario, y luego, ya con todo el lío, fueron apareciendo requerimientos de pagos de préstamos que se habían firmado presuntamente a nombre de ella, con ese poder notarial que a todas luces ya no existía».

Anabel tuvo que irse a vivir con sus padres porque perdió la casa. «He estado durmiendo con mi enemigo», cuentan que llegó a decir cuando todo saltó por los aires y en Cádiz se dispararon los bulos sobre el tren de vida de Jenaro, como que cuando invitaba a los amigos a casa a ver el fútbol, contrataba un catering. «¿El catering? Era ella, friendo pescado».

Uno de sus ex socios, que también le demandó por presunta estafa, señala que el sumario de su causa contiene la investigación policial de la UDYCO, «de 12 tomos», donde, entre otros aspectos, se recoge que tuvo «hasta 50 cuentas bancarias abiertas de manera simultánea». Este socio, muy conocido en Cádiz y que tampoco quiere que se publique su nombre, explica que tuvo una lesión de espalda que le impidió ocuparse del negocio que tenían en común durante tres meses. «Por eso me pidió que le vendiera el 51% de mi parte. Lo hice, y pronto empezó a despedir a gente y a cerrar locales, y a mí el dinero de la venta no me entraba». Intentaron localizarle por burofax, para que diera cuenta de la situación, «y al poco tiempo llegó el 13 de abril, el día que pasó lo de Atlanterra, una muerte que no se creyó nadie». Su ex socio lo denunció por una presunta estafa «que la Policía cifró en 646.000 euros». Otra causa judicial más.

También cuentan sus allegados que a Jenaro «se le veía venir de lejos». «Siempre lo vi tremendamente torpe, vamos, que se le veía venir, por lo que no me explico cómo engatusaba a la gente». Es conocida en Cádiz la historia de un negocio de Jenaro Jiménez en el que «estaba metido un conocido general venezolano del Gobierno de Chávez». «El negocio consistía en comprar un petrolero venezolano y venderlo a Rusia, con una ganancia de un millón y medio de euros por barco». La rocambolesca historia no cuajó «porque nadie da duros a cuatro pesetas, y efectivamente, finalmente también era un engaño».

De la cárcel a la libertad

No se sabe por qué -si fue porque a Jenaro se le acababa el dinero, o si realmente se sentía culpable por el dolor causado a sus familiares-, pero tras un año en su refugio paraguayo el falso Álvaro Domecq contactó con sus familia carnal, y a partir de ahí comenzó a negociar con la Policía para volver a Cádiz. En el país latinoamericano dejó a su nueva hija, de tan sólo dos meses. Su pareja entonces, la ex miss -que también es licenciada en Matemáticas y actualmente imparte clases en la Facultad Politécnica de Asunción-, no sabía nada. Descubrió la verdadera identidad de Jenaro a través de los medios de comunicación.

Al volver a España, el 13 de agosto de 2009, Jenaro fue detenido en el aeropuerto de Barajas. Su padre, que siempre había respondido por él, «se negó a pagarle la fianza para darle un escarmiento», relatan las fuentes consultadas. Su destino: la cárcel de Puerto II en Cádiz. Entonces su todavía mujer le planteó la demanda de divorcio, que le hicieron firmar tan pronto como pisó el juzgado. «Había una cola de cuatro o cinco funcionarios para que Jenaro les fuera firmando, de la cantidad de notificaciones judiciales que tenía pendientes», recuerda una de las personas que estuvo presente ese día. La realidad se le echaba encima en decenas de papeles.

Ya ante el juez, y cuestionado sobre su muerte fingida, Jenaro llegó a sostener la versión de que nunca quiso fingir su muerte, sino que su primera intención fue la suicidarse «al sospechar que su ex mujer le había sido infiel, y que la niña podría no ser suya». Contó que se inyectó insulina y se metió en el mar, esperando hundirse. Y esperó. Y esperó. Y como no se hundía, decidió marcharse a Paraguay…

Tanto al juez de lo Penal, como posteriormente al de la Audiencia Provincial de Cádiz, la versión de Jenaro les pareció “absurda“, principalmente porque nadie que quiera acabar con su vida de esa manera necesita un traje de neopreno. Pero también porque existían otros indicios de planificación previa, como los vuelos, el destino y la suma de dinero, y porque pocos días antes había firmado numerosas pólizas de seguros con indemnizaciones millonarias en caso de muerte accidental.

La libertad la recobró pronto. Jenaro salió de la prisión en la que había estado tres meses tras pagar una fianza de 3.000 euros. Durante dos años vivió como quiso. Hasta marzo de 2012 no vuelve a ser detenido en su domicilio en Chiclana de la Frontera (Cádiz), donde residía después sin habérselo comunicado al juzgado. Estaba en búsqueda y captura porque no se le podía localizar para entregarle las notificaciones judiciales que tenía pendientes. Ese mismo día, de nuevo, quedó en libertad.

Después llegó la condena del Juzgado número 4 de Cádiz por una falta de injurias y vejaciones: Jenaro, según la sentencia, aprovechó la publicación de una esquela de una tía de su ex mujer para insultar, en su versión digital, a los parientes más próximos de ésta con frases como «Rafael, Joaquín, Antonia… Que os den por culo. Me alegro de vuestro dolor. Me alegro del dolor de Rafael, de Joaquina, de la bruja de la hermana». La condena fue pagar 120 euros de indemnización y la prohibición durante cinco meses de comunicarse con los cuatro miembros de su antigua familia política por vía escrita, visual, verbal o telemática.

Su siguiente salto fue a Málaga. Allí recibía las notificaciones judiciales y desde allí, presuntamente, escapó de nuevo. Hasta que lo cazaron. En estos días será extraditado a España para ingresar en prisión y cumplir con la primera sentencia de la cadena de causas que tiene abiertas por asuntos económicos. Los 47.000 euros que le estafó al marido de su ex concuñado, y que le sirvieron para llegar a Paraguay, son también los que, ocho años más tarde, lo devolverán a la cárcel.

«Agobiado por las deudas/ y con el agua hasta el cuello/ no me lo pensé dos veces/ me puse mi neopreno»… Es una de las letrillas que las chirigotas del Carnaval han dedicado a Jenaro Jiménez, el pícaro donjuán que tuvo en su tierra hasta un romancero: se llama Jenaro y Miss Boquerón, pal talego del tirón. Le falta el epílogo: su segunda fuga, a Europa del Este, y el soplo que acabó con la última escapada del falso Álvaro Domecq.

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