Albherto's Blog
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Moda

Despedidas de soltera a lo bestia

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Foto: Sami Drasin

ELISABETH IBORRA…. 17/09/2016 04:24

La entrada del local especializado en despedidas de soltera está repleta de amigas esperando a las novias, que arriban en limusinas (alrededor de 500 euros la noche). El ‘show’ erótico (unos 50 euros con ‘drag’ y bus hasta la discoteca) comienza con los ‘boys’ calentando el ambiente desde el recibimiento, cuando a la novia, aún un poco cortada, la plantan ante una reproducción del pene de Nacho Vidal para que succione la bebida durante toda la noche a través de la cañita. A partir de ahí, la timidez solo irá en descenso colectivo, como avisa un ‘stripper’ entrevistado en directo: “Toda mujer después de dos copitas de Lambrusco, da igual que esté la madre, la suegra o la cuñada, se transforma”.

En efecto, terminada la cena, durante la actuación de los chicos algunas intentarán arrancarles los disfraces de ‘porno-star’ y asirse a sus partes bajas al grito de “esta noche, esta polla es mía”. Más divertido por imprevisible es cuando a una asistente la revolean como parte del numerito y se da en la cabeza con un foco de la luz, pero ni se entera, o al menos no se la oye protestar.

Originariamente masculino, el ritual de despedirse por la vía festivo-erótica está hoy más que consolidado entre las mujeres. A partir del surgimiento de los clubes de ‘boys’ y las reuniones de ‘tuppersex’, la industria en torno a este evento ha crecido y se ha diversificado hasta niveles insospechados. La demanda es alta. Y la actitud, distinta. Como nos confía un ‘stripper’ que prefiere mantener su nombre en el anonimato, “los hombres son mucho más tranquilos, jamás se atreven a tocar nada a nuestras compañeras”. Uno de sus colegas recuerda no obstante con cierta congoja “aquella vez que se me desnudó una mujer en el escenario pidiéndome que la montara allí mismo”.

Pero es que para eso se hicieron las despedidas de soltera, al fin y al cabo, ¿no? Para explayarse como nunca lo has hecho antes ni volverás a hacer en tu vida, y mucho menos en tu propia ciudad. Que haya cientos de miles de testigos es lo de menos, porque como tú vas ciega, es como si nadie presenciara que le estás tirando los trastos al ‘stripper’… ¡pese a ser la abuela de la novia!: “Ay, hijo mío, si te llego a pillar en mis tiempos…” (es real).

En consecuencia, las despedidas de soltera y hasta del matrimonio, que se conocen como santos divorcios, están en desorbitado auge en toda España, con especial intensidad en zonas especializadas como Granada, Ibiza, determinadas localidades mallorquinas (como la tristemente mítica Magaluf), Salou, Benidorm, Salamanca, Zaragoza, Mojácar o Madrid.

Jaime Fernández, portavoz de la web tudespedida.com, confirma el aumento de la demanda, “sobre todo desde Madrid, y de chicas, que se inclinan más por los restaurantes eróticos, mientras ellos optan por las actividades de aventura”. Pero lo cierto es que ellas no se conforman solo con una noche loca. La despedida se ha extendido a un día completo, muchas veces a un fin de semana, y a menudo incluye un viaje. Por supuesto, a esa demanda han respondido cientos de empresas organizadoras de eventos especializada en paquetes todo incluido, lo que fomenta la competencia a nivel de originalidad y precios, desde 25 euros por persona hacia arriba.

Por ejemplo, las ofertas más populares contratadas a través de tudespedida.com son “los ‘packs’ que ofrecemos en Eurofiestas -un complejo situado cerca de Navalcarnero que cuenta con plaza de toros, carpas, restaurantes, campo de ‘paintball’…- y la más original pero menos contratada Reality Adventure (35 euros por persona), consistente en la grabación de un ‘reality show’ de la despedida, a lo Supervivientes. Se ve que a la gente no le gusta dejar pruebas de lo que ha hecho ese día”.

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Foto: Shutterstock

Pocas son las despedidas sin alcohol y algunas, las que vienen marcadas por la rotunda negativa de la novia a hacer el ridículo. En ese caso, en tudespedida.com ofrecen alternativas como “un paseo turístico en barco por el Tajo con visita guiada de regalo a los jardines de Aranjuez”.

A veces la cosa se desmadra. Se ha visto a novias con la bandera de España en la cabeza dándolo todo por la patria con un ‘boy-policía’, completos desconocidos manteniendo relaciones sexuales en plena calle y, muchas, demasiadas vomitonas y pérdidas de conciencia en la vía pública. Comportamientos que afectan negativamente incluso al patrimonio, según la arquitecta granadina Blanca Espigares: “No sabemos por qué no actúan las autoridades, nos resulta un completo misterio. Los fines de semana hordas de gente disfrazada descarga sus necesidades en cualquier esquina, pertenezca o no a un edificio histórico, hace pintadas, ocupa plazas… y eso supone una degradación para la ciudad. Por un lado, porque el turismo cultural se espanta; y por otro, porque daña físicamente al propio patrimonio”.

Granada parece que se lleva la palma como destino predilecto en el Sur, si bien Mojácar y Conil le van a la zaga y cada año están más llenas de procesiones de chicas que despiden a una amiga armando ruido por toda la ciudad, algo que la abogada Almudena Muñoz compara con las antiguas manolas, “esas mujeres casaderas que acompañan a un Cristo en procesión” (sustitúyase Cristo por prometida).

En la capital de la Alhambra esta moda arrancó cuando las empresas empezaron a ofertar el paquete de despedida con el que un burrotaxi (37euros/persona) subía a la novia al mirador de San Nicolás. “Quizá lo peor fue ver a una novia borracha caerse del burro”, rememora Espigares. Almudena Muñoz, por su parte, apunta: “En ese momento, el Ayuntamiento debió cortar de raíz”.

¿De quién es la responsabilidad del desmadre? Ese es el quid de la cuestión. ¿De las instituciones públicas que lo permiten e incluso lo fomentan, o de las empresas que sacan tajada del fenómeno? ¿O incluso de las personas, que han convertido estas fiestas en una válvula de escape similar a la que antiguamente encontró el pueblo en el Carnaval, sin conciencia ni límites?

Y es que, supuestamente, el pack Reina por un día (88 euros aprox) no le haría daño a nadie si se limitara a maquillar y vestir a la novia para hacerle una sesión fotográfica histórica que ni las portadas de las revistas de moda. El problema es que eso va acompañado de alojamiento + cena con espectáculo + bono copas + reina por un día + ‘tuppersex’. Y la reina puede acabar hecha unos zorros. E incluso preguntándose qué hace en la cama con un desconocido.

Los excesos han aumentado hasta el punto de que algunos ayuntamientos, como el de Mojácar en Almería, están prohibiendo con ordenanzas determinadas prácticas ya míticas, como la de que las chicas paseen por las calles exhibiendo penes en la cabeza. Al igual que hay bares que aprovechan el derecho de admisión para negar la entrada a los grupos de despedidas, por ejemplo, en Logroño. Porque no van precisamente a catar buenos vinos, sino “alcoholazo puro y duro hasta acabar moradísimas y gritando rimas con el cinco en un megapedo colectivo, disfrazadas de viuda y plañideras, miss y damas de honor, pastorcita y rebaño…”, como describe el periodista Juan Pablo González refiriéndose a San Sebastián.

En Zaragoza, el Ayuntamiento ha publicado una ordenanza que prohíbe las charangas en las despedidas, para felicidad de los vecinos-víctimas. Como dice Marta Ariza, una de ellas: “Yo lo veo bien, la verdad, el centro está lleno de locas con tutú y pollas en la cabeza; encima con orquesta ya era demasiado”. También en Granada la ciudadanía ha tomado cartas en el asunto. En concreto la Asociación Bajo Albaicín está siendo muy activa contra escenitas como la que relata Blanca: “En las afueras, en un bulevar lleno de ancianos paseando y niños montando en columpios, un sábado Día del Libro, dos ‘strippers’ que solo llevaban un trapito cubriéndoles las partes portaban una plataforma con una chica vestida con una toga y recostada sobre cojines. En un momento dado, la dejaron sobre el suelo y los ‘boys’ le hicieron un bailecito para acabar con sus partes dándole en la cara a través del trapito con el que se tapaban ligeramente, mientras las amigas gritaban ‘¡que chupe, que chupe!'”.

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