Albherto's Blog
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Palabras mayores


199 RECETAS INFALIBLES DE LA CORRECCIÓN

10 cosas que deberías tener muy claras si quieres hablar y escribir correctamente

Un libro nos enseña a manejarnos un poco mejor en nuestro idioma y a desterrar algunos de los prejuicios que suelen circular sobre la situación de nuestra lengua en el siglo XXI
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Los autores recuerdan que internacionalmente, para nombrar a nuestro idioma se suele emplear el equivalente a “español”. (iStock)
02.11.201505:00 H. – Actualizado: 26.08.2016 – 17:35H.

No cabe ninguna duda de que disfrutamos siendo apocalípticos. Por eso nos gusta recordar una y otra vez lo mal que hablamos, escribimos y nos comunicamos con los demás, en parte por los adelantos tecnológicos que, en teoría, han desencadenado una ola imparable de analfabetismo, pero también por el conservadurismo de determinadas academias. Sin embargo, y aunque cada vez tengamos más dudas, eso no quiere decir necesariamente que hablemos peor.

Un fantástico libro para entender un poco mejor el estado del castellano (perdón, español… ¿o no?) es ‘Palabras mayores. 199 recetas infalibles para expresarse bien’ (Vox), que han diseñado en comandita el fundador de la Fundeu Alberto Gómez Font, el traductor y divulgador Xosé Castro, el fundador de Cálamo y Cran Antonio Martín Fernández y el profesor de la Universidad Anáhuac de México Jorge de Buen. Si resulta revelador no es únicamente por ser un buen manual de referencia, sino también por poner en su sitio algunas de las grandes leyendas que circulan sobre nuestro idioma.

“Todo corrector que comienza a trabajar sueña con una normativa que dé respuesta a todos los problemas”, se puede leer en el libro. “De hecho, lo ideal es que todo lo que se salga de la normativa sea un error, pero la vida siempre viene a contradecirnos”. La frontera entre lo correcto y lo incorrecto es en ocasiones como la marea de una playa, que cambia continuamente. Además, los autores niegan otras máximas como que los extranjerismos nos amenacen. “Es más, no se podría vivir sin ellos”. A continuación recogemos 10 de los puntos sobre los que más dudas suelen surgir.

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“Ipso facto” y otros latinismos evitables

La lengua dice mucho de nosotros y de nuestro nivel cultural, por lo que muchos se esfuerzan por adornar su lenguaje, a menudo, de manera exagerada. Una buena muestra son los discursos plagados de latinismos que tienen equivalentes en español. ¿Por qué decir “motu proprio” si podemos utilizar “voluntariamente”? ¿No suena mejor “a grandes rasgos” que “grosso modo”? ¿No terminamos antes haciendo algo “inmediatamente” que “ipso facto”? La clave, en este caso, no es la corrección, sino el abuso en que incurrirnos para tirarnos el folio.

Mejor tener una “aventura” que un “affaire”

Los préstamos entre lenguas son habituales, pero en muchas ocasiones resultan superfluos al utilizarse para nombrar conceptos para los que ya existían palabras en castellano. ¿“Amateur” o “aficionado”? ¿“Feedback” o “retroalimentación”? ¿“Feeling” o “sensación”? En muchos casos, utilizamos dichas alternativas porque nos resultan más cómodas. Por ejemplo, al acortar “gimnasio” por “gym”. En otras, para que nuestras ideas suenen un poco mejor, como cuando llamamos al proceso de formación de nuestros empleados “training”.

La institucionalización de la ‘polisilabidad’

“El tamaño sí que importa”, deben pensar todos aquellos que tienden a usar polisílabos en lugar de sus equivalentes más cortos. “Anteriormente” puede ser sustituida fácilmente por “antes”, es preferible “chocar” contra un árbol que “colisionar” o llegar al “final” del libro en lugar de a su “finalización”. Ni “listados” ni “legalidad vigente” ni “recepcionar”, teniendo a mano “listas”, “leyes” y “recibir”.

Durante años, “ex” fue el único prefijo que no debía pegarse al sustantivo, lo que provocaba que muchos insertaran un guion (“ex-futbolista”)

Miembros y miembras

Cuántos ríos de tinta hizo correr la ministra socialista Bibiana Aído cuando salió de su boca aquello de “miembras”, ¿verdad? El libro recuerda que, a pesar de la polémica, nadie ha sido capaz de explicar por qué dicha palabra es incorrecta; tan sólo que en el diccionario de la RAE aparece como común en cuanto al género. Como ocurrió con otros términos como “socio”, muchas palabras que aparecían solo como masculino pasaron al común y a partir de ahí a su desdoblamiento femenino, por lo que “miembra” no tiene nada de excepcional.

Ex… ¿qué?

Los prefijos siempre nos dan problemas (¿juntos o pegados?) y “ex”, aún más. Durante años, fue el único que no debía pegarse al sustantivo al que afectaba, lo que provocaba que muchos, erróneamente, insertaran un guion entre ambos componentes (“ex-futbolista”). Según la última edición de la ‘Ortografía de la lengua española’, ya podemos reconciliar al prefijo con los sustantivos y escribirlos juntos (“expresidente”)… salvo que lo modificado sean dos palabras o más (“ex primer ministro”).

No te pases con el laísmo

Muchos de los errores que cometemos al hablar provienen de nuestro miedo a equivocarnos y parecer vulgares, lo que nos lleva a la hipercorrección. Uno de los ejemplos más claros son esas personas que jamás utilizan la palabra “la” como complemento directo, incluso cuando es perfectamente correcto. Si vas a llamar a tu novia, tendrás que decir que “la” vas a llamar, porque si dices que “le” vas a llamar, es posible que tus amigos empiecen a tener dudas sobre tu orientación sexual.

“Recordar que tenemos que irnos ya”

Una de las fórmulas más enervantes que se pueden ver hoy en día en toda clase de textos y documentos, así como discursos. Si quieres hablar ante un auditorio, resulta mejor empezar con “hoy quiero decirles que…” que el cada vez más común “decirles que…” El libro señala que “se trata de otra de esas modas que deforman al español y que van contra el genio de la lengua”, aunque es posible que su uso y abuso termine provocando que no nos moleste.

Resaltar una palabra implica “desresaltar” el resto del documento y provoca que nuestra atención se centre demasiado sobre ese elemento

Pasar a quirófano, subir a planta

El último grito entre las jergas técnicas parece ser eliminar artículos sin ton ni son, ¿quizá como influencia del inglés? Ello es evidente en las expresiones “entrar en quirófano” o “subir a planta”, que sustituyen a “entrar en el quirófano” o “subir a la planta”, que es lo que se habría dicho en cualquier otro lugar de España que no sea un hospital.

¿Cómo diablos se escribe Estados Unidos?

Quizá nunca nos lo habíamos planteado, pero hay un buen puñado de formas de sintetizar dicho nombre, pero tan sólo una buena. La única correcta es, aparte de “Estados Unidos de América”, “EE. UU.”, es decir, separada y con dos puntos. Así que nada de “EEUU”, “EE UU”, “E.E.U.U.”, “EE.UU.” o “EUA”, tan habitual en algunos países latinoamericanos.

¡Esto es IMPORTANTÍSIMO!

No es lícito poner en medio de un párrafo “algunas palabras en negrillas, en mayúsculas, subrayadas, de color distinto o de cualquier otra manera destacadas”, o corremos el riesgo de que ESTO se convierta en un auténtico circo. Hay buenas razones psicológicas para ello: resaltar una palabra implica “desresaltar” el resto del documento y provoca que nuestra atención se centre demasiado sobre ese elemento. Excepción hecha, ejem, de aquellos medios como este que lo utilizan como un rasgo de estilo que sus redactores deben acatar obedientemente.

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