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El emperador de Japón


‘ROYALS’.- Incertidumbre sobre el futuro del trono

Akihito, el emperador que no quiso imitar a su padre, Hirohito

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Akihito (izda) y su padre Hiroito. CORDON

JAVIER ESPINOSA. Corresponsal en Asia…. 14/08/2016 02:11

El diario japonés se permitió utilizar su editorial de aquella jornada para exigir la abdicación del emperador. “Su Majestad no puede evadir la responsabilidad que tiene por la situación en la que se encuentra actualmente Japón”, escribió Minpo.

La opinión del matutino nipón provocó una auténtica sensación en el país asiático, aunque similar a la que generaría al año siguiente el propio primo del monarca, el príncipe y primer ministro Naruhiko Hagashikuni, al reconocer en una entrevista con la agencia Kyodo que había ofrecido hasta tres fechas posibles al soberano para que cediera su puesto a un regente, que hubiera podido ser su hermano, Nobushito Takamatsu, que ocuparía ese cargo hasta que Akihito alcanzara la mayoría de edad.

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El emperador Akihito antes de cumplir la mayoría de edad. CORDON

Era la misma idea que sostuvieron personajes como Kido Koichi, el asesor más cercano del titular del trono, otro de los hermanos del jefe de Estado, el príncipe Mikasa o el príncipe Konoe, uno de los políticos más influyentes de esos años.

Japón puede que no haya asistido a la abdicación de un monarca desde hace casi 200 años pero los más viejos sí recuerdan el debate que rodeó (como ahora) a la hipótesis de que el emperador Hirohito dejara su puesto al concluir la Segunda Guerra Mundial, un legado que ha adquirido un nuevo significado ante el reciente mensaje de Akihito, solicitando tácitamente la renuncia al cargo.

Pese a que Hirohito admitió en 1946 que era “humano” y no un “dios viviente” como le consideraba la constitución vigente desde 1889, el emperador nunca asumió su última responsabilidad en los terribles crímenes cometidos por el ejército imperial, gracias en gran parte al general Douglas MacArthur, jefe militar norteamericano que tutelaba el país durante la ocupación, que se empeñó en “limpiar” su imagen y utilizar su figura para convertir a Japón en un aliado de EEUU contra los comunistas.

Un proyecto que como escribió el premio Pulitzer Herbert P. Bix “falsificó la historia” y -en palabras del citado Kido Koichi- pudo “dejar una cicatriz eterna” en la historia de la Casa Imperial japonesa.

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A la izquierda, el emperador Akihito y su mujer Michiko. A la derecha, el heredero Naruhito y su esposa, la princesa Masako. CORDON

La controversia en torno a las responsabilidades de Hirohito en la guerra y su hipotética abdicación fue un asunto recurrente de todo el proceso de transición post bélico.

Los juicios de Tokio de 1948, en los que se juzgó y condenó a muchos de los líderes japoneses, promovieron la discusión pública del posible abandono del Emperador hasta el punto de que MacArthur se vio obligado a intervenir una vez más para desaconsejar tal decisión.

Un alto cargo de la Casa Imperial, Tajima Minchiji, reconoció en sus diarios que el general norteamericano se lo había hecho saber al primer ministro Yoshida Shigeru y que el militar exigió una misiva real en la que se comprometiera a permanecer en el cargo.

“Estoy ahora decidido, más que nunca, a hacer lo mejor que pueda junto al pueblo japonés para superar las dificultades y acelerar la reconstrucción del país”, le respondió Hirohito.

Profundo conocedor de la historia de su país, la petición de Akihito confirma la significativa revisión que ha realizado del desempeño del papel real, vinculado ahora la defensa del pacifismo que adoptó Japón tras la contienda bélica. “El primer y principal deber del Emperador es rezar por la paz”, señaló en su discurso de poco más de 10 minutos.

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El emperador Akihito durante la lectura de su discurso. CORDON

Akihito, según la agencia Kyodo, comenzó a elucubrar sobre su retiro hace 5 ó 6 años, cuando su salud comenzó a deteriorarse -sufrió un cáncer en 2003 y una intervención cardiaca en 2012- y ya quiso pronunciarse en ese sentido en diciembre pasado, con motivo de su 82 cumpleaños.

Basándose también su sus experiencias pasadas, Akihito aclaró que quiere ser relevado de sus atributos para impedir, por ejemplo, que se reproduzca la parálisis que sufrió el país en los meses que antecedieron a la muerte de Hirohito en enero de 1989.

“Cuando el emperador está gravemente enfermo, me preocupa que como hemos visto en el pasado, la sociedad se quede bloqueada en un punto muerto y la vida de las personas se vea afectada de diversas maneras”, dijo.

LA CAJA DE PANDORA

Para Yohei Mori, un experto en la familia real de la Universidad de Seijo en Tokio, el debate sobre la abdicación abriría “una caja de Pandora” por las múltiples ramificaciones que tiene: desde la posibilidad de discutir la abolición de la citada ley Sálica que impide que las mujeres ocupen el trono a la posición legal de un ex monarca.

En realidad, las palabras de Akihito resucitan la interminable crisis que sufre la familia real desde hace años a causa de la misma normativa por la que se rige, anclada en la tradición, y que provocaría hechos tan singulares como que el título de “príncipe heredero” se quedara vacante ya que se exige que ese cargo se atribuya a un hijo del soberano y Naruhito sólo tiene una hija.

Si el hermano más joven de Naruhito, Akishino, asumiera las funciones (que no el puesto) de heredero, descolocaría a su vez todo el entramado de la Casa Imperial, que entre sus 20 miembros sólo cuenta con 5 varones.

La exclusión femenina anticipa una mengua acelerada de los integrantes de la Casa Imperial, ya que las mujeres pierden su condición real si se casan con un plebeyo, algo que no ocurre a la inversa.

“Habría que reducir el alcance de los deberes oficiales que lleva a cabo la familia real”, admitió Akira Momochi, un profesor de ley constitucional.

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Los actuales emperadores, Akihito y Michiko. CORDON

Los círculos conservadores que apoyan al primer ministro Shinzo Abe se oponen a cualquier modificación de este supuesto y por el contrario abogan por revisar una vez más la historia y rehabilitar a algunas de las 11 ramas de la antigua Casa Imperial excluidas de la misma por los ocupantes norteamericanos en medio del plan que diseñó MacArthur para exonerar a Hirohito de cualquier culpa en la guerra mundial.

Toda esta controversia alcanzó su clímax en 2005, cuando el primer ministro Koizumi Junichiro, intentó cambiar la Ley de la Casa Imperial para recuperar los derechos de las mujeres (en su historia Japón ha tenido más de media docena de emperatrices), pero su esfuerzo se disipó precisamente ante el nacimiento del primer varón de Akishino.

El anuncio del emperador ha colocado también en una compleja situación a Shinzo Abe, con quien ha protagonizado numerosos desencuentros dialécticos ante las veleidades revisionistas del político.

“Es interesante que si en el pasado un emperador era el núcleo central del sistema militarista, ahora el emperador se distancia de las fuerzas derechista en términos de actitud hacia la historia”, manifestó a la radio de su país, Yang Bojiang, director de estudios japoneses en la Academia China de Ciencias Sociales.

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Toda la familia real japonesa. CORDON

Abe pretende reformar la constitución de 1947 -la misma que fija las bases legal del trono- para desembarazarse de las constricciones pacifistas que fijaron los norteamericanos al finalizar la contienda bélica, pero sólo tiene como plazo hasta finales de 2018, cuando concluye su mandato al frente del partido gobernante.

Como escribía el matutino Mainichi, la discusión en torno al futuro del emperador puede arrinconar las prioridades del primer ministro y “encadenar a la administración”.

“Ocurra lo que ocurra, se convertirá en un asunto constitucional”, reconoció una fuente gubernamental al diario Asahi Shimbun.

“Si tomamos en serio las ideas del Emperador, la reforma constitucional también debería ser una opción muy seria”, le secundó el periódico derechista Sankei Shimbun.

Pero la reacción del público japonés a las palabras del soberano fue concluyente. Una encuesta de Kyodo registró un 86,6 por ciento a favor no sólo de que se le permita jubilarse sino que se legalice esa opción modificando la Ley de la Casa Imperial.

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