Albherto's Blog
Argonauta, en busca del Vellocino de Oro. Una navegación diaria por la blogosfera… ¡ y hasta aquí puedo escribir !

La Atlántida junto al coto de Doñana.


CRÓNICA

¿Ha encontrado Manuel la Atlántida?

  • Una cúpula de 450 metros de ancho, grandes pilares, una ciudadela… y más supuestos restos arqueológicos sepultados a entre 80 y 100 metros de profundidad junto al coto de Doñana.
  • A través de fotos hiperespectrales, un investigador autodidacta cree haber dado con la mítica ciudad de la que escribió Platón.
  • “Sin duda, ahí existe una obra humana”, dice un catedrático

Manuel conduce hacia el norte por una carretera que bordea la margen derecha del Guadalquivir. Por el retrovisor de su coche se dibuja el perfil de Sanlúcar de Barrameda, su pueblo, que pronto deja atrás. Delante aparecen los terrenos del coto de Doñana que se extienden del lado de la provincia de Cádiz. Al fondo, más allá de la desembocadura del río, se divisa Huelva. Llegado a un frondoso bosque de pinos, una valla le obliga a parar la marcha. El hombre se apea de su vehículo, camina unos metros por entre la arboleda y, sin miedo al error, dice: “Enterrada por millones de metros cúbicos de tierra y fango, bajo nuestros pies, yace una ciudad mítica levantada sobre una isla: es la Atlántida”.

Ahora, entre 10 y 12 milenios después de que el mar la hubiera sepultado -así dice el mito, ya que no existe certeza científica alguna-, Manuel Cuevas, un empresario vinícola y de la construcción, de 52 años y apasionado de la arqueología, asegura haber dado con la ubicación exacta de la Atlántida. La prueba de que la urbe descrita por Platón en algunos de sus Diálogos está bajo nuestros pies son unas imágenes hiperespectrales (utilizadas en la agricultura, la minería o la física para ver las diferentes capas de la tierra) que dan cuenta de restos arqueológicos de envergadura sepultados entre 80 y 100 metros bajo tierra. Y que casan bien con el relato platónico de la legendaria ciudad…

Aquella urbe, regida por una monarquía, habría contado con muelles, con inmensos torreones, con un gran edificio coronado por una cúpula esférica o con canales que llegaban a desembocar en el mar. Y Manuel dice ver restos de todo ello en las tomas aéreas que posee. “Las imágenes que tengo -tomadas desde el espacio por satélites- demuestran que bajo esta zona se extiende la Atlántida… No hay duda de que es ella. Calculo que se encuentra a unos 80 metros de profundidad. Quizás 100…”.

[La historia, o la leyenda -o quizás ambas, o ninguna-, cuenta que la Atlántida fue un lugar fundado por el dios Neptuno donde se instaló una civilización avanzada a su tiempo, próspera, combativa… Pero que acabaría sufriendo un castigo por la soberbia de sus habitantes, quienes con el paso de las generaciones olvidaron las tradiciones de sus mayores y las enseñanzas de los dioses.

El pensador heleno la citó, entre otros, mediante uno de sus personajes, Critias -discípulo de Sócrates-, quien la rememora a través del relato llegado a él en boca de sus antepasados. “Los hijos de Neptuno y sus descendientes (…) extendieron su dominación hasta el Egipto y la Tirrenia / La isla suministraba en abundancia todos los materiales que tienen necesidad las artes, y mantenía un gran número de animales salvajes y domesticados / Todos los perfumes que la tierra produce hoy, en cualquier lugar que sea, raíces, yerbas, plantas, se producían o se criaban en la isla”].

Dejó dicho Platón también que la Atlántida “en un solo día y de noche (…) desapareció en las profundidades del mar“. Y dice ahora Manuel que la isla quedó sepultada por un corrimiento de tierras a causa de un gran diluvio o de un maremoto, que en principio taponó la desembocadura del Guadalquivir pero que, al poco, el río fue capaz de remontar por el empuje de las aguas. Originariamente, la Atlántida “estaba a seis kilómetros de tierra firme”. Hoy, bajo tierra en el suelo que ahora pisa, una zona que está unida a Sanlúcar por su cara norte, cerca del poblado agrícola La Algaida.

El investigador, autodidacta desde la adolescencia, cuando empezó a recorrer en vespino junto a sus amigos los bosques que rodean su pueblo en una suerte de “juego a ser arqueólogos en busca de civilizaciones perdidas”, afirma que gracias a las imágenes aportadas por diversos satélites ha podido diferenciar entre naturaleza, sedimentos y estructuras arquitectónicas. Él está “seguro casi al 100%” de que lo que ha encontrado no es un asentamiento cualquiera, sino que está a las puertas de la Atlántida con la que el mismísimo ganador del Cervantes José Manuel Caballero Bonald ha fabulado en alguna ocasión.

En busca del catedrático

Manuel posee las imágenes desde el 4 de julio del pasado año, cuatro meses después de comenzar a cribar toda la información que le suministraban los satélites. Tras analizarlas con detenimiento, sorprendido e impactado por su “hallazgo”, decidió mostrárselas a Ramón Corzo, catedrático de Arqueología de la Universidad de Sevilla. El académico se prestó a reunirse con el investigador en su despacho de la capital andaluza. Corzo admite en una conversación telefónica con este periodista que en las fotos se observan “estructuras arquitectónicas provocadas por la acción humana”. Aunque “son sólo indicios” de la posible existencia de restos arqueológicos, rehúye hablar de la Atlántida, si bien reconoce que sería “interesante” que se practicara algún sondeo para “comprobar la existencia o no” de la ciudad enterrada.

“Hay que ser muy cautos porque no hay ningún dato que nos permita datar el asentamiento ni saber a qué profundidad se encuentra. Sólo lo sabríamos excavando. Pero resulta atractivo conocer con exactitud qué hay bajo esa tierra y la época de la que procede porque, sin duda, existe una obra humana”, precisa más el catedrático Corzo.

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En el yacimiento Cancho Roano (Badajoz) se muestra un dibujo de un guerrero junto a una serie de círculos concéntricos que muchos relacionan con la Atlántida. CRÓNICA

¿Entonces, no se puede hablar de la Atlántida?, se le cuestiona. “Es algo hecho por el hombre pero no se puede decir qué es exactamente. Puede haber pozos, muros, estructuras más grandes…”, responde. “Pero esa ciudad tiene tanto atractivo que ha generado mitos y leyendas. Vincular el hallazgo con ella es ir demasiado rápido y demasiado lejos”.

Tras recorrer en coche el camino de vuelta hacia Sanlúcar y llegar hasta la casa del investigador, Manuel enciende su portátil y muestra las imágenes que ha obtenido. Algunas de ellas, ya impresas, las despliega sobre una mesa. Primero señala con su dedo índice de la mano derecha sobre “un cuadrilátero de 60 metros cuadrados -en base a la escala proporcionada por los satélites- con pilares en su interior”.

Luego, se detiene sobre “una especie de templo inmenso, con una cúpula en el centro, de 450 metros de ancho”. Al poco se centra en “una estructura piramidal con una torre central”. Incluso, habla de que en las fotos que enseña a Crónica observa una ciudad principal que, unida por canales, conecta con otra de menor tamaño. A su juicio, ésta “podría tener carácter militar, de seguridad ante el extraño”.

[A esto, a una ciudad unida por las aguas con otras de menor tamaño, también se refirió Platón].

Manuel no es el primero que ubica la Atlántida bajo el coto de Doñana. En marzo de 2011, National Geographic emitió un documental de 60 minutos titulado Finding Atlantis (Encontrando la Atlántida). A través del testimonio de diversos investigadores, mantenía que la ciudad existió realmente y desvelaba dónde estuvo ubicada.

[En este documental se muestran los trabajos que realiza un grupo de arqueólogos que -basándose en la posible ubicación, la estructura de la ciudad y la cultura de sus habitantes-, intentan demostrar que puede estar enterrada bajo las marismas de Doñana, ya que en la antigüedad era una gran bahía. Un desastre natural, de los muchos que ha sufrido esta zona a lo largo de la historia, pudo provocar el hundimiento y posterior enterramiento de la ciudad que se encontrase allí.

National Geographic relaciona la desaparecida Atlántida con Cancho Roano, un yacimiento arqueológico situado en la provincia de Badajoz, a unos 200 kilómetros de la costa, descubierto en el último cuarto del siglo pasado y que comenzó a excavarse en 1978.

Curiosamente, en la entrada al yacimiento, se muestra un dibujo de un guerrero junto a una serie de círculos concéntricos que muchos relacionan con la desaparecida Atlántida].

Barro y estatuas

La urbe, que en la recreación televisiva aparecía compuesta por varios anillos en torno a un asentamiento central, yacería enterrada bajo las marismas del Parque Natural de Doñana. Entre las supuestas evidencias presentadas en dicho reportaje figuraron estatuillas de la Edad de Bronce y una serie de mediciones que indicaban la existencia en el subsuelo, bajo el agua y el barro de la desembocadura del Guadalquivir, de estructuras similares a canales y zonas de uso común.

Ahora, cinco años después, este investigador gaditano ha presentado parte del material de que dispone ante un equipo de arqueólogos de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. “Se quedaron convencidos”, dice él, “pero sólo me dieron una palmada en la espalda y me invitaron a que presentase un proyecto con todas las imágenes”.

Para Manuel, indignado, aquello fue una falta de respeto tanto hacia él como hacia su supuesto descubrimiento. “Quieren que les dé todo el trabajo mascadito para ser luego ellos quienes se pongan los galones. Además, yo no soy del sistema… socialista. Yo no soy de la cuerda política de esta gente. Por eso me dan la espalda”. Y añade: “Si esto estuviera bajo la tierra de EEUU, seguro que alguna empresa ya se habría puesto en contacto conmigo para comenzar los sondeos. Pero, desgraciadamente, esto es Cádiz, Andalucía”.

[Más de medio año después de su hallazgo, Cuevas trata de encontrar algún patrocinador que financie las primeras catas y excavaciones. Ansía averiguar si, como él dice, bajo esa estampa idílica que cada día se forma cuando cae la noche sobre las aguas de la desembocadura del Guadalquivir, yace la mítica Atlántida, ciudad que un día Neptuno creó para los terrenales. Mientras tanto, seguirá formando parte de la mitología clásica].

Lo que ve el fotógrafo

Colores del subsuelo. Las imágenes que Cuevas muestra para demostrar la importancia de su hallazgo son difíciles de interpretar y de entender en un primer vistazo. Son fotos aéreas tomadas con sofisticadas técnicas que reproducen con diferentes colores lo que hay en el subsuelo. Imaginar en tres dimensiones. Pero conforme miraba aquellas imágenes las explicaciones de Cuevas iban cobrando sentido. Los ojos de los fotógrafos que pasamos años revelando rollos de película han pasado mucho tiempo interpretando imágenes en negativo, en blanco y negro o en color, en un cuarto oscuro. Con la referencia del sujeto fotografiado en la memoria, nos acostumbramos a imaginar en tres dimensiones las diferentes sombras y luces que formaban las imágenes en dos dimensiones sobre el celuloide. Con esos ojos es fácil ver que en esas fotos aéreas, que recuerdan a los negativos de color, aparecen grandes estructuras con un cierto orden poco natural y que muy bien pueden representar los edificios, calles y muelles que el sanluqueño comenta. Grandes estructuras. En una de las fotos aparecen estructuras rectangulares de grandes dimensiones y casi iguales con espacios entre ellas que bien pueden ser calles. Es difícil pensar que son formaciones rocosas con esa disposición creadas por la naturaleza. En otra de las fotos se observa una formación bien definida que nada tiene que ver con las formas arbitrarias que le rodean. Tiene la forma habitual de un espigón o escollera para el abrigo de un puerto. Quizás lo que más llame la atención está en una fotografía que muestra una gran estructura perfectamente rectangular y que en el interior de su perímetro y centrada aparece una forma circular que difícilmente se puede atribuir al azar. /Por JOSÉ F. FERRER

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