Albherto's Blog
Argonauta, en busca del Vellocino de Oro. Una navegación diaria por la blogosfera… ¡ y hasta aquí puedo escribir !

Pedir al Sol que no se vaya del cenit de los cielos.


EL PORQUÉ DE LAS COSAS

¿Por qué celebramos la Nochevieja y el Año Nuevo?

  • Seguimos pensando en términos del segundo milenio antes de la era común.

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Dos mujeres celebran la Nochevieja en la Puerta del Sol de Madrid. / JAVIER CUESTA

Antonio Ruiz de Elvira…. 03 ENE 2016 05:00 h

Vivimos en el siglo XXI. Llevamos en los bolsillos ordenadores más potentes que los portátiles de hace 8 años, y no digamos los superordenadores de hace 40. Viajamos de un lado a otro de la Tierra en horas. Mandamos naves hacia el espacio interestelar.

Pero seguimos pensando en términos del segundo milenio antes de la era común.

El fin de año y el año nuevo, que ocurren en los segundos 60 y 61 de las 11 horas y 59 minutos del 31 de diciembre de cada año, celebramos que finalmente el Sol no desaparece del cielo y nos deja sumidos, como en el Ártico, en una noche helada de 4 meses. Las personas que cantaron y bailaron en la Puerta del Sol, en Times Square y en otros muchos sitios a las 24 horas del día 31 de diciembre de 2015 o a las 0 horas del día 1 de 2016 (es lo mismo) ¿Sabían por qué lo hacían?

La Tierra se mueve en torno al Sol con su eje de giro inclinado alrededor de 23º con respecto al plano de movimiento. Esto hace que las horas de luz se hagan cada vez más cortas según nos acercamos al día 21 de diciembre (o el 21 de junio en el hemisferio sur).

Nuestros muy lejanos antepasados veían con horror esa pérdida de luz y calor. Sin saber nada de Astronomía, podían pensar que rezar, o sacrificar, o pedir al Sol que no se fuera conseguía que éste volviese a subir hacia el cenit de los cielos.

Se habían salvado. Hacia el día 31 de diciembre (en nuestra nomenclatura) ya era claro que el Sol había respondido a las plegarias y volvía a subir y a calentar. Las cosechas estaban salvadas y con ellas la vida humana. Se podía festejar el comienzo de un nuevo ciclo.

Hoy la fiesta es anacrónica, pero una buena ocasión para ejercitar el ansia tribal de perder la individualidad y moverse integrados en una masa anónima.

Si ha helado alguna noche de Otoño en los campos sembrados desde Mesopotamia hasta Noruega, desde Yucatán hasta el centro de Canadá, los trigos y cebadas han echado sus raíces y comienzan a crecer con la subida del Sol en los cielos. El primero tarda tres meses en granar y la segunda dos meses, en Oriente Medio.

La Pascua celebra en el calendario judío la cosecha de la cebada, y es cuando grana el trigo en el Mediterráneo. Pentecostés (49 días) es en el calendario judío Shavuot, 7 semanas tras el granado del trigo, cuando éste se puede segar y recoger.

Pascua, y Pentecostés, la romería del Rocío.

En Roma, entre el 17 de diciembre (actual) y el 23 se celebraban fiestas en honor de Saturno, en las cuales las personas hacían en una comida solemne e intercambiaban regalos como en la Nochebuena actual.

Navidad, Año Nuevo, Pascua, Pentecostés, son las fiestas  del calendario agrícola del Mediterráneo, traspasadas a fiestas religiosas en las tres culturas de este mar.

San Jorge es Perseo que mata al dragón que retiene a Andrómeda. Y con este santo, la mitad del santoral celebra las hazañas de héroes legendarios que ayudaban a los humanos en sus labores de supervivencia en aquellas etapas primarias de la civilización.

Las curas milagrosas de Lourdes, Fátima y Medjugorje son las mismas que quedan documentadas en los santuarios de Pérgamo y Epidauro, antes del año cero de la Era Común.

El solsticio de verano, cuando iba a empezar la inundación anual del Nilo como consecuencia del monzón sobre Etiopía, estaba marcado por el ascenso heliacal de la estrella Sirio, la primera vez del año en que se la veía en el cielo, al Este, un poco antes de la salida del Sol.

Las guerras, las tribus, son anacronismos como las fiestas culturales. Estamos viendo estos días el rechazo a los inmigrantes en algunas partes de Europa. Hoy la riqueza no son las tierras que sólo pueden ser labradas por pocas personas. Hoy la riqueza humana son nuestras mentes, y éstas crecen con el número de personas.

Seguimos celebrando fiestas agrícolas y tribales, de una época anterior mucho más primitiva, no solo en las comodidades de las que disfrutamos hoy, sino más primitiva en la forma que el ISIS o DAESH lo entiende. Una guerra endémica y la labranza con animales como única forma de vida.

En el futuro seguramente festejaremos hitos mentales, en vez de las señales agrícolas de una región limitada del gran planeta que habitamos.

Antonio Ruiz de Elvira

Catedrático de Fí­sica Aplicada en la Universidad de Alcalá de Henares. Su investigación se centra en la Fí­sica del Clima y de la Atmósfera de la Tierra. Es autor de “Quemando el futuro: clima y cambio climático” (ed. Nivola).

El Porqué de las Cosas es un proyecto divulgativo impulsado con la colaboración de Obra Social ‘la Caixa’.

Si quiere realizar cualquier consulta que tenga que ver con el conocimiento, envíe su pregunta a: ciencia@elmundo

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