Albherto's Blog
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Las mentiras navideñas


EL LADO OSCURO DEL PORTAL DE BELÉN

La verdadera historia de la Navidad: descubre las mentiras que te han contado

  • Jesucristo nació en un pesebre, entre un buey y una mula, la Virgen era una mujer caucásica de 30 años y un trío de magos multiculturales acudieron a presentarle sus respetos. ¿O no?

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Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. (Corbis)

Héctor G. Barnés….. 16.12.2015 – 05:00 H.

Es muy probable que usted, durante su infancia, decidiese añadir al portal de Belén que su familia ponía en casa algún complemento ‘sui generis’, dependiendo de su edad: de un muñequito de plastilina al juguete de un juego Kinder pasando por alguna de esas figuras de plástico que aún se siguen vendiendo en las tiendas de frutos secos. Es también probable que usted se sintiese muy especial por hacerlo y que de adulto se haya dado cuenta de que poco menos que estaba inventando la posmodernidad con ello.

Lo sentimos: no sólo otros millones de niños en todo el mundo hicieron lo mismo, sino que la manipulación del belén es tan antigua como la costumbre de poner dicha decoración en los hogares o parroquias. No hace falta ni siquiera sacar a colación al caganer o las diferentes variaciones locales que los belenes han implementado. Al fin y al cabo, la configuración tradicional del portal de Belén –y, por añadidura, la imagen mental que tenemos sobre el nacimiento de Jesucristo– se parece muy poco a lo que la Biblia cuenta de ello. Adentrémonos en el belenismo, ese movimiento iniciado por Francisco de Asís en la Nochebuena de 1223, cuando decidió retratar lo ocurrido algo más de un milenio y pico antes con lo que tenía más a mano.

El buey y la mula

¿Cómo no va a haber un buey y una mula en un Nacimiento? ¡Si lo dice el villancico (ya saben: “entre un buey y una mu-u-la, Dios ha naci-ido…”)! Pues lo sentimos. El propio papa Benedicto XVI escribió en su libro ‘Jesús de Nazaret’ (Encuentro) que “en los Evangelios no hay ninguna mención de animales”. ¿De dónde salen, entonces? Probablemente de aquella primera celebración oficiada por Francisco de Asís, que no olvidemos es el patrón de los animales, y en la que rodeó un pesebre semejante al del nacimiento de Cristo con algunas de las especies que vivían en Greccio (Italia). Es posible que la decisión del buey y la mula sea, ante todo, simbólica, y haga referencia a la frase de Isaías que recordaba el papa en su libro: “El buey reconoce a su dueño y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no me reconoce, y mi pueblo no entiende mi voz”.

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El fresco del siglo VI donde aparecen por primera vez los nombres de los reyes.

Los tres Reyes magos

Uno de los elementos más típicos de la Navidad y el preferido por el Corte Inglés, no obstante, ocupa un papel secundario en los textos sagrados. Según el Evangelio de Mateo 2:1-12, “unos magos del oriente llegaron a Jerusalén, diciendo ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle”. Después del encuentro con Herodes, en el que este les pide que le desvelen su paradero, se relata la siguiente escena: “Entrando en la casa vieron al niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra”.

Es una de las grandes incógnitas de las Escrituras. ¿Quiénes eran esos Reyes y qué pretendían? ¿Cómo se enteraron? Y esa estrella, ¿era un ovni?, se preguntarán los más ocultistas. La Biblia no aclara ni cuántos eran ni, mucho menos, sus nombres, que aparecen por la primera vez en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). En uno de los frisos puede verse una procesión conducida por tres personajes ataviados a la manera persa que se dirigen hacia la Virgen con presentes entre manos. Sus nombres pueden leerse sobre sus cabezas: Gaspar, Melchior y Balthassar. Algunas leyendas, como las armenias, sugieren que el número de los reyes era doce, y no tres.

La Adoración de los Reyes Magos es uno de los temas recurrentes durante el Renacimiento

Si tan interiorizada tenemos la imagen de los Reyes Magos no es sólo porque nuestros padres nos hayan sentado en sus rodillas cuando éramos pequeños y todos los años los veamos llegar en barca, helicóptero o coche volador a nuestro país, sino porque la Adoración de los Reyes Magos es uno de los temas recurrentes durante el Renacimiento. Botticelli, Leonardo, Durero o El Bosco hicieron su propia versión de esta imagen, que pasó a formar parte de nuestro inconsciente colectivo.

Belén… ¿o Galilea?

Richard Dawkins es uno de los ateos más recalcitrantes, y en ‘El espejismo de Dios’ (Espasa) utiliza la incongruencia de la Biblia para atacar la credibilidad de los textos sagrados. En Juan 7:41-42 se puede leer “otros decían: ‘este es el Cristo (el Mesías).’ Pero otros decían: ‘¿Acaso el Cristo ha de venir de Galilea? ¿No ha dicho las escrituras que el Cristo viene de la descendencia de David, y de Belén, la aldea de donde era David?”

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Nieve

Quien más, quien menos, le ha pedido a su madre un bote de polvos de talco para echar encima del Nacimiento. Es obvio: es 25 de diciembre, hace mucho frío y probablemente nieva, de ahí que la Sagrada Familia deba resguardarse en un portal. Lo más probable es que no cayese ni un copo de nieve, ni aquella noche ni ninguna. El clima de Palestina es muy seco, por lo que las precipitaciones asociadas al portal no son más que una traslación del tiempo de los países occidentales a Oriente Medio. Eso siempre y cuando Jesucristo naciese en invierno, ya que hay quien señala que pudo haber sido alumbrado en otoño y que se adoptase el 25 de diciembre para coincidir con el solsticio de invierno, el momento en el que los días vuelven a empezar a alargarse.

Una familia muy rubia

Si nos ponemos rigurosos, lo que más nos debería chirriar son los pálidos rostros de los tres miembros de la Sagrada Familia, que en muchos casos lucen unos ojos claros y un pelo liso y brillante. Evidentemente, de haber nacido en la Palestina del siglo I, sus pieles deberían haber sido mucho más oscuras, al igual que sus ojos, y su estatura, sensiblemente menor. Que en la Biblia no haya ninguna descripción física de Jesucristo ha contribuido a una indefinición en la que, como es de esperar, ha ganado la partida el canon occidental. Una vez más, el del Renacimiento, que representaba a sus vírgenes con una relajada dulzura.

¿Por qué el portal parece un ‘stand’ de feria o la parada del autobús, con un lado abierto hacia la entrada?

El portal de Belén, una larga tradición

Podemos ser aún más quisquillosos y empezar a hacernos preguntas. ¿Por qué el portal parece un ‘stand’ de feria o la parada del autobús, con un lado abierto hacia la entrada? ¿A qué clase de familia que acaba de tener un retoño se le ocurriría adoptar una posición tan simétrica (“ponte un poco ahí, cariño, que estropeas la foto”? ¿Por qué no puede faltar en todo belén un río, un molino, un castillo o, incluso, en un sorprendente anacronismo histórico, una iglesia con el símbolo de la cruz? Las preguntas resultan tan lógicas como absurdas, pero de igual manera que lo son las reservas anteriormente planteadas.

Haríamos mejor entendiendo el portal de Belén no como el retrato exacto de un hecho histórico-religioso ampliamente conocido sino como el resultado de una tradición de siglos que adopta variaciones locales y temporales. Así, podemos encontrar belenes abiertos (visibles al menos por tres lados de sus caras) o cerrados (donde sólo se puede ver la parte frontal); belenes locales, en los cuales el paisaje emulado es muy semejante al que los habitantes pueden ver por sus ventanas; o modernos, que un poco como en Arco, todo vale y a lo mejor San José es un cono con un palo incrustado o la Virgen una raya en los cielos. En otras palabras: que la próxima vez que vayamos a poner a Darth Vader sustituyendo a Melchor con ánimo iconoclasta seamos conscientes de que ya se le ha ocurrido antes a miles de personas. Y, además, se llama ‘product placement’.

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