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Tánger: «sucursal del paraíso».


PATRIMONIO.- Historia

España abandona Tánger

  • El mítico Teatro Cervantes, testigo de la ciudad cosmopolita, pasará a manos del Reino de Marruecos tras más de tres décadas sin uso y en estado de semiderribo.

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Fachada del Teatro Cervantes de Tánger, donde actuaron Imperio Argentina y Antonio Mairena entre otros. EFE

JOSÉ A. CANO… Tánger…. Actualizado 01/12/201504:26

 

CUANDO BOWLES REINABA EN EL TÁNGER DEL ESPLENDOR

Tánger era una «sucursal del paraíso». Así la definió el escritor norteamericano Paul Bowles antes de caer rendido ante la ciudad blanca del Estrecho. En Tánger la bella, blanca de soles africanos, se fraguó el raro y extravagante mito de los lugares irresistibles donde todo parece posible. El Tánger internacional y cosmopolita que reúne a Bowles y a su compañera Jane con Burroughs, Allen Ginsberg o Truman Capote fascinados por un paraíso de libertad y sexo en el que era posible agotar la vida sin remordimientos. Aquel pequeño París internacional era un lugar dotado para la leyenda, un mundo perdido que vivió su gran época al declararse zona internacional. «Nací en una ciudad que ya no existe, en un país que entonces no existía», escribió sobre su ciudad natal Ramón Buenaventura, autor de ‘El año que viene en Tánger’. Ahora que desaparece el Teatro Cervantes, último símbolo español en Tánger, habría que recordar que la ciudad fue como una ciudad atlántica del otro lado, un reflejo demasiado cercano. Tánger ciudad-refugio para los liberales que huían de Fernando VII y donde desde hacía siglos había sefardíes que hablaban un español mestizo y exótico llamado ‘haquetía’. Porque Tánger era como un apéndice singular de lo español. Tan española que después de la Guerra Civil dividía el callejero en bandos que se reunían en el Zoco Chico con los franquistas en el Café Central y los republicanos en el Café Fuentes. Y allí se lanzaban pedradas, como relataba Ángel Vázquez, el gran español tangerino, en boca de la protagonista de su novela ‘La vida perra de Juanita Narboni’. En la novela, Juanita Narboni recuerda una gran fiesta de carnaval celebrada en el mítico Teatro Cervantes, ahora ruina que refleja la desidia española con los lugares que fueron suyos: «Cuando alzo la vista y miro el techo, me quedo como extasiada. La araña es igualita que la de ‘El Fantasma de la Ópera’», decía mientras recordaba cómo su madre mitificaba el día que Carusso actuó en el Cervantes. La madre de Ángel Vázquez era conocida como Mariquita la sombrerera, muy querida por las judías ricas de Tánger que le hacían exquisitos pedidos en la lengua ‘haquetía’ que ella entendía perfectamente. Una de ellas era la señora Benarroch, madre de la diseñadora. Personaje adinerado de la ciudad como el belga Willy Verstrynge, el rey del crin vegetal, padre del ahora politólogo Jorge Verstrynge. Entre los personajes destacados de aquella comunidad española en Tánger también estaba el periodista Eduardo Haro Tecglen, último director del periódico ‘España’. El escritor Luis Antonio de Villena, gran conocedor del mundo tangerino, recuerda que el hijo del periodista, el malogrado poeta Eduardo Haro Ibars, había gozado de una adolescencia en aquella ciudad libérrima y deliciosamente desmedida. Fue por eso otra de las criaturas marcadas por el mito de Tánger. Aquel Tánger que ya no existe hechizó también al periodista Manuel Cerezales, director del ‘España’ y marido de la escritora Carmen Laforet, autora de la novela ‘Nada’, y amiga del español que conecta con el grupo internacional de los Bowles: Emilio Sanz de Soto. Sanz de Soto, alma del Tánger cosmolita, fue director artístico en películas de Carlos Saura y el hombre que une el Tánger español con el internacional. Él y Pepe Carleton se encargaron de criar la leyenda, de relatar las anécdotas y de fotografiar ese mundo antes de que desapareciera. Porque ya nada queda del esplendor de aquella ciudad franca internacional en la que también se hablaba español, aunque todo parezca ahora un extraño espejismo del pasado. / EVA DÍAZ PÉREZ

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Tánger: «sucursal del paraíso».

El Teatro Cervantes de Tánger será, finalmente, marroquí. El mítico espacio, que celebró su centenario en 2013 tras tres décadas clausurado y apuntalado para impedir un accidente, pasará a propiedad del Reino de Marruecos en cuanto finalicen las negociaciones de un acuerdo por el cual España se lo cederá gratuitamente a cambio del compromiso de restauración y uso como centro cultural por parte del país vecino. Se tratará de un acuerdo internacional que deberán certificar los parlamentos de ambos países, por lo que las elecciones generales del próximo 20 de diciembre y la formación del futuro nuevo Gobierno, de momento, lo retrasan.

El Teatro Cervantes se empezó a construir en 1911 y fue inaugurado en 1913 por los españoles Antonio Gallego, Manuel Peña y Esperanza Orellana. Con 1.400 localidades, se consideró durante décadas el teatro más grande del norte de África y fue uno de los referentes culturales de la época de aquel Tánger internacional. El espacio es propiedad del Estado español desde los años 50, y a partir de que se cerrase sus puertas en los años 80 se encuentra sin uso y en estado de degradación. A pesar del surgimiento de diversas iniciativas a ambos lado del Estrecho para recuperarlo, ninguna ha tenido respaldo institucional hasta ahora.

Aunque ya en 2006 se firmó un convenio nunca ejecutado para destinarlo a usos culturales, desde el año pasado, y aún durante el centenario del teatro -que celebró el Instituto Cervantes con una exposición-, fuentes del Ministerio de Exteriores han confirmado a ELMUNDO que el Gobierno español negocia una cesión de la propiedad a Marruecos con una serie de condiciones, que tendría carácter de acuerdo internacional y que ambos estados esperan que sea un “icono de la mejor cooperación posible entre ambos y el magnífico estado de las relaciones bilaterales”. Un acuerdo en el que trabajan en estos momentos los equipos jurídicos de los dos países.

En dicho documento, aún por definir completamente pero cuyas negociaciones se han pausado “muy avanzadas”, afirman esas mismas fuentes, Marruecos se comprometerá a la restauración, equipamiento y gestión del futuro centro cultural “polivalente”, ya nunca más únicamente sala de teatro, “ya que ese era el modelo de principios del XX, y el siglo XXI exige otro tipo de gestión cultural”. La principal condición en cuanto a la reforma es que se respete la estructura y, sobre todo, la fachada, “uno de los iconos turísticos del Tánger actual”, siempre según las citadas fuentes.

En 2010 se calculó que sólo la restauración, “el umbral para dejar el edificio usable”, oscilaría entre los tres y los cinco millones de euros, sin contar con los gastos de futuros equipamientos y gestión. Las mencionadas fuentes del Ministerio de Exteriores apuntaron a ELMUNDO que “España no puede invertir esa cantidad en un teatro fuera de su territorio en el que luego no se podría ofrecer una programación acorde”.

En 2007 el Ministerio ya destinó una partida de algo menos de 95.000 euros para una intervención de urgencia. Desde 2010, el teatro se encuentra apuntalado, “muy bien apuntalado y sin riesgo de derrumbe, pero apuntalado al fin y al cabo, y con su deterioro avanzando”, según explicaron las citadas fuentes.

Desde 2010, varias iniciativas se han turnado para intentar recuperar el teatro. La primera de ellas, la de la asociación ‘Sostener lo que se cae’, encabezada por estudiantes universitarios marroquíes y españoles, que pretendían una habilitación del espacio, y que las fuentes de Exteriores admiten como “la más elaborada culturalmente, pero sin un plan de viabilidad económica que la sustentase”.

Con algo más de respaldo institucional, aunque la misma suerte, probó la Fundación Baile de Civilizaciones, un proyecto personal de Manuel Pérez Castell, ex alcalde de Albacete, que pretendía convertir el teatro en su sede y “centro de innovación escénica del Mediterráneo”, y que contaba con el asesoramiento de José Monleón, Premio Nacional de Teatro y director del Festival de Mérida. Finalmente, en 2013 un grupo de artistas de origen tangerino o relacionados con la ciudad firmaron el Llamamiento artístico-literario por la recuperación del Gran Teatro Cervantes de Tánger. La escultora española Consuelo Hernández, el dramaturgo Jesús Carazo, el poeta Mezouar El Idrissi y el novelista Santiago Martín Guerrero, todos ellos relacionados también con el Instituto Severo Ochoa de Tánger, encabezaban este manifiesto que apoyaron los periodistas Daniel Psenny, de ‘Le Monde,’ y Domingo del Pino, experto en temas marroquíes.

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