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El Estado Islámico


Internacional

Las raíces del Estado Islámico

  • “¿Cómo nació el Estado Islámico? No es como tú pensabas”

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Soldados del Ejército del Estado Islámico en la frontera con Siria.EFEEXPANSION

POR Rafael L. Bardají, director de Política Internacional de FAES

Actualizado: 29/11/201508:43 horas

El Estado Islámico no nace del deseo de luchar contra la intervención aliada en Irak en 2003, sino de la ambición de “purificar” el propio mundo islámico. Su auge tiene que ver sobre todo con las pasiones desatadas entre suníes y chiíes y los errores de las potencias internacionales.

Es comúnmente aceptado que el llamado Estado Islámico tiene su origen en el grupo terrorista Al Qaeda en Irak y que, por tanto, es un producto de la intervención militar que derrocó a Saddam Hussein. Sin embargo, la propia Al Qaeda en Irak, dirigida por el brutal Abu Musab al Zarqaui hasta que fue eliminado por las tropas norteamericanas en junio del 2006, no fue sino un grupo de conveniencia y transitorio entre un proyecto anterior y el actual Estado Islámico.

Con este papel intentamos iluminar la naturaleza del Estado Islámico, sus fines y medios y, por tanto, cómo poner fin a la amenaza que representa. Igualmente queremos trazar las verdaderas raíces del actualmente denominado Estado Islámico, así como sus objetivos permanentes que, como veremos, trascienden con mucho cada fase individual de su existencia y cada denominación adoptada en cada momento por sus dirigentes.

El Estado Islámico no nace del deseo de luchar contra la intervención aliada en Irak en 2003, sino de la ambición de “purificar” el propio mundo islámico. Su auge tiene que ver sobre todo con las pasiones desatadas entre suníes y chiíes y con la ausencia de las fuerzas internacionales.

Los inicios, en los años 80 del siglo XX

Para comprender los objetivos, los métodos y la ideología que inspira al Estado Islámico hay que remontarse a los primeros pasos como yihadista de Al Zarqaui y no sólo a su etapa como líder de Al Qaeda en Irak. El Estado Islámico no es un invento que surja de la nada en junio de 2004. Al contrario.

Al Zarqaui toma su nombre de guerra del pequeño pueblo donde nació, Al Zarqa, a unos 40 kilómetros al noreste de Amán, la capital de Jordania. Su verdadero nombre era Ahmed Fadel al Jalaylah. Su familia era parte de la tribu beduina Bani Hassan. Como adolescente, Ahmed ejercía de matoncillo de barrio y se convirtió en un delincuente juvenil, acabando incluso en prisión por posesión de drogas y asalto sexual.

Alarmada por su conducta impropia, fue su madre, Um Sayel, quien le enroló obligatoriamente en un curso de religión en la mezquita Al Husayn Ben Alí de Amán.

Como diceMichael Weiss, columnista de Foreign Policy, “la experiencia fue transformativa, pero no en la dirección que la madre quería”. En las enseñanzas de la mezquita, Ahmed descubriría el salafismo, no la piedad.

Inspirado y deseoso de avanzar la yihad, Al Zarqaui viajó hasta Afganistán para luchar contra los rusos a finales de 1989, demasiado tarde para participar seriamente en la guerra santa, puesto que las tropas rusas se estaban ya preparando para abandonar aquel país. No obstante, permaneció en la región hasta 1992, haciendo múltiples contactos con líderes de los muyahidines y seguidores de Bin Laden.

Al Zarqaui retornó a Jordania a finales de 1992, donde se encontró con un conocido suyo de Hayatabad, el palestino Abu Muhammad al-Maqdisi, quien había creado una pequeña célula salafista llamada Bayt al-Iman (la Casa del Imán).

Cuando el servicio secreto jordano, la GID, tuvo conocimiento de que guardaba explosivos provenientes de la guerra de Irán de 1991 en su casa, intervino y tanto Al Zarqaui como Al-Maqdisi fueron detenidos. A finales de 1994, ambos fueron sentenciados a una pena de 15 años a cumplir en la prisión de máxima seguridad de Swaqa. Es en esta prisión donde Al Zarqaui refina sus creencias radicales, desarrolla sus tácticas de dominación y eclipsa a Al-Maqsidi como líder yihadista.

Tras la muerte del rey Husein en febrero de 1999, su hijo y nuevo rey, Abdalá II, declarará una amnistía general que puso en libertad a más de 3.000 condenados, muchos de ellos yihadistas sin delitos de sangre. Uno de los cuales fue Al Zarqaui, habiendo cumplido únicamente un tercio de su pena.

Tras un intento frustrado de volar un hotel en Amán, en algún momento del verano de 1999, Al Zarqaui aparece en Kandahar, Afganistán, con el propósito de lograr una audiencia con los líderes de Al Qaeda y solicitar su ayuda para fomentar la revolución islámica en el Levante, del Mediterráneo a Irak. Bin Laden no querrá recibirle, temeroso de que pudiera ser un agente de la inteligencia jordana, y puede que ello marcara el tipo tenso de relación que ambos siempre mantuvieron. En cualquier caso, el lugarteniente de Bin Laden en la ciudad, Saif al-Adel, le sometió a seguimiento y escrutinio y, aunque no estaba convencido de sus planteamientos, convenció a Bin Laden sobre la conveniencia de utilizarle para captar jordanos y palestinos para su causa.

De esa manera, Al Zarqaui fue agraciado con unos 200.000 dólares para regentar un campo de entrenamiento orientado a yihadistas del Creciente Fértil. El campo estaba en Herat y recibió el nombre de Jund al-Sham, los ‘Soldados del Levante’. En la puerta de entrada al campo colgaba el eslogan que luego daría nombre al primer grupo terrorista de Al Zarqaui: Tawihd wal-Yihad (Monoteísmo y Yihad).

Mientras que Al Qaeda diferenciaba entre ‘enemigo cercano’ y ‘lejano’ y atacaba directamente a los norteamericanos, para Al Zarqaui lo prioritario era atacar a los chiíes y a los suníes no salafistas

No obstante, la primera reunión entre Bin Laden y Al Zarqaui no fue bien, pues se pusieron de relieve las diferencias estratégicas que separaban a uno del otro. Mientras que Al Qaeda diferenciaba entre “el enemigo cercano” y “el lejano” y se inclinaba por atacar directamente al lejano, esto es, a los norteamericanos; Al Zarqaui creía que atacar a los kuffar, esto es, a los chiíes y a los suníes que no fueran estrictos salafistas era lo prioritario. Bin Laden miraba hacia Nueva York y Washington, mientras que el jordano tenía puestos sus objetivos en su país natal.

En este tiempo, Al Zarqaui descubre la figura histórica de Nur al-Din Zengi, el brutal regidor de un territorio que abarcaba desde Alepo en Siria hasta Mosul en Irak. Nur al-Din fue despiadado en su defensa del islam y junto con su protegido Saladino logró vencer a los cruzados de Ricardo Corazón de León.

La influencia de Nur al-Din en Zarqaui no es baladí, puesto que explica su decisión de ir a Irak tras la caída del Emirato Islámico de Afganistán en 2001, tras la intervención americana. Con la caída del régimen de los talibán, Al Zarqaui huye a Irán, donde recibe la ayuda y protección de un antiguo amigo suyo, Gulbudin Hekmatiar, ex primer ministro afgano. Con base en Irán, Al Zarqaui viajó intensamente al norte de Irak, donde uno de sus lugartenientes, el también jordano Abu Abdel Rahman al-Shami, había consolidado un territorio de unos 500 kilómetros cuadrados en el que impuso la sharía y su interpretación rigorista del Corán. Su grupo se denominaba los ‘Soldados del Islam’ y luego, tras el 11-S, pasarían a llamarse Ansar al-Islam (‘Ayudantes del Islam’), término que se dio originalmente a los acompañantes del profeta Mahoma.

En línea con el planteamiento estratégico de su inspirador, Al Zarqaui, Ansar al-Islam tenía dos objetivos básicos en sus actividades terroristas: el régimen baazista de Sadam Husein y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) de Yalal Talabani.

A la vez que preparaba y estructuraba su red en Irak, en la creencia acertada de que los Estados Unidos invadirían el país tarde o temprano, Al Zarqaui también logró montar algunas redes operativas en Siria, donde pasaba cada vez más tiempo. Desde ahí logró organizar con éxito el asesinato del máximo representante americano de cooperación en Jordania, Laurence Foley, mientras que otras tramas que tenían como objetivo a policías jordanos fueron desbaratadas a tiempo en estos meses.

Tras la intervención en Irak en marzo de 2003, Al Zarqaui se desplazó a Bagdad para dirigir sus operaciones in situ. Su grupo fue el responsable en el mes de agosto de ese año de los primeros atentados terroristas que definirían el curso de la guerra en Irak. El primero, y siguiendo su obsesión por su país, contra la Embajada de Jordania; el segundo, contra la sede de la ONU; el tercero, precursor de su violencia sectaria, contra la mezquita del Imán Alí, unos de los lugares sagrados para el islam chií. También asesinaría al ayatolá al-Hakim, un líder espiritual indiscutible entre la comunidad chií, protegido por Irán, pero abierto a cooperar con las fuerzas de la coalición internacional.

Aunque para los observadores occidentales, el atentado principal fue el coche bomba que mató a Sergio Vieira de Mello en su cuartel general de Naciones Unidas, los ojos de Zarqaui apuntaban hacia sus enemigos más cercanos, la mayoría chií del país. En una misiva suya enviada a Bin Laden, en enero de 2004, explica sin lugar a dudas su estrategia en Irak: “Los chiíes son el obstáculo insuperable, la serpiente acechante, el maligno escorpión, el veneno penetrante. El chiismo es el verdadero peligro”. La estrategia de Al Zarqaui estaba clara: provocar una guerra civil atacando a la población chií en todos los frentes.

Con una necesidad creciente de recursos financieros y de apoyo externo, Al Zarqaui expresó en febrero de 2004 su deseo de hacer algo que Bin Laden le había pedido y él había rechazado antes varias veces: prestar obediencia pública a su figura e incorporarse a Al Qaeda. La condición de que los líderes de Al Qaeda asumieran su estrategia de provocar a los chiíes no era del gusto de Bin Laden y sus lugartenientes, pero en la medida en que Al Qaeda necesitaba reforzar su marca en su lucha contra los infieles, la petición de transformarse en Al Qaeda en Irak (AQI) fue aceptada formalmente en octubre de 2004. Como se demostraría enseguida, se trató de un matrimonio de conveniencia destinado a fracasar inexorablemente.

El Estado Islámico: su prehistoria

Entre el verano de 2003 y finales de 2005, Al Zarqaui hizo cuanto pudo por llevar adelante su estrategia de promover una guerra civil entre chiíes y suníes en Irak. Su grupo, Tawihd wal-Yihad (Monoteísmo y Yihad), se hizo desgraciadamente famoso por su recurrencia a ataques suicidas y su brutal violencia. La mitad de los terroristas suicidas en estos años provenían de las filas de la organización de Al Zarqaui. Él mismo se haría famoso ante el mundo tras difundir en Internet el vídeo de la decapitación de Nicolas Berg, un joven empresario norteamericano, llevada a cabo en mayo de 2004 por Al Zarqaui. En 2005, las víctimas iraquíes de la violencia de su organización superaban las 2.000 al mes.

Tal era su dedicación a matar chiíes que, en menos de un año, la dirección de Al Qaeda le conminó a poner fin a esas matanzas. Si bien en enero de 2005 Bin Laden le había otorgado el título de emir de Al Qaeda en Irak a Al Zarqaui, en julio, el número dos de Al Qaeda, el egipcio Aymán al Zawahirí, tuvo que enviarle una carta al jordano en la que le conminaba a cambiar de estrategia. Al Zawahirí le pedía un cambio de prioridades y que se centrara en la expulsión de los invasores americanos y no en la constitución de un emirato suní. Más relevante todavía, Al Zawahirí mostraba su descontento con las matanzas de chiíes y le recordaba al emir de Al Qaeda en Irak que esas acciones no lograrían obtener el apoyo popular que la causa del Califato necesita.

Pocos meses más tarde, y ante la evidente falta de cambio por Al Zarqaui bajo las siglas de AQI, otro líder de Al Qaeda muy próximo a Bin Laden, Atiya Abd alRahman,volvió a escribir al líder en Irak recordándole la necesidad de contar con apoyo popular y le ofrecía una lección de historia que él mismo conocía muy bien, como fue la del GIA en Argelia, cuya violencia desaforada volvió a la población en su contra. Igualmente le recordaba la opinión de Bin Laden de que un emirato sólo debe construirse cuando las fuerzas invasores no pudieran destruirlo, como había sucedido en Afganistán, y que convenía ser paciente.

La carta también incluía un aviso muy importante y que auguraba el destino de AQI: ejecutar a líderes de tribus suníes encerraba el gran peligro de perder su apoyo, y sólo debía hacerse cuando los cargos de corrupción u otros fueran evidentes para toda la población. De hecho, la ejecución por AQI de un jeque de la tribu de Albu Nimr, asentada en Ramadi y en la provincia de Anbar, marcaría el principio del fin de la colaboración entre las tribus suníes y AQI, que tanta fuerza le había otorgado a Al Zarqaui hasta ese momento.

En una entrevista publicada tras su muerte y grabada presumiblemente a comienzos de 2006, Al Zarqaui se mostró abierto a las críticas de sus superiores de Al Qaeda, pero nunca llegó a cambiar de estrategia. Al contrario, el 15 de enero de ese mismo año, Al Zarqaui creó el Majlis Shura al-Mujahidin fi al-Iraq (o Consejo de la Shura de los Muyahidines en Irak). En un principio se interpretó como un movimiento para disminuir una de las críticas más repetidas entre los suníes iraquíes: que AQI era una organización de extranjeros y que no tenía siempre presente las necesidades locales. Sin embargo, es más que probable que Al Zarqaui estuviera ya planteándose alejarse de las órdenes de Al Qaeda y poniendo lasbases de un emirato islámico en las provincias controladas por los grupos que integraban este consejo asesor (la Shura). Esta interpretación se sostiene en un vídeo del mes de abril del 2006, en el que Al Zarqaui dice que la Shura es el punto de partida “para establecer un Estado Islámico”. Y añadía que “nuestra esperanza es que en tres meses las circunstancias nos serán favorables y podamos anunciar el emirato islámico en Irak“.

Al mismo tiempo, AQI seguía distanciándose de la organización de Bin Laden en su estrategia y, en lugar de hacer caso y detener las matanzas de chiíes, incrementó sus ataques a fin de acelerar la guerra civil en Irak. Así, el 22 de febrero, cuatro militantes de AQI, ataviados con uniformes del Ministerio del Interior iraquí, detonaron una importante cantidad de explosivos destruyendo la mezquita de Al Askari en Samarra, uno de los lugares sagrados del islam chií, panteón de dos imanes del siglo IX y erigida sobre el túnel por el que se cree se ocultó Mohamed alMahdi, el duodécimo imán cuyo regreso esperan los chiíes. La destrucción de la mezquita hizo estallar las tensiones religiosas entre las sectas y puso al país en la senda de la guerra civil que caracterizó todo ese tiempo.

Desde ese momento hasta su muerte, Al Zarqaui vería cómo su sueño de enfrentar a suníes y chiíes estaba haciéndose realidad: los ataques mutuos fueron brutales, despiadados y causaron miles de muertos en ambos bandos. Su visión y su cuidada planificación y utilización de la violencia estaba dando los resultados que esperaba. No en vano, Al Zarqaui era un fiel seguidor de lo que ha llegado a ser uno de los libros de cabecera de los militantes actuales del Estado Islámico, el tratado ‘La gestión de la brutalidad’, publicado on-line en 2004 y firmado por Abu Bakr Naji, y que era tanto un manual de campo sobre cómo conducir operaciones contra los infieles y enemigos del islam como un llamamiento para el restablecimiento del Califato.

Sin embargo, Al Zarqaui no llegaría a disfrutar mucho de sus éxitos ni vería la creación de su ansiado emirato o estado islámico en Irak. A través del seguimiento de su asesor espiritual, Abd Al-Rahman, cuyo nombre salió de un interrogatorio del líder de AQI en la ciudad de Abu Ghraib, Kassin al-Ani, las tropas de la coalición pudieron identificar a Al Zarqaui y localizarlo en Hibhib, un pueblo al noreste de Bagdad. En la noche del 7 de junio de 2006, con la inteligencia aportada por un dron, un F-16 dejaba caer una bomba de 250 kg guiada por láser y una segunda guiada por satélite. Al Zarqaui murió justo cuando los hombres del general McChrystal llegaban al escenario.

2006, nace el Estado Islámico de Irak: el proto-Califato

La eliminación de Al Zarqaui, por muy celebrada que fuera en su día, no conllevó la desaparición de su grupo terrorista. Al contrario, cuando una organización tiene unas bases sólidas ideológicas y religiosas encuentra maneras de reconstituir su liderato en poco tiempo. El caso de AQI resulta paradigmático. Cuatro días más tarde de la muerte de Al Zarqaui, la Shura de los muyahidines eligió a Abu Ayyub al-Masri como el nuevo cabeza de Al Qaeda en Iraq.

Al-Masri era un terrorista experimentado. En 1982 se unió a la Yihad Islámica dirigida entonces por Aymán al Zawahirí. Cuando Al Zawahiri se unió a Al Qaeda, Masri le acompañó a Afganistán, donde se especializó en la fabricación de bombas. Fue allí donde conoció a Al Zarqaui. Bajo su mando se instaló en Bagdad en 2002 para organizar las células del grupo de Al Zarqaui.

Lo más sorprendente de Al-Masri es que aceptó el liderazgo de AQI únicamente para pasar a disolverla en unos pocos meses. Así, el 15 de octubre de ese mismoaño 2006, apenas cuatro meses más tarde de su designación por la Shura, Muharib al-Juburi, portavoz de Al-Masri, anunciaba en un vídeo de nueve minutos la transformación de AQI y el resto del grupo que la conformaban, proclamando oficialmente el nacimiento del Estado Islámico de Irak (Dawlat al-‘Iraq al-Islamiyya), y se anunciaba el nombre de su nuevo líder: Abu Omar al-Baghdadi.

En su momento, la inteligencia occidental nunca creyó que Abu Omar fuera el líder real, ya que les resultaba un total desconocido. Es más, se llegó a pensar que ni siquiera existía y que era una estratagema de Al-Masri, un egipcio, para profundizar la imagen de una organización puramente iraquí. De ahí el nombre de AlBaghdadi, induciendo a pensar que era nativo de la capital iraquí.

Dos meses más tarde, el 22 de diciembre, Abu Omar al-Baghdadi realizaría su primera gran declaración como líder del Estado Islámico de Irak (ISI, en su acrónimo anglosajón). Para empezar, utilizaba el denominativo de “príncipe de los fieles” o “comandante de los creyentes”, arrogándose una autoridad espiritual que superaba con mucho a la de Bin Laden. De hecho, ése es un título normalmente reservado a los califas; en segundo lugar, se dirigía a la Umma, esto es, la comunidad global de los musulmanes; en tercer lugar, anunciaba sus planes de crear y expandir el Estado Islámico con el objetivo de hacerlo presente de “China a España”. El título de su discurso era todo un anuncio sobre su ambición de monopolizar la yihad: “La verdad ha llegado y la falsedad se ha desvanecido”.

La constitución del Estado Islámico de Irak traería una notable confusión en dos frentes. El primero, en el seno de los yihadistas. Al Qaeda no sólo no había sido consultada al respecto, sino que Abu Omar al-Baghdadi no renovaba en su declaración la obediencia a Bin Laden, hecha a desgana y por conveniencia por Al Zarqaui en 2004, sino que la exigía de todos los demás hacia su figura. Ofuscados por la violencia, los occidentales nunca entendimos que Abu Omar al-Baghdadi estaba sembrando las bases para la creación de un nuevo Califato.

Sea como fuere, la declaración del Abu Omar al-Baghdadi no hizo más que profundizar la brecha existente entre los dirigentes iraquíes y Al Qaeda de Bin Laden. Durante los meses posteriores, todo un reguero de discusiones en foros yihadistas tuvo lugar sobre el porqué y las implicaciones de declarar un estado islámico. Furiosos por su marginalización y frustrados por no seguir sus consejos acerca del uso de la violencia contra los chiíes, Al Zawahirí acabaría escribiendo a Al-Masri en diversas ocasiones exigiéndole tanto información sobre su liderato como sobre sus planes. La última de la que tenemos noticias, ya que fue interceptada por las tropas americanas, data del 6 de marzo de 2008, en la que Al Zawahirí exige “una respuesta completa y detallada” a sus cuestiones y acusaciones.

El segundo frente de confusión estaba en el lado de la coalición internacional: obsesionados con Al Zarqaui, el ISI nunca fue tomado en serio (se le siguió llamando AQI). Sin embargo, a pesar de la violencia desatada en 2007 por el ISI, la combinación del relevo de mandos militares en Irak (ahora con el general Petraeus a la cabeza), la reacción del “Despertar” de las tribus suníes contra el ISI y la opción de George W. Bush de incrementar el despliegue en la zona, el llamado “surge”, fue capaz de reducir la operatividad del grupo terrorista.

Con todo, 2007 fue un año plagado de atentados y ataques perpetrados por miembros del ISI, que por primera vez recurrió a ataques con elementos químicos en Ramadi, Faluya y Amiriya; volvió a destruir lo que quedaba de la mezquita en Samarra, atacó a yazidíes y kurdos, eliminó a líderes suníes del Despertar, e incluso llegó a utilizar a dos niñas con síndrome de Down como terroristas suicidas. Las víctimas en su mayoría fueron iraquíes contrarios al reino del ISI o simplemente de creencias distintas.

Es importante destacar los motivos tras la ola de violencia de 2007. No sólo respondían a la estrategia de generar una guerra civil ya ensayada por Al Zarqaui, sino que se basaban en las creencias profundas de los dos nuevos líderes del ISI sobre el devenir de los tiempos. De hecho, su premura en declarar el estado islámico aún sin contar con el control sobre territorio alguno estuvo determinada por su fe en que el retorno del Mahdi y el apocalipsis estaban cerca, algo en lo que nunca creyeron los dirigentes de Al Qaeda. Es muy posible que a través de la lectura de las mil páginas del manual del yihadista, Una llamada a la Yihad Global, publicado en 2004 por el sirio-español Abu Mus’ab al-Suri (más conocido en España como Setmarian), Al-Masri y Abu Omar Al-Baghdadi se introdujeran en las profecías del día del juicio final. Al fin y al cabo, Al-Suri le dedica en su manual más de cien páginas al Libro de las Tribulaciones, escrito hace más de mil años por Un’aym bin Hammad.

Creyentes en la “batalla final”, no es de extrañar que los líderes del ISI se embarcaran en una confrontación suicida contra las fuerzas iraquíes y de la coalición internacional. Como ésta es la única explicación de la fijación del actual Estado Islámico con la villa de Dabiq, al norte de Alepo, en la frontera de Siria con Turquía. Una localidad sin relevancia estratégica alguna, salvo que se tengan en cuenta las profecías sobre el final de los tiempos. Pues no es en otro lugar, sino en Dabiq, donde se desarrollará la batalla final entre el islam y los infieles, entre los ejércitos de Medina y Roma. Al menos según las palabras atribuidas al profeta Mahoma por su compañero Abu Hurayrah.

La campaña de terror de 2007 se encontró con el éxito de sucesivas operaciones militares británico-americanas que lograron mermar significativamente la capacidad operativa del ISI. Así, cuando la coalición lanzó su operación Phantom Thunder, a mediados de 2007, se estimaba que los integrantes de ISI eran unos 1.000 terroristas; a Phantom Thunder le siguió en agosto de 2007, Phantom Strike, y ya en enero de 2008, cuando las tropas de la coalición lanzaron su tercera gran operación, esta vez bajo el nombre Phantom Phoenix, el objetivo fue acabar con lo poco que quedaba del ISI. El Institute for the Study of War estima que en esos meses las tropas aliadas mataron a cerca de 3.000 insurgentes, de los cuales casi 400 eran objetivos de alto valor, y detuvieron a más de 9.000 yihadistas adscritos a diversos grupos. Muchos, desde luego, de ISI.

La prueba de que la coalición daba por acabada a la que todavía llamaban Al Qaeda en Irak se puede comprobar fácilmente: en enero de 2007 el Gobierno americano ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares a quien aportara pistas para llegar a al-Masri; a mediados de 2008 esa cifra había caído hasta 100.000 dólares.

Sobre la cabeza de Abu Omar al-Baghdadi lo que sobrevolaban eran numerosas especulaciones, la mayoría tendentes a demostrar su inexistencia. Sería el primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, quien fuera el encargado de poner fin a tanta especulación.

El 19 de abril de 2010 mostró una foto del líder del ISI y también de su líder militar, Abu Ayyub al-Masri. Ambos estaban muertos. Una semana antes, el emir de Bagdad del ISI, Manaf al-Rahim al-Rawi, había sido detenido en un control de carretera. Gracias a la información obtenida en su interrogatorio, las tropas iraquíes fueron capaces de determinar la localización de la casa donde se escondía Abu Omar, muy cerca de la ciudad de Tikrit. Pocas horas antes de la rueda de prensa de Al-Maliki, tropas de la coalición asaltaban la casa con ambos líderes del ISI dentro, quienes se hicieron explosionar para evitar ser capturados.

Tras reconocer la pérdida de sus dos líderes, el ISI anunció el 16 de mayo de 2010 la designación de su nuevo líder espiritual, el emir Abu Bakr al-Qurashi al-Husseini al-Baghdadi, y de su nuevo responsable militar, Allah Abu Suleiman. La organización también reclamaba venganza por la pérdida de sus dos líderes muertos.

Abu Bakr al-Baghdadi, aunque con sus nombres reclamaba su linaje descendiente del mismísimo profeta, era un perfecto desconocido para la mayoría de expertos en Irak e incluso para la inteligencia americana e iraquí y para la propia Al Qaeda. Tanto es así que las primeras notas biográficas sobre este oscuro personaje sólo aparecerán tras las victorias del Estado Islámico en Irak a mediados de 2014.

Aunque todavía rodea un manto de oscuridad la vida del líder del Estado Islámico, parece aceptado que nació en 1971 bajo el nombre Ibrahim Awwad Ibrahim al-Badri, en Samarra, hijo de un predicador religioso. Parte de su familia fue miembro del partido Baaz de Sadam Husein, y todo apunta a que la mayoría de ella, incluido su padre, eran salafistas seguidores de la versión más purista, integrista y revolucionaria del islam. Al-Baghdadi estudió en la Universidad de Estudios Islámicos de Bagdad, donde se graduó en 1996, recibió su máster en 1999 y donde, a continuación, se enroló en los cursos de doctorado en Estudios coránicos.

En 2003, Al-Baghdadi ayudó con la creación de un grupo denominado Jaysh alSunna wa-l-Jamaah (o Ejército del pueblo de la Sunna y la solidaridad comunal) con el objetivo de luchar contra los infieles invasores. Fue detenido por casualidad en Faluya mientras visita a un allegado en febrero de 2004 y transferido al centro de detención en el sur de Irak, Camp Bucca. Ninguna autoridad del centro sospechó que fuera un yihadista y se le permitió una gran flexibilidad en sus contactos y movimientos, ya que se le veía como alguien que ayudaba a resolver los problemas de los internos. Fue puesto en libertad el 8 de diciembre de 2004 al no ser considerado un elemento peligroso.

También se sabe que cuando Al Zarqaui crea la Shura de los Mujahidines en 2006, Al-Baghdadi y su grupo se integran en dicha organización. Habida cuenta de sus credenciales religiosas fue, además, encargado con la “cartera” de asuntos religiosos. Con todo, tuvo tiempo de presentar y defender su tesis doctoral en Estudios coránicos.

Iraquí de nacimiento, Abu Bakr se encontró más cercano a Abu Omar que a AlMasri, un extranjero. Esta proximidad le valió escalar posiciones dentro de ISI y pasar a formar parte del círculo interno de Abu Omar al-Baghdadi.

Cuando Al-Masri y Abu Omar se suicidan ante el asalto de su refugio el 18 de abril de 2010, el líder del comité militar del ISI, Hajji Bakr, a quien Abu Bakr había conocido en Camp Bucca, organiza personalmente la elección del nuevo líder del grupo. Sin poder reunir, por motivos de seguridad, el Consejo Consultivo de la Shura, Hajii Bakr recaba el voto de cada uno de los once miembros y éste otorga un resultado de nueve a dos a favor de la elección de Abu Bakr al-Baghdadi

El nuevo líder tenía bien claro su objetivo final: la creación de un nuevo Califato. Sin embargo, sus fuerzas no se lo permitían. El ISI se encontraba diezmado y casi hundido, incapaz de alcanzar sus objetivos con los pocos elementos que quedaban sin capturar. Como dijo el general Odierno, comandante de las fuerzas americanas en Irak, en una rueda de prensa el 5 junio de 2010: “En los últimos tres meses hemos detenido o eliminado a 34 de los 42 líderes de Al Qaeda en Irak. Los restantes están intentando reorganizarse (…) pero están rotos“. Tan seguro estaba de la derrota de AQI, que se atrevía a poner en duda la existencia de los nuevos líderes del ISI. Odierno tenía razón en una cosa: AQI estaba acabada; pero se equivocaba respecto a ISI, a quien ni siquiera mencionó por su nombre.

Abu Bakr al-Baghdadi sabía que debía estar forzosamente a la defensiva y permanecer en la clandestinidad, pero al mismo tiempo era consciente de que necesitaba llevar a cabo ataques a fin de seguir manteniendo su bandera negra bien alta y llegar a nuevos reclutas con los que librar su batalla por el Califato.

El primer ataque ordenado por el nuevo Al-Baghdadi tuvo como víctima la minoría cristiana iraquí: el 31 de octubre de 2010, seis terroristas suicidas se detonaron en el interior de la iglesia de Nuestra Señora de la Salvación, en el barrio de Karrada en la capital iraquí. Este ataque fue criticado por Al Qaeda y Bin Laden, siempre deseosos de encontrar apoyo popular para su causa. Haciendo oídos sordos, el ISI siguió con su campaña de violencia contra objetivos blandos de las fuerzas de seguridad iraquíes y contra las minorías religiosas y la población chií el resto del año y durante todo 2011.

Desgraciadamente, las tropas americanas salieron de Irak entre 2010 y 2011 y el mundo cesó en su interés por Irak. El ISI perdió gran parte de su proyección mediática, pero ganó en audacia y capacidad operativa

Desgraciadamente, las tropas americanas salieron de Irak entre finales de 2010 y comienzos de 2011 y el mundo cesó en su interés por cuanto sucedía dentro de Irak. Cierto, el ISI perdió gran parte de su proyección mediática, pero también ganó en audacia y capacidad operativa. En 2013 Abu Bakr al-Baghdadi será capaz de empezar a avanzar hacia su soñado Califato.

De Irak a Siria y vuelta: el camino del Califato

En 2013, Abu Bakr al-Baghdadi tomó una decisión estratégica: construir un nuevo Califato sobre las tierras de Irak y Siria. Tras la salida precipitada de las tropas americanas de Irak y el revanchismo político de su presidente chií, Al-Maliki, la violencia había vuelto a las calles de las ciudades y el ISI lideraba los ataques sectarios; paralelamente, la vecina Siria se hundía en el caos de la guerra civil y, precisamente, esa situación conllevaba un vacío de poder que Al-Baghdadi sabía cómo explotar en su beneficio.

Para reforzar su proyecto en Irak, el ISI lanzó lo que se vino a conocer como campaña para “Romper los muros”. Esta ofensiva del ISI tenía varios objetivos. El primero, como su nombre bien indicaba, irrumpir en las cárceles para liberar a yihadistas detenidos y que éstos pasaran a engrosar sus filas. La primera de una serie de acciones fue el asalto en septiembre de 2012 a cuatro prisiones, incluida la de Tikrit. La más espectacular, la liberación de cientos de reclusos en la cárcel de Abu Ghraib, en julio de 2013. El segundo objetivo era incrementar la tensión entre Bagdad y los kurdos, para lo que iniciaron una serie de ataques contra la línea de separación entre el Gobierno de Irak y el de la región autónoma del Kurdistán. El tercer objetivo era aumentar la tensión civil gracias a artefactos explosivos en y alrededor de la capital. El último objetivo era aterrorizar a la población chií. De hecho, a finales de 2013, el ISI era responsable de casi 1.000 víctimas mensuales.

En gran medida, el sectarismo y la falta de habilidad del presidente Nuri al-Maliki ayudaron a Al-Baghdadi a expandir su poder. Como consecuencia de la visible discriminación del Gobierno hacia la minoría suní, se habían organizado varias protestas, sobre todo a lo largo de la provincia de Anbar. Uno de los focos de rebelión se encontraba en la ciudad de Hawija, al suroeste de Kirkuk, en el norte de Irak. Allí, el 23 de abril de 2013, las fuerzas gubernamentales, en su empeño por acabar con la protesta, dejaron detrás una auténtica sangría. Meses más tarde, en diciembre, el ISI mataría al comandante que orquestó la matanza, el general Muhammed al-Karawi. Y en respuesta a este asesinato, Al-Maliki ordenó el asalto violento de otro foco de protesta, esta vez en Ramadi. Con este tipo de acciones y reacciones, más una buena diplomacia por su parte, Al-Baghdadi estuvo en disposición de ganarse el apoyo de importantes tribus suníes, las mismas que hacía poco habían abandonado a sus predecesores. Sólo que ahora ya no tenían confianza en el Gobierno chií en Bagdad ni en los americanos, que ya se habían ido.

El ISI volvía a tener adeptos, militantes, dinero y una creciente audiencia. Tanto es así que publicó en enero de 2014 una memoria de actividades bajo el nombre de Al-Naba, donde se daban las cifras de sus mortales actividades. No debía de ser una sorpresa que el 14 de enero de 2014 las fuerzas de Al-Baghdadi tuvieran la osadía de izar su bandera negra, la bandera del Profeta, en el edificio del gobierno en Faluya, a la vez que se apoderaban de partes de Ramadi, la capital de Anbar. Con el control de las dos ciudades se atrevieron incluso a declarar el Estado Islámico, aunque tras su retirada, a los pocos días, todo cayó en el olvido. Al menos para los occidentales, a pesar de representar un ensayo de lo que acaecería meses después.

Pero el ISI tenía mucho más que un creciente éxito en Irak. También se imponía en la vecina Siria, donde, a medida que se precipitaba hacia la guerra civil, AlBaghdadi puso sus ojos.

Ya a mediados de 2011 envió a ocho de sus hombres a Siria bajo el liderazgo de Abu Mohamed al-Jawlani, un joven sirio que se había puesto bajo sus órdenes en Irak, a fin de establecer una misión de apoyo a los combatientes contra Bashar al-Asad. Al-Jawlani creará un grupo de combatientes bajo sus órdenes al que dará el nombre de Jabbat al-Nusra ash-Sham (Frente de Apoyo al Pueblo del Levante).

El nombre no circulará hasta enero de 2012, medio año después de la llegada a Siria de los militantes del ISI, y aunque ya habrían cometido algún atentado suicida, no sería hasta mediados de 2012 cuando comenzaron a reivindicar sus ataques, como ocurrió con el coche bomba contra la sede de la inteligencia de AlAsad en Damasco, el 27 de agosto de 2012.

El entrenamiento militar y la experiencia en combate en Irak, así como otros factores nada despreciables (como el escaso interés del régimen de Damasco en combatir a los islamistas radicales y concentrar sus esfuerzos bélicos en los rebeldes, que sí eran aceptables para el mundo) favorecieron un crecimiento espectacular de Al Nusra que, de la noche a la mañana, de contar con unos 200 militantes a mediados de 2012 pasó a ser la principal fuerza de oposición a AlAsad. Al Nusra había sido bendecido públicamente por el sucesor de Bin Laden al frente de Al Qaeda, Aymán al-Zawahirí, a través de un comunicado que recogió la cadena Al Jazzera.

El golpe más efectivo por parte de Al Nusra ocurría en marzo de 2013, cuando sus miembros tomaron el control efectivo de la ciudad de Al Raqa. La conquista de la ciudad representaba una gran victoria para los yihadistas, que pasaron así a dominar un terreno y una importante población.

Tal sería la importancia que el mismísimo Abu Bakr al-Baghdadi se desplazaría a Siria para ver en directo el éxito de Al Nusra y, sobre todo, poner esa organización bajo su control directo. De hecho, Abu Bakr al-Baghdadi declarará formalmente el 9 de abril de 2013 la abolición tanto de Al Nusra como del ISI y la constitución de una única entidad bajo la denominación de al-Dawla al-Islamiya fi al-Iraq wa-al-Sham (o el Estado Islámico de Irak y el Levante, ISIS o ISIL en sus siglas en inglés).

Sin embargo, al día siguiente, el líder de Jabbat al-Nusra, Al-Jawlani, negará tener noticias de dicha fusión, se mostrará contrario a la misma y, es más, ofrecerá su obediencia al líder de Al Qaeda, Aymán al-Zawahirí. Este último, escondido posiblemente en alguna parte recóndita de Pakistán y con escasa capacidad de influir en los acontecimientos del Levante, intentará servir de árbitro salomónico entre sus dos teóricos seguidores, aunque con mejor predisposición hacia el sirio que hacia el iraquí, cuya violencia sectaria no dejaba de causarle problemas. El dictum de Al-Zawahirí fue no dar por buena la creación del ISIS y pedir que cada grupo siguiera actuando por separado en cada país de procedencia. Es más, le advertía a Al-Baghdadi que su posición como emir en Irak sería revisable transcurrido un año.

Como era de esperar, el líder del ISI rechazó de plano la posición de Al-Zawahirí, se mantuvo firme en sus nuevas siglas de ISIS y advirtió del riesgo de escisión en el yihadismo. Curiosamente, el creador del ISIS criticó que Al-Zawahirí defendiera unas fronteras artificiales que habían sido dibujadas por las potencias coloniales y que no se correspondían con la Umma.

Frente al cisma que se avecinaba y que no convenía a la causa de Al Qaeda, AlZawahirí designó a uno de sus hombres de confianza, el sirio-español Abu Khalid al-Suri, como árbitro sobre el terreno para resolver esta disputa. Al Suri, encarcelado en Siria, había sido puesto en libertad por la amnistía para los yihadistas realizada por Bashar al-Asad en 2011 a fin de instigar miedo en los gobiernos occidentales.

Los fieles al recién estrenado ISIS no sólo no aceptaron su mediación, sino que le amenazaron con matarle, cosa que harían a comienzos de 2014, el 22 de febrero, unas semanas después de que Al-Zawahirí repudiase su relación con el ISIS.

Con la ruptura consumada, el ISIS se embarcó en un plan de asesinatos de los líderes tanto del Frente al Nusra como de otros grupos rebeldes a Al-Asad. A la vez que imponía su control a medida que los rebeldes opositores dejaban el camino libre. El control de Al Raqa pasó de la noche a la mañana a las manos del ISIS en abril de 2013. Con una buena campaña mediática y subrayando la imagen de imbatible y ganador, cientos de guerrilleros de Al Nusra, así como de otros grupos, desertaron de sus puestos para engrosar las filas del ISIS. Emires de importantes núcleos, como Ad Dana, Alepo, Yarabulus, Manjib o Tal Abyad, hasta entonces fieles a Al Nusra, izaron la bandera negra del ISIS. En pocas semanas, Al-Baghdadi tenía bajo su control parte de su proyecto de Califato.

SANA HANDOUTEFE

Exhaustos por sus batallas contra las fuerzas de Al-Asad, decapitados por los milicianos islamistas o verdaderamente atraídos por el ISIS, los rebeldes sirios perdieron su capacidad para frenar el avance del Estado Islámico

Exhaustos por sus batallas contra las fuerzas de Al-Asad, decapitados por los milicianos del ISIS o verdaderamente atraídos por el proyecto de Al-Baghdadi, los grupos rebeldes sirios fueron perdiendo su capacidad para frenar el avance del ISIS. Bajo la impunidad del régimen de Damasco, el ISIS pudo luchar eficazmente contra los rebeldes no yihadistas y contra Al Nusra. En Irak, gracias a la asociación con los militares de la etapa de Sadam Husein, particularmente la organización de su vicepresidente, Izzat Ibrahim al-Douri, la Jaysh Rijal at-Tariqa an Naqshabandiya (o Ejército de los hombres de la Orden Naqshbandi), pudo sofisticar su estrategia militar a la vez que acercarse a las tribus. Todo ello alimentó también la imagen victoriosa del ISIS en Siria y la declaración de obediencia de tribus muy relevantes, como la de Afadila.

No es de extrañar que imbuido de un claro sentimiento de victoria, Al-Baghdadi ordenase a sus fieles marchar desde Siria a Irak, borrando de paso las fronteras establecidas por el acuerdo de Sykes-Picot cien años antes. De hecho, el ISIS inundará todas sus redes sociales con fotos de sus bulldozers borrando literalmente las fronteras entre Siria e Irak como símbolo de la destrucción del antiguo orden territorial y anuncio de uno nuevo.

En febrero de 2014 la CIA estimaba que el ISIS contaba con unos 10.000 miembros; en junio elevó esa cifra a 15.000, estimación que revisaría al alza dos meses más tarde. Sea como fuere, el 6 de junio de 2014, los fieles a Al-Baghdadi penetraron como un rayo en territorio iraquí y llegaron hasta las puertas de la segunda ciudad más importante de Irak, Mosul, con una población estimada en torno a los dos millones de habitantes. La ciudad estaba defendida por la Segunda División del Ejército iraquí, entrenada y equipada por los Estados Unidos durante años. La primera línea de defensa compuesta por su 6ª Brigada contaba con 2.500 soldados. En pocas horas, todos habían desertado dejando atrás sus uniformes y armas. Al igual que hicieron sus comandantes y generales, 10.000 soldados y policías simplemente abandonaron a la población a su suerte por no querer oponerse a unos cientos de milicianos del ISIS.

En menos de tres días, las banderas negras del ISIS ondeaban en toda la ciudad. Pero fue aun peor, Al-Baghdadi ordenó seguir avanzando hacia Bagdad y la ciudad de Tikrit cayó al igual que Mosul. Y con ella la base Camp Speicher, trufada de material de guerra que pasó a manos de los insurgentes del ISIS. Otras ciudades seguirían el mismo destino, incluidas Diala y más tarde Ramadi.

A finales del mes de junio, el día 29, con el Ejército iraquí en práctica desbandada,el portavoz del ISIS, Mumahed Nasir al-Din al-Adnani, declarará el cambio de dominación del ISIS al de Estado Islámico y anunciará simultáneamente la constitución del Califato. Incluso difundió un documento oficial en varios idiomas bajo el título ‘Ésta es la promesa de Allah’. En él se decían cosas como:

Abu Bakr al-Baghdadi declarará formalmente en abril de 2013 la abolición tanto de Al Nusra como del ISI y la constitución de una única entidad: el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS)

“El sol de la yihad se ha levantado… El triunfo se asoma sobre el horizonte. Los signos de la victoria han aparecido.

Aquí la bandera del Estado Islámico, se alza y ondea. Su sombra cubre las tierras desde Alepo a Diala. Bajo ella, los uros de los tiranos han sido demolidos, sus banderas han caído y sus fronteras han sido destruidas.

Es el sueño que vive en lo más profundo de cada musulmán creyente. Es la esperanza que yace en el corazón de cada muyahidín monoteísta. Es el Califato, la obligación abandonada de nuestra era.

Ahora el Califato ha retornado”.

Días después, el 4 de julio, vestido totalmente de negro, como mandan los cánones salafistas, Abu Bkr al-Baghdadi entraba en la mezquita de Mosul para impartir su primer sermón como Califa. Hay que decir en honor a su persona, que el imán de la mezquita, Mohamed al-Mansouri, quien había rechazado prestar obediencia al Estado Islámico dos días antes, había sido ya debidamente ejecutado.

La alocución de Al-Baghdadi no hizo más que reflejar en términos teocráticos (el temor a Alá) la realidad que se había creado bajo sus pies: el control de cerca de 80.000 kilómetros cuadrados de territorio, una población de más de seis millones de habitantes y un ejército que marchaba hacia la victoria. La historia del Estado Islámico empezaba a contar.

Rafael L.Bardají es director de Política Internacional de FAES

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