Albherto's Blog
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Epi y Blas contra los padres tontos


Treintaymuchos

Explicación de Epi y Blas apta para padres tontunos: arma ‘de verdad’ y ‘de juguete’

  • Retirar de las venta las armas de juguete, como ha hecho la cadena ‘Toys R us’ este sábado en Francia es un síntoma de tontuna profunda.
  • Una vez más, los personajes de Barrio Sésamo ayudan a los padres histéricos a comprender la diferencia entre un arma real y otra de juguete.

 

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“Oye, Blas”… “¿Qué pasa, Epi?”

Juan Bosco Martín Algarra…. Lunes, 23 de noviembre del 2015 – 20:09

El mundo nos sorprende cada día. Ya sea por su crueldad, por su genialidad, por su bondad o por su infinita tontuna, no deja de interpelarnos. Lo vemos a diario. La última ha sido a raíz de los terribles atentados de París.

Un papá francés escribió a la conocida cadena juguetera ‘Toys R us’ para quejarse de las armas de juguete que venden estos centros comerciales. Algunas son tan parecidas a las reales -ya saben: culata, gatillo, cargador, cañón…- que pueden confundir a las fuerzas de seguridad en estos tiempos de incertidumbre.

Es natural: de todos es conocido que los policías suelen acribillar a niños de ocho años que ven por los parques apuntándose con pistolillas y rifles de goma. ¿Quién no ha conocido un caso así?

La compañía juguetera, contagiada de la hipersensibilidad paterna, ha retirado varios de estos juguetes de sus tiendas.

Epi y Blas en acción

Lamento comprobar que los atentados no sólo han elevado nuestro miedo. Han hecho lo mismo con nuestra tontuna más infantil.

Ya que hablamos de niños, recurro a Epi y Blas para explicar algo que cualquier infante, hasta de la más tierna edad, es capaz de comprender a la primera.

Escenario 1. Epi dispara a Blas con una pistola de juguete. Blas se hace el muerto. A los pocos segundos Blas se levanta y dispara a Epi. Ahora es Epi el que se derrumba sobre el suelo y queda inerte. Pasa un ratito. Se levanta, se ríe… y ambos se van a jugar con el patito de goma. ¡Qué bien se lo pasan estos dos amigos inseparables!

Escenario 2. Epi llega al salón armado de un AK47. Observa a Blas en actitud cariñosa con el monstruo Triki. Sospecha lo peor. “Blas, esto no te lo perdonaré en la vida”. Epi aprieta el gatillo y dispara durante 20 segundos. De acuerdo a la cadencia de tiro del kalashnikov, 200 balas perforan los blandos tejidos de Blas y el monstruo de las galletas hasta convertirlos en quesos gruyère. Pedazos de gomaespuma vuelan por todas partes.

Se acabó el show. La rana Gustavo, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo, informa que el programa tiene que echar el cierre por defunción de dos personajes irremplazables.

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Los malos y los buenos

Eso lo entiende cualquier crío. Ni siquiera Barrio Sésamo, espacio televisivo de la más básica pedagogía (arriba-abajo, dentro-fuera, izquierda-derecha) se molestó en explicarle a un niño la diferencia entre escribir con un lápiz una hermosa carta a mamá o clavar dicho lápiz en el ojo del compañero de pupitre.

Porque, por cierto, para matar no es necesario una pistola. Basta algo tan inocente como el mazo de un almirez o el mercurio de un termómetro. Si de matar se trata, todo es cuestión de ponerse.

Un niño sabe que las armas de verdad sirven para matar a los malos: ya sean indios, vaqueros, ladrones, villanos o yihadistas del Estado Islámico.

Por eso no le parece nada raro que las porten personas de uniforme como policías o soldados. Porque sabe que ellos son los buenos, que están para defendernos de los malos.

Pistolas no, espadas sí

No me gusta nada la actitud que tienen respecto a las armas en países como Estados Unidos. Me siento mucho más seguro en Europa, donde una persona no puede comprar una metralleta con la misma facilidad que un cartón de leche.

Pero de ahí a prohibir la venta de pistolas de juguete, que están marcadas en su cañón por un punto rojo para distinguirlas de las verdaderas, me parece un exceso. Sobre todo cuando, al mismo tiempo, se dejan las espadas, los arcos y las fechas, como si la humanidad hubiera estado matándose a lo largo de la Historia con revólveres, bazookas y ametralladoras.

Cuidado. A los niños hay que explicarles que el mal existe. Porque es la verdad. Y que este mal anida en el corazón y la inteligencia del hombre, no en los instrumentos. Los niños lo entienden rápido.

No permitamos que la realidad, por muy difícil que se presente, altere nuestro sentido común. Nunca olvidemos las lecciones del sencillo y lógico universo de Barrio Sésamo. Son perfectas para los niños… y para los padres tontunos.

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