Albherto's Blog
Argonauta, en busca del Vellocino de Oro. Una navegación diaria por la blogosfera… ¡ y hasta aquí puedo escribir !

La Sección femenina


LA OTRA CRÓNICA DE ESPAÑA.- 1939-1955 de la guerra a la leche en polvo

Sección femenina, la fábrica de mujeres

  • ‘La otra crónica de España’, el recorrido visual por la Historia de las últimas ocho décadas que propone EL MUNDO, llegará el domingo a los quioscos.
  • En el presente texto, la autora recuerda lo duro que fue el franquismo para las mujeres que retrocedieron en derechos sociales
  • El coleccionable de EL MUNDO, desde el domingo

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Un grupo de mujeres de la Sección Femenina, durante la inauguración del pantano de San Bartolomé, en 1942. MIGUEL CORTES / EFE

CARMEN RIGALT… Madrid… Actualizado 20/11/2015… 02:37

 

Tengo entre mis manos un libro sepia con un olor inconfundible; olor a biblioteca cerrada y a legajos bañados en polvo. Se titula Estampas de dolor y de sangre y me transporta a un tiempo que no viví pero del que he recibido el encargo de escribir unas líneas.

El libro fue escrito con el corazón y sobre todo, con el hígado. Para ejemplo, el capítulo que lleva por nombre “Las arpías”. Si elocuente es el título, más lo son las palabras que el autor dedica a las mujeres del mal llamado “otro” bando. Considerando que los militares sublevados atentaron contra el gobierno legítimamente constituido, el otro bando no debería ser el “otro” sino el “uno”. “Hay que dejar consignado ante la historia que las causantes de las tragedias han sido las mujeres“. El autor se refiere a las mujeres republicanas, especialmente de izquierdas, milicianas o madres y hermanas de milicianos.

Pasé mi infancia oyendo contar batallitas de la guerra a las mujeres de mi casa. Ellas no eran arpías, pertenecían a una familia de orden, iban bien vestidas y pasaban por rezadoras y decentes. Mi madre era más expresiva que sus hermanas. Quizás porque tenía menos años que ellas y menos conciencia de la gravedad de los hechos.

Todo lo que contaba mi madre era excitante. Mi abuela, en cambio, prefería mantenerse en silencio. Era severa y adusta, con un sentido de la dignidad que llevaba implícito sufrir sin quejarse. Según mi madre, la casa familiar la ocupó el Estado Mayor y ellas tuvieron que huir a una caseta de campo próxima al frente. Una mañana de invierno envuelta en nieblas, mi madre y mi abuela abandonaron la casa familiar, y siguiendo la vía del tren, llegaron al refugio. Hasta su muerte recordó que los tiros les pasaban rozando la cabeza.

Cuando terminó la guerra una de mis tías se hizo de la Sección Femenina y año tras año iba a Medina del Campo a hacer algún cursillo para aprender a mandar (ella era de naturaleza mandona). Franco había cedido el Castillo de la Mota a la SF y allí montó Pilar Primo de Rivera una fábrica de mujeres siguiendo el estilismo del duce).

Mi madre no era muy partidaria de la Sección Femenina. Cuando acabó la autarquía pudo elegir a Pilar Primo de Rivera, pero eligió a los curas y se hizo de Acción Católica. Mi madre no lo sabía, pero las nuevas españolas llegaban con retraso respecto a las españolas de la República, que habían estrenado derechos como el divorcio, el aborto y hasta el voto. Con Franco, en cambio, tenían los mismos derechos que los locos; la que no estaba bajo la tutela del padre, lo estaba bajo la del marido.

Las mujeres alcanzaban la mayoría de edad a los 25 años. Algunas mujeres que habían sido laboralmente activas durante la República sufrieron humillaciones: les cortaban el pelo casi al rape y les obligaban a ingerir aceite de ricino.

El régimen contó con la ayuda de la Iglesia para hacer de las mujeres una clase pasiva y obediente. Se les quitó toda iniciativa (no podían ni abrir una cuenta bancaria) y leían libros de consejos sobre cómo agradar al marido. El adulterio femenino era un delito, mientras que el masculino solo se consideraba delito si había amancebamiento.

Mi madre pasó por el aro del franquismo sin rechistar. Olvidó sus derechos y se convirtió en una mujer dócil y rezadora, aunque en algunas fotos que conservo luce un peinado a lo “Arriba España” que le confería un aire majestuoso. A veces también se ponía peineta y el gobernador civil le hacía la reverencia. Yo había nacido ya y estaba adscrita a la corte celestial. Era un angelito que salía por Corpus y todos los años se meaba en los pantalones del gobernador.

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