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El saludo fascista


LA OTRA CRÓNICA DE ESPAÑA I.- 1939-1955 de la guerra a la leche en polvo

Cuando la Roja no era la Roja

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La Selección Española, antes del partido amistoso España-Francia de marzo de 1942, en Sevilla. ARCHIVO REGIONAL DE LA COMUNIDAD DE MADRID

ORFEO SUÁREZ…Madrid.. OrfeoSuarez….. Actualizado 17/11/201504:23

 

Estamos en 1942, en una España que viste de blanco y levanta el brazo. La Roja había dejado de existir y tardaría, al menos en lo cromático, un tiempo en volver. El saludo fascista fue habitual en los estadios de fútbol en los años posteriores a la Guerra Civil. La selección, de hecho, no volvió a competir oficialmente hasta dos años después de la contienda, en 1941. Durante el conflicto, sin embargo, había disputado partidos una versión no oficial en la zona nacional. De blanco, por supuesto, y con el yugo y las flechas en el escudo. Ni roja, ni rojos.

Un año después de su vuelta a la actividad oficial, España, todavía de blanco en deferencia a la camiseta de Les Bleus, recibió a Francia para disputar un amistoso en Sevilla, concretamente en el barrio de Nervión, donde hoy se levanta el moderno Sánchez Pizjuán. El combinado galo representaba a la Francia ocupada y el encuentro formaba parte del ámbito de colaboración que tuvo el Gobierno de Vichy con el de Franco. Para la España franquista y el Ejecutivo galo colaboracionista con los nazis se trataba de una alianza natural y muy eficaz en lo logístico, dado el bloqueo al que ambos países estaban sometidos por algunas de las democracias europeas. Muchos de los dirigentes de Vichy habían mostrado su simpatía por la causa nacional durante la Guerra Civil, al tiempo que existía una devoción mutua entre Franco y el general Petain, que se habían conocido personalmente en el Rif.

El general Moscardó saludó, uno a uno, a los jugadores de ambos equipos antes de que sonaran los himnos. Los franceses, sin embargo, no levantaron el brazo. Moscardó, un icono del bando nacional por la frase “sin novedad en el Alcázar”, pronunciada después de dirigir su defensa, y por haber soportado el sacrificio de su hijo, asumió tras el conflicto la dirección de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes, desde donde se marcaba con mano de hierro la política deportiva del régimen. Fue Moscardó, sin embargo, el que tomó la decisión de devolver el rojo a la camiseta, aunque el azul se mantuvo como segundo equipaje, y lo ha hecho hasta ahora.

De azul, precisamente, derrotó España a la URSS en la Copa de Naciones, actual Eurocopa, en 1964, con gol de Marcelino a Yashin. El régimen hizo de la victoria en el Bernabéu una metáfora del triunfo sobre el comunismo, mientras los miembros del PCE, reunidos en clandestinidad, lo lamentaban. La URSS acudió a disputar el torneo a pesar de que, cuatro años antes, el Gobierno de Franco bloqueó la asistencia de la selección al partido de ida de cuartos, en Moscú. Los soviéticos se clasificaron para la fase final, disputada en Francia, sin jugar y ganaron posteriormente el torneo. Los jugadores españoles, convencidos de su triunfo, lo lamentaron. “Recibimos instrucciones de arriba, de El Pardo”, cuenta Luis Suárez. No fue el único boicot del franquismo a una gran competición por cuestiones políticas. En 1956, los deportistas españoles no acudieron a los Juegos Olímpicos de Melbourne por la presencia de la URSS, en el año de la entrada de los tanques en Budapest para reprimir la revolución húngara. El gimnasta Joaquín Blume perdió su gran oportunidad. Falleció en accidente aéreo tres años después.

El No-Do desnaturalizó el gol de Marcelino, en 1964, ya que en las imágenes parte de un centro de Amancio, cuando quien lo lanzó fue Pereda. Algunas interpretaciones sostuvieron que lo manipularon porque se trataba de un futbolista del Barcelona, y el régimen quería que participara uno del Real Madrid. Parece poco probable. En realidad, el franquismo no creó al Madrid dominador de Europa, sino que se aprovechó de su eficacia, con algunos réditos para el club. Se trataba de una entidad más avanzada que un régimen autárquico. De la mano del sutil y diplomático Raimundo Saporta, llegaron a producirse encuentros con políticos en el exilio, como uno relatado por Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat de Cataluña en el exilio. El dominio del Madrid, de hecho, coincidió con la segunda parte de la dictadura, bajo el Plan de Estabilización Económica. Continuó la represión y continuó el fútbol, pero ya sin el brazo en alto en los estadios.

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