Albherto's Blog
Argonauta, en busca del Vellocino de Oro. Una navegación diaria por la blogosfera… ¡ y hasta aquí puedo escribir !

Y traicionar a Francisco


EL TOPO PAPAL.- Filtró información para la investigación de un libro

El ‘judas’ riojano del Papa

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Francesca immacolata Chaouqui, junto a Vallejo Balda en el teatro Parioli de Roma en enero de 2014. UMBERTO PIZZI

IRENE HDEZ. VELASCO. @IreneHVelasco…. Actualizado 08/11/201505:22

Los caminos del Señor son inescrutables. Y en especial en el caso de monseñor Lucio Ángel Vallejo Balda, un sacerdote de 54 años nacido en la localidad riojana de Villamediana de Iregua, listo, brillante, guaperas, con una fe ciega en sí mismo y un currículum plagado de éxitos profesionales, considerado por muchos como el más brillante cerebro financiero de la Iglesia y llamado por el mismísimo Papa Francisco a auxiliarle en su tarea de limpiar las cuentas vaticanas y poner orden en la enmarañada economía de la Santa Sede. Todo hacía presagiar que este prelado haría un carrerón a la sombra de la Cúpula de San Pedro, parecía ineludiblemente destinado a triunfar. Y sin embargo, ahí lo tienen: desde el fin de semana pasado se encuentra detenido, acusado de haber filtrado a dos periodistas documentos con información reservada de la Santa Sede (incluidas grabaciones de audio de sus reuniones con el Papa), convertido en el nuevo cuervo del Vaticano, repudiado por todos y con la perspectiva de poder ser condenado a pasar hasta ocho años en la cárcel.

Doña Gregoria, su madre, tal vez sea la única persona que sigue apoyando con absoluta lealtad a monseñor Vallejo Balda. Hijo único, el prelado siempre ha mantenido una relación de gran cercanía con su progenitora. Hasta el punto de que cuando, por recomendación del cardenal Rouco Valera, Benedicto XVI le llamó en septiembre de 2011 para que ocupara el cargo de secretario de la Prefectura de los Asuntos Económicos de la Santa Sede, nuestro hombre sólo puso una condición para trasladarse al Vaticano: que le permitieran llevarse consigo a su señora madre y seguir viviendo con ella. Doña Gregoria se mudó de ese modo a Roma, compartiendo con su idolatrado vástago un imponente apartamento dentro del Vaticano y echando una mano en sus quehaceres a las monjas encargadas de las tareas domésticas de la vivienda. La mujer sigue hoy en esa casa, penando por los pasillos y sin ser capaz de explicarse cómo su hijo -ése del que tan orgullosa estaba, ése que con sólo ocho años entró en el seminario de Logroño, que se doctoró en Teología y Derecho, que fue ordenado cura con 26 primaveras y que pertenece a la Sociedad Sacerdotal del Opus Dei- ha podido acabar bajo arresto.

Nadie se lo habría imaginado hace cuatro años, cuando despegó la carrera de monseñor Vallejo Balda en la Santa Sede, cuando, asfixiado por los interminables escándalos financieros, Benedicto XVI se lanzó a buscar un experto en economía no italiano como número dos del virtual ministerio de Finanzas del Vaticano. El entonces presidente de la Conferencia Episcopal española, Rouco Valera, muy amigo de Ratzinger, puso sobre la mesa el nombre de Vallejo Balda, desplegando sus numerosas credenciales. Al fin y al cabo el sacerdote riojano tenía un gran currículo a sus espaldas: en 1990, con 29 añitos, fue nombrado ecónomo de la diócesis de Astorga (en León), convirtiéndose en el más joven cura de la historia de España en desempeñar ese cargo. En los 21 años que estuvo al frente de las finanzas de Astorga se ocupó con buena mano de presupuestos, balances, cuentas de ahorro, inversiones y de la gestión de los alrededor de 1.500 edificios propiedad de la Iglesia en esa diócesis.

Fue uno de los primeros sacerdotes en aplicar las leyes del capitalismo financiero a la Iglesia. Su trabajo en ese sentido fue bastante brillante, aunque salpicado de algunos nubarrones. Llevó a cabo, por ejemplo, arriesgadas inversiones en Bolsa y, más concretamente, en Gescartera, la sociedad de inversiones que defraudó unos 20.000 millones de pesetas (alrededor de 120 millones de euros) a más de 2.000 afectados, incluidas algunas congregaciones religiosas. Pero dentro de todo tuvo suerte: en 2008, siete años después de que estallara el escándalo de Gescartera, logró recuperar los 339.352,25 euros que la diócesis de Astorga había invertido allí.

También hubo quien cuestionó que creara su propia Sicav (ya sabe: las sociedades de inversiones que los ricos utilizan para escaquearse del pago de impuestos). Se llamaba Vayomer (“Y Dios dijo”, en hebreo) y, a pesar del nombre, muchos la consideraban bastante poco cristiana. Por no hablar del pedazo chalé que el sacerdote se construyó en la localidad de Celada de la Vega, en un paraje de ensueño y con un diseño tan minimalista y excepcional que le valió el Premio de Arquitectura de Castilla y León 2009, y que hizo que muchos torcieran el gesto con desagrado.

Aun así, y dada su visión moderna de las finanzas eclesiásticas y sus grandes dotes como administrador, cuando en agosto de 2011 Madrid acogió la Jornada Mundial de la Juventud, la Conferencia Episcopal española echó mano de Vallejo Balda para que se ocupara de la gestión económica del evento. Rouco quedó muy impresionado por su eficiencia y cuando poco después Benedicto XVI le pidió ayuda para encontrar al número dos del ministerio de economía vaticano, el cardenal español no dudó en dar su nombre.

Vallejo Balda desembarcó en Roma con un gran cargo, pero también con un exceso de autoconfianza y con muy poco conocimiento de las sutilezas por las que se rige la política vaticana. Pero le fue bastante bien. Hasta el punto de que cuando Benedicto XVI decidió dimitir -después de que los documentos robados de su despacho por su mayordomo dejaran al descubierto el nivel de corrupción y desgobierno que reinaba en la Santa Sede- y llegó el Papa Francisco, nuestro monseñor no sólo logró sobrevivir sino que se convirtió en un referente del nuevo pontificado. La prueba es que Bergoglio no sólo le mantuvo como secretario de la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede (cargo que aún mantiene), sino que además le nombró secretario general de la Comisión investigadora de los organismos económicos y administrativos de la Santa Sede (COSEA), el ente que Francisco creó en julio de 2013 para analizar las finanzas vaticanas. Vallejo Balda era el único eclesiástico de las ocho personas que formaban parte de la COSEA.

Y fue él quien se empeñó en meter en la misma a Francesca Immacolata Chaouqui, una atractiva ex asesora de Ernst & Young de origen no se sabe si egipcio o marroquí, de edad incierta (unos 33-35) y de armas tomar, famosa por ser una lianta absoluta, una trepa de campeonato, considerada por muchos directamente como una moderna Mata Hari y que el fin de semana también fue detenida con Vallejo Balda por filtración de documentos reservados. Pero en parte porque descargó toda la responsabilidad sobre él y accedió a colaborar con las autoridades, y sobre todo porque está embarazada de tres meses, fue puesta en libertad al día siguiente.

Incontinencia verbal

Pero volvamos a Monseñor Vallejo Balda. Parece ser que se tomó muy, muy en serio su trabajo de limpiar las finanzas vaticanas. Quizá demasiado en serio: se creyó una especie de moderno Quijote en lucha contra el mundo, un llanero solitario en cuyas espaldas recaía la responsabilidad de salvar a la Santa Sede. Él mismo, durante su participación el año pasado en un curso de información religiosa organizado por el Opus en la Universidad de la Santa Croce en Roma, pecó de inmodestia y de megalomanía al presentarse ante los alumnos (muchos de ellos, veteranos periodistas) como el monarca absoluto de las finanzas de la Santa Sede. “¿Quién es el máximo responsable del control económico del Vaticano?”, le preguntó Joan Solés, corresponsal en Roma de la Cadena Ser. “Yo”, respondió sacando pecho Vallejo Balda. “¿Y quién es el máximo responsable de la gestión económica?”, espetó el periodista. “Yo”, respondió sobrado Vallejo Balda.

No eran sólo sus aires chulescos y su infinita seguridad en sí mismo los que resultaban chocantes en el Vaticano, un ambiente habituado desde hace siglos a funcionar a base de sutilezas y de medias palabras. Además al monseñor español le perdía la incontinencia verbal, la necesidad imperiosa de hacer saber a todo aquel con el que se cruzaba lo importante que eran él y su trabajo. Eso le llevaba, según varios testimonios recogidos por este periódico, a hablar bastante más de lo que la prudencia aconsejaría. “Soltaba ante casi cualquiera que se le ponía a tiro información cuando menos sensible, si no reservada”, nos cuenta uno de sus amigos.

La falta de moderación verbal de monseñor Vallejo Balda le pasó factura. Su más clamoroso error de deslengüe tuvo lugar en marzo de 2014, cuando el Papa decidió crear una súper Secretaría de Economía, después de haber disuelto la Comisión a la que pertenecía Vallejo Balda por considerar que ya había realizado su trabajo. El monseñor español estaba absolutamente convencido de que iba ser nombrado número dos de ese mega ministerio de economía, tanto que incluso lo anunció en algún medio de comunicación. También se le llenó la boca diciendo que el 6 de enero de 2014 el Papa le nombraría obispo. Pero esa metedura de pata, unida a la mala relación que mantenía con el cardenal australiano George Pell (número uno de la secretaria de Economía), hizo que Francisco optara por no nombrarlo para el cargo, decantándose por el maltés Alfred Xuereb. Tampoco lo ordenó obispo.

Para nuestro hombre fue un mazazo tremendo, pero eso no frenó su torrente verbal: al revés, comenzó a criticar públicamente a Pell. Aun así, seguía convencido de que lograría un cargo importante, y así se lo soltaba a todo aquel con quien se cruzaba. Sus aspiraciones apuntaban en ese momento a convertirse en revisor general de la Santa Sede, un nuevo cargo creado por Francisco para llevar a cabo las reformas financieras y económicas necesarias.

Pero entonces, el monseñor español volvió a meter la pata hasta el fondo. El 27 de abril del año pasado, el día de la ceremonia de canonización en Roma de Juan Pablo II y Juan XXIII, no se le ocurrió otra cosa que montar junto a su amiga Francesca Immacolata Chaouqui un fiestorro por todo lo alto (costó 18.000 euros) para 150 invitados vip en una azotea sobre la Plaza de San Pedro de la mismísima Prefectura de los Asuntos Económicos. Mientras dos millones de personas se hacinaban abajo, ellos seguían la ceremonia entre vinos, canapés y hostias benditas, porque el monseñor dio a los presentes la comunión en copas de cristal. Francisco, conocido por su austeridad, se puso furioso. Y en lugar de nombrar a Vallejo Balda revisor general de la Santa Sede, eligió al italiano Libero Milone. El gusto del español por el petardeo social y la buena vida, así como su talante un poco de vedette (le gusta acaparar los focos), definitivamente no encajan con el carácter de Francisco.

A partir de ahí, de ese nombramiento frustrado, el monseñor español empezó a desbarrar salvajemente. Ya no era sólo que se fuera de la lengua con quien se le pusiera a tiro… Empezó a ver por todos lados conspiraciones contra él. “Hemos sido muy amigos, pero la primavera pasada comenzó a agitarse, como si hubiera enloquecido”, aseguraba esta misma semana Chaouqui en una entrevista al diario italiano La Repubblica. ¿Por qué? “No es ningún secreto que él esperaba conseguir el puesto de revisor general de la Santa Sede, para el que fue elegido finalmente Libero Milone. Cuando le nombraron, comenzó a declararle la guerra, lo que probablemente le llevó a entregar documentos a los periodistas”.

“Considero absolutamente ridículo que alguien pueda decir que monseñor Vallejo Balda, un hombre que ha elegido a Cristo y ha servido a la Iglesia durante décadas, haya podido filtrar documentos vaticanos por venganza, por no haber obtenido el cargo que esperaba. Afirmar eso me parece una banalidad”, nos cuenta al teléfono Gianluigi Nuzzi, autor de Via Crucis, el libro que ha desencadenado la detención del sacerdote español y que revela el sistema económico absolutamente corrupto y al borde de la quiebra que se encontró Francisco al ser elegido Papa.

Pero si no fue una venganza… ¿entonces por qué Vallejo Balda hizo lo que hizo? “No lo sé”, afirma Nuzzi. “Puede ser que se frustrara al ver que no se avanzaba lo suficiente en las reformas que el Papa quería llevar a cabo y decidiera denunciar públicamente la situación, en un intento por ayudar al Pontífice. Al fin y al cabo fue el propio Francisco, al principio de su pontificado, quien animó a todos aquellos que tenían cosas que denunciar y no podían llegar a él a que acudieran a los medios de comunicación”. “Yo creo que se volvió literalmente loco. De hecho, la última vez que hablé con él decía cosas sin sentido”, nos cuenta una persona muy próxima al monseñor español. A saber si algún día sabremos la verdad…

Retrato de Chaouqui, la nueva ‘Mata Hari’

Se llama Francesca Immacolata Chaouqui aunque en Roma pronto fue rebautizada como “la relaciones públicas del Papa”. Un título que se otorgó ella misma y que, con su destreza para vender motos, enseguida hizo prosperar. De padre egipcio (¿o marroquí?) y madre italiana, de unos 33 años (su edad también es incierta), Francesca, a la que llaman ‘Mata Hari’, es un misterio. Nadie se explica cómo esta licenciada en Derecho que no superó el examen final de abogado, sin formación específica en el campo económico-financiero, acabó siendo designada por el Papa como la única mujer dentro de la comisión pontificia de ocho técnicos (de la que también formó parte el riojano Vallejo Balda) que analizó la económía de la Santa Sede.

Que la Chaouqui iba a dar problemas se veía venir desde el mismo día de su nombramiento y se confirmó el pasado fin de semana, cuando fue detenida junto con Vallejo Balda, acusados de filtrar información confidencial a dos periodistas. Vehemente, deslenguada y sobre todo experta en autopromoción (hay quien dice que es una espía), aterrizó en el Vaticano desde el departamento de relaciones públicas de la filial italiana de Ernst&Young. Cuando ya ocupaba su cargo en la Santa Sede, el diario ‘Il Giornale’ husmeó en su cuenta de Twitter, descubriendo comentarios irrespetuosos hacia el ex secretario de Estado Vaticano Tarcisio Bertone o afirmaciones como que al ex ministro de Economía italiano Giulio Tremonti le habían cerrado la cuenta en el banco vaticano al saber que era gay.

Francesca sólo ha estado una noche en prisión por filtración de información confidencial, mientras que Vallejo Balda sigue arrestado. Ella, experta en manipulación, dice que la han dejado libre porque es inocente, que fue el prelado español es culpable de todo y que está colaborando con la Justicia vaticana. Sin embargo, cuentan que el verdadero motivo es que está embarazada de casi tres meses y el Papa no quería tenerla retenida así. Parece ser que las pruebas en su contra son abrumadoras y podrían implicar a su marido, Corrado Lanino, un ingeniero informático que trabajó en el Vaticano (aunque sólo en el nivel más bajo de seguridad).

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