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El buen amante habla de sexo con su pareja


SEXO

La prueba definitiva para saber si es bueno en la cama

  • Ni orgasmos ni despliegue postural.
  • El único modo de aprobar entre las sábanas pasa por responder afirmativamente a la siguiente pregunta
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‘Masters of sex’: el sexo no se lee, se practica.
Maite Martínez….   7 NOV 2015 – 12:26 CET

¿Cuántas veces se ha preguntado si es bueno en la cama? ¿Cree que su pareja está realmente satisfecha o lo suyo es puro teatro? Hay signos, como la coloración intensa o la respiración acelerada, que nos pueden indicar que la otra persona está satisfecha sexualmente con nosotros. Pero, ¿al cien por cien? Hay una pregunta que esclarecerá el enigma. Y no tiene que responderla su amante, sino usted mismo:

¿tiene curiosidad y confianza para hablar de sexo con su pareja entre las sábanas?

Si la respuesta es afirmativa, felicidades, es usted un amante de diez. Pero, ¿y el orgasmo? ¿Y las 50 posturas raras que hay que conocer? ¿Y los gritos del cónyuge o amante efímero? Explicamos por qué no son tan importantes, pero antes, aclaremos un concepto. ¿Por qué en la cama? “Esto ya es una idea reduccionista”, nos dice Pedro Lucas Busto, psicólogo y sexólogo de la Sociedad Española de Intervención en Sexología: “Lo correcto es hablar del ‘buen amante”.

Signos del buen amante

“No hay señales o competencias universales que nos garanticen que somos buenos amantes, porque cada cuerpo y forma de entender el placer es diferente”, continúa Lucas. “Hay una cosa común: el sexo hecho con autenticidad. Forzar nuestros movimientos como hemos visto en la peli porno o hemos leído en Internet puede alejarnos de lo que realmente nos gusta y nos pide el cuerpo. El buen amante es el que disfruta con lo que está haciendo”.

Humedad genital, enrojecimiento u oscurecimiento de la piel, respiración más rápida… Todo esto nos puede dar una idea de que lo estamos haciendo bien, pero no le ocurre a todo el mundo, y su ausencia no significa que seamos pésimos amantes. “Los prejuicios, las enseñanzas y la educación recibida (o la falta de ella) en cuanto a sexo se refiere influyen mucho en el comportamiento y desempeño de la persona frente a las relaciones sexuales. Muchas veces se intenta no demostrar que uno está disfrutando del sexo y se trata de minimizar esas sensaciones de excitación. Y en otros casos, se tiende a fingir placer con el fin de dejar más tranquila a la pareja”, comenta Fernando Salas, cirujano experto en andrología y sexualidad masculina y director médico de Mensolutions.

Una generosidad previa

La mayoría de nosotros quiere agradar y hacer feliz al otro, tanto si estamos teniendo un encuentro ocasional como si la relación es a largo plazo. Fernando Salas nos tranquiliza: “Si nuestra pareja se encuentra contenta y sigue teniendo el deseo de acostarse y tener sexo con nosotros, es que somos buenos en la cama. Debe existir la compenetración intensa, la entrega total y el deseo ferviente de hacer feliz al otro. Si ambos amantes están en esta sintonía se consigue un disfrute supremo”.

“Si queremos teorizar, la experta en sexualidad Sandra Leiblum, en 1990, ya habló de satisfacción en la respuesta sexual humana, una fase en la que hay subjetividad y está ligada a la forma en que la persona se asocia a la intimidad”, comenta Marian Ponte, psicóloga y sexóloga del centro de Psicología Adala. “Pero la sexualidad es un baile de dos. Es como ir en tándem. Si ambos colaboran, fluye sin esfuerzo. Tener iniciativas y disfrutar del proceso con el otro es un indicador de que sabemos dar y recibir placer. Un buen amante sabe que la sexualidad es un arte y le importa que la pareja sienta satisfacción en la intimidad”. La doctora Helen Singer Kaplan introdujo la fase de deseo sexual previo. “Incluye el conocimiento del cuerpo de uno mismo y de la pareja, saber estimularlo, jugar con todos los sentidos, ser creativo, sensual, valorar el erotismo, leer las señales que la pareja muestra durante la relación, sintonizarse estando presente durante el proceso, entregarse”, añade Ponte.

Hay personas que tienen más capacidad para disfrutar y dar placer, y suelen ser aquellas que no temen a su cuerpo” (Pedro Lucas, psicólogo y sexólogo)

Algo similar indica Pedro Lucas: “Ser bueno en la cama es cosa de dos. Nadie es bueno ni malo: hay un acto sexual pleno. Por supuesto hay personas que tienen más capacidad para disfrutar y dar placer, y suelen ser aquellas que no temen a su cuerpo. No hay fórmulas mágicas ni afrodisíacos. Cuanto más finjas tus sentimientos, más dificultades tendrás para ser bueno. Para dar placer lo primero es saber recibirlo. Es cuestión de autenticidad y espontaneidad”.

Y no siempre podemos ser los mejores: a veces, para llegar al orgasmo, su compañero requerirá de la autoestimulación. “Pero esto no necesariamente quiere decir que seamos malos en la cama, sino que podemos tener un mal día, simplemente. Si se repite una y otra vez, debemos buscar la ayuda de un especialista”, opina Salas. Ojo: en términos generales, se entiende que con el orgasmo el fin supremo se vería cumplido.”Pero no siempre es así”, continúa Salas. “En sociedades orientales en las que se practica el sexo tántrico, se estimulan las zonas erógenas de la pareja de manera suave, luego intensa, variando el ritmo de excitación una y otra vez, incluso durante más de una hora, sin necesariamente llegar al clímax”. Usted y su pareja marcan las normas. Es más: que uno de los dos llegue al orgasmo no garantiza la generosidad del otro.

Lucas lo explica: “Quienes conocen bien su cuerpo saben llegar al orgasmo independientemente de lo bien o lo mal que lo haga el par, y otras personas tienen más dificultades. En nuestro imaginario sexual llevamos escrito que para tener un buen sexo tiene que haber penetración y orgasmo. Y no siempre es así”.

Según los expertos, las personas preocupadas por si su pareja está satisfecha suelen tener dudas del tipo ‘¿soy lo suficientemente deseable y atractivo?’, ‘¿estoy haciendo lo correcto?’. “Querer impresionar a nuestra pareja y que se nos compare con una leyenda del sexo puede provocar el resultado contrario”, advierte el doctor Salas. Pedro Lucas, por su parte, cree que la sexualidad es fundamentalmente autodidacta. “El Kama sutra [célebre texto hindú sobre el comportamiento sexual humano, con un amplio capítulo sobre posturas] está enfocado a la penetración y reduce en parte las posibilidades que se pueden hacer por el cuerpo”, matiza. De opinión similar es Ponte: “Su autor, Vatsyayana, creía que el sexo era una forma de ‘unión con Dios’ e invitaba a hacer un sexo consciente. Las personas lo relacionan más bien con las posturas sexuales y estas son solo una parte. La inteligencia sexual se adquiere con la práctica, el conocimiento del cuerpo, la comunicación íntima, la autoexploración, la curiosidad por uno y los otros. Si nos liberamos de la represión y permitimos nuestra expresión más genuina y auténtica ante nuestros deseos y fantasías podemos valorarnos y entender el respeto a los deseos del amante”.

Que su pareja llegue al orgasmo no garantiza que usted sea buen amante. Hay personas que conocen tan bien su cuerpo que lo alcanzan independientemente de la calidad del acto, y otras que tienen muchas dificultades” (Pedro Lucas, sexólogo)

Vamos a intentarlo. Eso es lo que hay que cuestionarse. No desconfíe de usted mismo, no tenga vergüenza de disfrutar con su pareja, no tenga miedo a estropear una nueva relación. Si está cansado de lo mismo de siempre, proponga algo diferente. Si la comunicación corporal no fluye, hable. La duda puede convertirse en iniciativa para disfrutar más, porque el sexo no tiene límites y se puede explorar todo. “Tener predisposición, sentido del humor y vivir la sexualidad sin tabúes es garantía de que salga bien. La fórmula más importante es la seguridad en uno mismo, nuestra propia percepción. Cada persona y experiencia es única. Lo que puede ayudarte en una relación, para otra es totalmente inoperante. Lo que para alguien puede ser un buen amante para otro puede resultarle insulso. No siempre nos acoplamos igual con las personas”, concluye Marian Ponte. No existen los malos amantes, existen las personas sin curiosidad entre las sábanas: y esas, por lo general, nunca dan la talla.

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