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Ganar la confianza de la gente


Comunicación

Consejos para ganarte la confianza

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    yodona.com…. 30 Octubre 2015

Tener la confianza de las personas es el paso decisivo para tener éxito en la vida personal y laboral. Nadie querrá contar con un profesional que no le inspira confianza, ni nadie tendrá amigos con los que compartir confidencialidades si no confían en uno. La confianza es clave porque da seguridad y tranquilidad a quien la deposita en ti.

Cuando te has ganado la confianza de un cliente o de un amigo, te has ganado su respeto y su admiración, y has fidelizado la relación. Ahora no eres un profesional normal, eres un profesional o un amigo con un valor añadido: eres confiable. No es algo que se pueda medir, ni se recoge en un título, ni tienes que sacar una nota para que te aprueben en esta asignatura. La confianza es algo que se construye día a día y en la que no puedes suspender ni un parcial, porque si lo suspendes, habrás vuelto al punto de salida: confianza cero.

Para ganarte la confianza de la gente, sigue estos diez consejos:

  1. Haz sentir bien a los demás. Es una de las reglas de la confianza. Las personas quieren llenarse de energía positiva, rodearse de personas que les hagan la vida agradable. La positividad genera lazos emocionales. Trata de ser agradable y educado. No tienes que ser hipócrita, ni mostrarte como no eres para que te acepten. Pero hay un término medio.
  2. Sé prudente y discreto. Hay personas que hablan de todo, de sus intimidades, de sus problemas, de lo que han desayunado y de lo que ocurre en sus trabajos. La persona prudente habla midiendo lo que dice y pensando en qué impacto y consecuencias tendrán sus comentarios. La prudencia es un estilo de vida. La persona prudente tiende a ser elegante y delicada en el trato. Inspira confianza con su saber estar. No alza la voz, no hace gestos exagerados, no viste de forma llamativa, no comenta chistes groseros, etc. Es una persona de la que nunca sentirías vergüenza ajena ni te dejaría en ridículo en público.
  3. Habla en positivo. A los problemas, soluciones. Un profesional es aquella persona que ve soluciones al problema que le aportan. Es alguien a quien contratas para que resuelva o dé ideas a lo que a otra persona no se le ocurre. Si haces comentarios del tipo “pues sí que tienes un problema”, “no hay por dónde cogerlo”, “tu caso es muy complicado”, seguramente tu cliente interpretará que su caso te sobrepasa. No hagas tampoco comentarios del tipo “pan comido”, “¿cómo es que no te lo han solucionado antes?”. Simplemente di que lo estudiarás, que no se preocupe y que en el menor tiempo posible le ofrecerás soluciones. Dar tranquilidad y soluciones forma parte de hacer sentir bien a las personas.
  4. No hables de otros. Habla solo del motivo por el que estás reunido con esa persona. Y mucho menos hables mal de otros profesionales compañeros. Eso queda fatal. No necesitas hundir a otros para que tú obtengas más valor. Sólo haz bien tu trabajo.
  5. Sonríe. La sonrisa invita al otro a relacionarse contigo. Es un gesto amable que hace sentir bien a los demás. Las personas que sonríen nos caen bien. No hace falta que sea un momento especial para que pongas en práctica tus habilidades de comunicación. Trata de practicar diariamente una sonrisa sincera con todo el mundo, desde el señor del quiosco que te vende el periódico, al portero, la vecina, los que comparten ascensor contigo, etc. Cuanto más la practiques, más natural te saldrá. Nos solemos alejar de aquellos que tienen cara seria, triste o amargada. No nos inspiran confianza.
  6. Ten calma y no vayas con prisa. Las personas atolondradas, las que hablan rápido, las que te dicen que están hasta arriba de trabajo, pueden dar una imagen de descentradas, estresadas y sacamos la conclusión de no que no se ocuparán de nuestro problema con eficacia. Mira a la persona que te habla a los ojos, trata de prestarle atención sincera y si de verdad no puedes atenderle en ese momento, házselo saber y dile cuándo la llamarás para atenderle con calma.
  7. Cumple con tu palabra y con los tiempos. No hay nada que dé más confianza que la palabra sincera de otra persona. Si das una fecha de entrega, organízate para que sea así. Es desesperante tener que perseguir al profesional que atiende tus asuntos para que te informe o te entregue el trabajo. Es un motivo suficiente para no volver a visitarle.
  8. Sé ordenado en tus exposiciones. Da credibilidad salir de una reunión y tener claro lo que te han expuesto. La persona que se reúne contigo recibe por primera vez esa información. Seguramente que tú has preparado la reunión de maravilla, puede incluso que hasta la hayas repetido varias veces, pero el que se reúne contigo no. Necesita que hables con tranquilidad, que expongas de forma ordenada el contenido, si lo enumeras mejor, que no saltes de un punto a otro y que al final de la reunión le facilites un pequeño esquema de lo que habéis hablado. Si tu cliente se va con la sensación de que ha comprendido y retenido lo que tú le has explicado, aumentará la credibilidad hacia ti.
  9. Escucha y no hagas juicios de valor.
    Escuchar supone no interrumpir a quien habla, ni acabar sus frases, ni decirle “ya sé lo que me quieres decir”. Deja que la persona exponga el motivo de su consulta, pregunta en qué le puedes ayudar, haz pequeños resúmenes cada cierto tiempo recopilando su información y así comprobar que vas entendiendo lo que necesita, da ánimos verbales, mira a los ojos y no hagas juicios de valor sobre lo que te cuenta.
  10. Sé honesto y ten buenas intenciones.
    Si no puedes resolver su problema, bien porque exceso de trabajo, porque no sea tu especialidad o porque no te apetezca, dilo. No te hace ser menos, te hace ser creíble. Piensa en ti: si tuvieras que pedir ayuda para solucionar un problema, ¿te gustaría que se ocupara de él alguien solo por no fallarte o por compromiso a sabiendas de que no es la persona adecuada para hacerlo? No. Te gustaría que fuera honesto contigo y te dijera que conoce a alguien mejor preparado y que estará encantado de atenderte en otra ocasión. Ser honesto también implica ahorrar tiempo y dinero a tu cliente y hacérselo saber. Si cuando voy a cambiar una rueda el señor del taller me dice que no es necesario todavía en lugar de cobrarme una rueda nueva, me tendrá de cliente para toda la vida. Y en un futuro me cambiará esa rueda y las otras tres y todas las veces que sea necesario cambiarlas.

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