Albherto's Blog
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Imaginario erótico


PAREJAS

Las fantasías sexuales de 66 españolas al descubierto

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Foto: Shutterstock.

MARIAN BENITO…. Actualizado 22/10/201509:32

 

La sexóloga Valérie Tasso lanzó una pregunta incómoda: ¿De qué está hecho tu imaginario erótico? ¿Tríos y sexo con desconocidos? ¿Esposas y correas? ¿Un collar de perro que diga “MIO”? ¿Un affaire con el conde Drácula? ¿Una araña que trepa por tus piernas?… ¿Qué escenas acuden a tu mente cuando quieres excitarte sexualmente?

Como profesional de la sexología, a Tasso no le molesta hacer confesiones y, por eso, rompió el hielo relatando su propia fantasía: “Me imagino en un hospital psiquiátrico. Solo llevo una bata que se ajusta por detrás y deja a la vista el culo, la espalda y las piernas. Cuatro enfermeros me atan a la cama con correas de cuero. Pase lo que pase, no podré moverme. Solo con imaginar este escenario ya llego al clímax”.

Después de ella, amigas, pacientes, lectoras, asistentes a charlas y conferencias o usuarias de redes sociales se animaron a exponer sus propias fantasías. Casadas y solteras. Lesbianas, heterosexuales o bisexuales. Jóvenes o ancianas. Fueron tantos los testimonios que no le quedó más remedio que seleccionar 66 de ellos para exponerlos en su libro ‘Confesiones sin vergüenza’.

“Son relatos puros -explica Tasso- donde las mujeres manifiestan su imaginario erótico, sin que por mi parte realice ningún juicio de valor o moral, ningún análisis de lo que en realidad significa tal o cual fantasía, ni ningún dictamen clínico. Hay testimonios duros -en ocasiones muy duros-, aunque también los hay cómicos, por absurdos, y otros extremadamente tiernos”.

Cualquier mujer honesta consigo misma sabe que lo realmente erótico no es ese joven con el torso desnudo limpiando ventanas. Tampoco una bella dama de escote generoso. Son imágenes eróticas, sí, pero el imaginario erótico real nace también fuera de ese escenario, en lo obsceno, en el lugar donde no hay regulación moral que valga. Tasso deja claro que nadie tiene por qué sentirse culpable de llenar su fantasía con orgías, escenas perversas o prácticas sexuales que jamás llevaría a la práctica.

Una cosa es el deseo erótico y otra la fantasía sexual. Y la autora de este trabajo hace hincapié en ello. “La fantasía no está construida para que acontezca en la realidad, el deseo sí lo está”. Las mujeres que han participado con sus testimonios realmente no quieren que pase lo que cuentan, pero, como no va a pasar, se permiten imaginar y relatar. A cambio consiguen una mayor excitación sexual. Con ayuda de Tasso, han aprendido a diferenciar muy bien lo que debe quedarse en su imaginario y lo que desean realmente. Y son conscientes de las consecuencias que podrían acarrear ciertos comportamientos.

Los testimonios pueden ser desconcertantes, pero queda en evidencia que cuando una mujer fantasea sexualmente, no hay moral ni prejuicio que la detenga. La pregunta, después de leer las confesiones femeninas, es si podemos intervenir o moldear nuestro imaginario erótico. Tasso cree que no. “Podemos actuar para darle sentido, llenarlo de matices y activarlo, pero difícilmente para condicionarlo”.

La sexóloga confiesa que siempre ha tenido muchísima imaginación, sobre todo a la hora de fantasear sexualmente, pero siempre después de llegar al orgasmo se sentía muy mal. Incluso llegó a pensar que algo no andaba bien con ella, que era una perversa, si no estaría mal de la cabeza. Le costó unos cuantos años de culpabilidad, de malestar, de intentar rechazar algunas ideas que le llegaban a su mente y, que sin embargo, le ponían a mil.

Pasado un tiempo entendió que su imaginario erótico es una simple válvula de escape para crear todas las fantasías posibles sin ser sometidas al juicio moral. Aclara que ninguna mujer pretende poner en práctica sus relatos eróticos, aunque se dieran las condiciones, sobre todo porque en ellas aparecen elementos que aborrecen, como la violación. Más de una respirará aliviada al comprobar, con confesiones como las que siguen, que no es la única que fantasea sexualmente con ciertas cosas:

Bárbara, 36 años. Soltera

“Un trío con una chica y un chico. Los tres somos desconocidos. Me gustaría que durase horas, incluso un fin de semana entero de cama”.

Carmen, 46 años. Felizmente casada.

“En mi fantasía pongo los cuernos a mi marido con un tipo muy rústico, bruto y tosco, pero muy guapo. Me imagino en una casa de campo. Cuando nos quedamos solos, me coge en brazos y me lleva al interior de la cabaña. Es algo animal. Sabe combinar la suavidad con la pasión más feroz”.

Mónica, 31 años. Con pareja.

“Estoy en un bar con mi pareja. Me fijo en un chico muy guapo que me sonríe. Voy al baño y noto que me sigue. Nos encerramos, y sin decirnos nada, nos lanzamos como animales, como si no existiera nada más. Todo es muy intenso y apasionado. Luego nos vestimos y, sin hablarnos, cada uno se va por su lado”.

María José, 34 años. Casada

“Me imagino en una habitación con un hombre frente a mí de rodillas, desnudo y con la cabeza gacha. Me ha pedido un collar que tenga grabada la palabra MIO. Me muero por hacerle pagar la espera eterna hasta este encuentro. Acerco la punta de mi zapato rojo a su mano, le piso los dedos…”

Libertad, 34 años. Con pareja

“En mi fantasía mi pareja y yo acudimos a una prostituta que hemos elegido previamente juntos. A él le gusta verme con ella, pero también le gusta ella”.

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