Albherto's Blog
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La felonía


HISTORIA

Notas para una historia de la felonía en España. A propósito de Trueba

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Fernando Trueba recibe el galardón de manos del ministro | EFE

Pedro de Tena…..2015-10-07

Parece mentira que Borges ideara una Historia universal de la infamia y que no haya español de pluma que haya escrito una Historia nacional de la felonía, que sepamos. Cierto que el argentino consideraba la infamia, que no identificó con la traición, una categoría del comportamiento humano. O se entretuvo escribiendo como si lo fuera. También se inventó un catecismo para los musulmanes del famoso padre Ripalda donde les llama felones.

Hoy día, cierto, un infame es mucho más que un felón. No hay nada más que pensar en Fernando Rodríguez, llamado Trueba, quizá el último felón de la historia de España, hasta el momento, que no llega a la altura de la infamia. Pero los felones existen, son y serán muchos como los voludos de Facundo Cabral, otro enorme de Buenos Aires. Trincar el dinero de un premio de España y poner a parir a la nación que te lo concede es de felón de barrio, o de clase cuatro, como dicen aún en México.

Sin embargo, eructar que la Guerra de la Independencia debería haber sido ganada por los franceses, es una de las felonías mayores, de clase uno, escuchadas en España en estos años. Que le den a Espoz y Mina, a Agustina de Aragón, a El Empecinado, al cura Merino, a El Charro, a Asensio Nebot, al Gaspar de Jáuregui, a Juan Palarea; a Francisco Longa, a Juan Díaz Porlier, el Marquesito, a Jaime el Barbudo o Ignacio Alonso Cuevillas, a Toribio Bustamante el Caracol, a José Romeu y a todos los héroes que lucharon por conservar la identidad y la independencia de su Patria. Miren lo que decía Frasquita Larrea, una testigo de Ubrique (Cádiz), en su diario de 1824:

“Veinte y dos veces entraron los franceses en Ubrique hostilmente, pues este pueblo jamás capituló. Nunca en menos de ocho mil hombres. La población toda huía a los montes, y desde la punta de estos cerros caían como granizo las balas sobre los enemigos que pronto se veían forzados a retirarse”.

Este felón los hubiera dejado apoderarse del pueblo si hubiera podido porque los franceses, qué ilustrado, traían la libertad….la libertad de Napoleón.

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La Constitución de Cádiz de 1812.- LA PEPA

Algunos, por no leer, no se han leído siquiera La Pepa, nuestra primera constitución democrática, esto es, liberal, que, en su artículo 6, además de decir con toda ingenuidad que los españoles debemos ser justos y benéficos, destaca poco antes que “el amor de la patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles”. Dice el felón que no se ha sentido español ni cinco minutos, pero nació en Madrid y se llama Rodríguez, que apellido checoslovaco no parece. En su cuenta se han ingresado subvenciones por importe de cuatro millones de euretes españoles de los distintos gobiernos españoles que, esos no, no le dan asco al felón.

Afortunadamente para Trueba, la felonía no es delito en España desde hace mucho aunque lo fue, tenemos constancia de ello en una Historia de España de 1713. Los delitos eran de felonía y alta traición, que iban juntas, para ser más precisos. Lo sigue siendo hoy en otros países, sobre todo americanos, pero aquí la felonía ha ganado la partida porque se ha alentado desde el poder. Hay un estudio entero publicado en la UNED sobre cómo se ha retribuido la felonía en la historia del Derecho penal, o sea, que Roma sí ha pagado y paga felones en todo tiempo. Claro que en este caso la felonía es asimilada al delincuente arrepentido que actúa de testigo protegido, soplón, cizañero o malsín. Kant decía que premiar al felón producía abyección moral. Y los juristas liberales desearían que la remuneración de la felonía fuese inconstitucional, pero…

Lo esencial de la felonía es la fealdad

Gracias a estas prácticas y a otras, la felonía, como el diablo, ha logrado convencer a todo el mundo de que no existe y se ha disfrazado de traición, de deslealtad e incluso de colaboración con la Justicia. Y de infamia, y de otras cosas. Pero lo esencial de la felonía es la fealdad. El felón es un tipo que tiene un comportamiento feo y malcarado. Además, puede ser desleal, traidor o infame, pero , sobre todo, es fachoso, baladrón e incluso ridículo. Fíjense en otros felones como Jordi Pujol y Artur Mas. Gritan que España roba a Cataluña y roban ellos a todos los catalanes, además de a los españoles. Sí, claro su conducta es traidora y desleal a la Constitución que una inmensa mayoría de españoles, también en Cataluña, aprobaron, pero, sobre todo, es chunga, adefesia y asquerosa.

Digamos algo más de la esencia de la felonía: es próxima, cercana, inesperada por la confianza que se tiene en el felón. Es tan antigua como la humanidad. En los libros sagrados ya está caracterizada. Tomen nota del Libro de los Salmos, 55,13-15:

“Que no es un enemigo quien me afrenta, pues lo soportaría. No es uno de los que me aborrecen el que se insolenta contra mí; me ocultaría de él. Pero eres tú, un hombre como yo, mi familiar y mi conocido, con quien gustaba de secretas confidencias; íbamos juntos entre la turba a la casa de Dios”.

Por eso dicen algunos cínicos de hoy que los amigos del presente son los enemigos, léase felones, del futuro. No es recíproco, pues para ser felón hay que tomar la iniciativa y corromper los lazos de la lealtad por las razones que se quiera. Sólo si fuesen razones superiores y con riesgo cierto, podríamos aceptar otro nombre para la cosa en sí.

Fernando VII, el felón por excelencia

Lamentablemente, en España la felonía se ha asimilado tanto a la traición que se ha dado en señalar como el felón por excelencia a Fernando VII, el rey “felón”. Pero no se ha reparado en que lo peor del comportamiento de El Deseado (sólo un tiempo) con los españoles es que fue muy feo además de traidor. Por ello, es imprescindible que algún español que pueda y sepa escriba cuanto antes una historia nacional de la felonía. Tendrá toda la vida por delante, largo empeño, porque los felones en España, si los definimos como aquellos seres que muerden la mano que les da de comer y lo hacen vil y feamente, son legión como los tontos de Santo Tomás de Aquino.

Además, están Campoamor y su cristal: hay quien la ve en el ojo ajeno pero no la percibe en el propio. Véase Largo Caballero que, en sus Memorias, consideró felona la postura de algunos países de Europa que no apoyaron a la II República, pero no vio felonía alguna en mentir ante el tribunal que le juzgaba por haber organizado el golpe de estado armado contra la misma República en 1934. Memorables fueron sus palabras, plenamente consciente de la patraña: “¿Hice bien o mal al proceder como lo hice? ¿Debía entregar a la voracidad de la justicia burguesa a un defensor del proletariado?” Sin comentarios.

A pesar de la dificultad conceptual, la felonía está nombrada por muchos y casi siempre en el mismo sentido: deslealtad fea y guarrindonga. Sirvan algunos ejemplos. En Las Cantigas de Alfonso el Sabio ya se mencionaba. Y en las de Ausias March. No digamos nada del Cantar de Roldán, donde el felón Ganelón es machacado, o en las leyendas artúricas. Un cuerdo Erasmo al que se le entiende, aún hoy, todo todo, la echaba encima del cachondeo, ya entonces, de la Justicia: “Una buena parte promueve procesos que se hacen eternos y donde se contiende a porfía, mientras se enriquecen el juez aficionado a dilatar los asuntos y el abogado felón”. Cervantes se refirió a los “follones”, nombre que se usaba entonces para los felones.

Robar una idea, una felonía

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G. K. Chesterton. | Archivo

Saltemos sobre los siglos. Chesterton afirmó precisamente en un libro sobre don Quijote que robar a otro una idea, en su caso se refiere a una técnica, era una felonía. Y concluye, añorando otros Derechos: “Antes, los hombres que cometían esa felonía eran llevados a la horca. Hoy, los tres hombres que han hecho tales cosas son los tres accionistas mayoritarios de la Compañía antes citada, tres maestros de ese infame comercio”. Ortega, en su pelea con Unamuno a propósito del europeísmo, no tuvo reparos en citar unas líneas del joven Américo Castro sobre la “felonía intelectual”. Y aludía a ella como “infidencia”, un acto de deshonor castigado con el insulto oficial y popular. Precisamente para erradicarla, puesto que su causa residía en la necesidad de pavoneo ante un público, nuestro filósofo quería crear, copiando a los franceses, una especie de sociedad para la verdad donde los estudiosos debatieran a espaldas del público sin necesidad de exhibiciones. Dios no le oyó.

En conclusión, y para no cansar con centenares de referencias, aunque sabemos que en España apenas puede debatirse con seriedad por la contaminación ideológica y política imperante, un libro ecuánime sobre la historia de la felonía es extremadamente necesario por si algún día pudiese erradicarse.

Notas para una historia nacional de la felonía (II)

Pedro de Tena…..  2015-10-22

Vamos con algunos elementos que habría que utilizar en el empeño. Para empezar, la etimología. En el Diccionario Enclopédico de Montaner y Simón, felón procedía del sajón y significaba delinquir. El Espasa, más completo, afirma que felón, que aparece en casi todas las lenguas europeas, incluso en esperanto, es alguien desleal, villano, pérfido; que comete felonía o incurre en ella. Es más, un baladrón, un hombre vano o despreciable. Según la RAE de entonces, procedía del bajo latín fello -onis, aunque, según otros, derivaba del latín fallere, engañar, e incluso de otras raíces que indicaban el significado de azotar. Pero el Etimológico de Corominas y el profesor de Gramática Histórica de la Lengua Española la Universidad de Sevilla, José A. Pascual, que nunca menciona nadie, concluye que el felón que conocemos es el antiguo follón de Cervantes, que Trapiello traduce al castellano actual según y cuándo, y podemos hablar de él como un traidor de comportamiento feo o chungo, que viene del caló.

historiadeespanafelo

Diccionario Corominas

Por poner un ejemplo, Bruto fue un traidor a César pero su traición no fue repulsiva del todo porque defendía una causa superior a su bolsillo o su ego con riesgo de su vida. Lo de Trueba y otros muchos progres de salón, es menor y repelente. Es una felonía barata, como la adjetiva Pérez Reverte, e inexplicable, porque en sus tiempos no estaba extendida la felonía pedagógica de adoctrinar en vez de enseñar que subrayó Jean François Revel.

Parece ser que fue el padre Mariana (lo dicen Corominas y Pascual) el primero de quien se tiene constancia que usó el derivado felonía. Lo hizo atribuyendo a los cartagineses un comportamiento feo y desagradecido para con los comarcanos de la vieja España que los llamaron como defensores y luego vieron robados sus bienes y su libertad. O sea, que esto de la felonía viene de bien lejos.

Hagamos una sucinta relación para la historia de la felonía en España. No se trata de hacer como los jacobinos que confeccionaban listas de felones – esto es, no jacobinos – que leían en público con propósitos inquietantes. Tenemos un propósito ecuánime y moralizante. Un felón es un felón lo digan Agamenón o su porquero, haya tenido las ideas que haya tenido. Insistimos, un felón (o felona) es el autor de una acción desleal y fea que comete contra alguien próximo, sea éste una persona física o jurídica.

Imagen del diccionario María Montaner

En su obra, celebrada por Paul Preston, Malos en la Historia de España, Gabriel Cardona y su amigo, Juan Carlos Losada, sólo consideran felones propiamente dichos a los infantes de Carrión, los yernos del Cid, y a Fernando VII. Como es sabido, aquellos infantes ultrajaron a las hijas de Rodrigo Díaz de Vivar en el robledal de Corpes, en tierras de Guadalajara, tras haber sido escarnecidos por el Campeador que había demostrado su cobardía soltándoles un león más manso que un perrito faldero que los acojonó. Pero, como consecuencia, los infantes, que ya eran felones por haberse casado por dinero, escarnecieron a doña Elvira y doña Sol provocando incluso la cólera del moro Avengalvón (Abelgalbón), amigo del Cid. La vejación se relata en el Poema de Mío Cid de este modo:

Tanto las majaron que sin cosimente son;
sangrientas en las camisas e todos los ciclatones.
Canssados son de ferir ellos amos a dos,
ensayamdos amos quál dará mejores colpes.
Ya non pueden fablar don Elvira e doña Sol,
por muertas las dexaron en el robredo de Corpes.

No cabe duda. Eran felones, porque a la deslealtad añadieron la cercanía a las víctimas y la fealdad de su afrenta.

Pero mucho antes habría que examinar si Indíbil y Mandonio, dos poderosos hispanos de la Ilergete, fueron felones además de traidores. De hecho, protagonizaron un baile de deserciones y traiciones que podrían tener explicación en la mezquindad de los cartagineses y el poder de los romanos. Pero, claro, en un momento Tito Livio va y cuenta:

Indíbil … pensó que el proceder más seguro, teniendo en cuenta su situación desesperada, sería entregarse a las bien conocidas clemencia y honor de Escipión. Le envió a su hermano Mandonio. Arrojándose de rodillas ante el vencedor, lo achacó todo a la fatal locura del momento, como si un contagio pestilente hubiera infectado no sólo a los ilergetes y lacetanos, sino incluso enloquecido a todo un campamento romano.

Pudo ser una treta, pero qué poco que ver, la verdad, con los ejemplos de Sagunto o Numancia. Menos mal que luego murieron guerreando contra Roma.

Felonía mayúscula y criminal fue la de Galba, el pretor, que prometió tierras a los hispanos de la Lusitania, les pidió que entregaran las armas en señal de amistad y luego los masacró. Pero Galba no era un hispano como Viriato, uno de los grandes y nobles enemigos de Roma. Viriato, agotado y sin fuerzas, intentó pactar con Roma y envió a parlamentar a tres emisarios de Osuna, vaya por Dios. Se llamaban Audax, Ditalkón y Minuros o algo parecido. Pero Roma les corrompió el corazón y aceptaron matar al héroe a cambio de dinero. Lo hicieron, además, mientras dormía, o sea, más feo aún, “flaqueza indigna de pechos españoles”, resopló Modesto Lafuente en su Historia de España, quien hubiera discrepado de nuestra afirmación sobre Indíbil y Mandonio a los que consideraba unos valientes por su rebelión contra Roma. Para desgracia eterna de los felones de Osuna, su villanía fue pintada por Madrazo.

viriato-madrazo

Cuadro de Madrazo

Más brevemente ya, habría que considerar felonía muchas actuaciones de las cortes y los Reyes godos hasta llegar a la del conde don Julián, que dicen que entregó España a los árabes por culpa de don Rodrigo, otro felón que violó a Florinda la Cava mientras dormía. También habría que tener en cuenta a don Oppas, obispo de Sevilla, que cambió de bando en la batalla de La Janda. Aunque nada de esto ocurriera de verdad, le felonía imaginaria sí que existió. Luego habría que seguir con la Noche Toledana, con un felón musulmán que colgó las cabezas de sus enemigos para pasto de los alcaudones. Cómo no, anotamos Bellido Dolfos y así hasta nuestros días pasando por Pedro el Cruel, Lope de Aguirre, Isabel de Farnesio, la princesa de Éboli y Antonio Pérez (leer Jeromín del Padre Coloma) o el propio Felipe II, que tuvo comportamientos poco edificantes. Por poner sólo un ejemplo que no sea la muerte de Escobedo, ordenó simular como muerte natural el ajusticiamiento del baron de Montigny y otros episodios. No digamos nada de algunos “descubridores” e inquisidores, no tantos como algunos quieren, y andando el tiempo, y tras el gran felón mayor Borbon, tómese nota de muchos afrancesados y del tremendo conde de España, Carlos de Espagnac, que tiene un baúl de felonías que no caben en este artículo y, cómo no, del duque de Montpensier y su diabólico plan para asesinar al general Prim.

La lista de felones en la historia de España llega a su paroxismo en la Guerra Civil pero el despellejamiento vivo del trotskista del POUM, Andreu Nin, por los sicarios de Stalin que hacían y deshacían a su antojo en el Partido Comunista es de nota, por no mencionar las matanzas impías de uno y otro bando. Guernica y Cabra, ésta más infame aún por silenciada. Y después de la Guerra Civil, Saborit relata la felonía comunista de eliminar a Besteiro de una lista de víctimas del régimen de Franco, que, ciertamente, cometió una felonía con don Julián haciéndole morir en prisión de manera repugnante. Y añade: “Los comunistas no podían incluir a Besteiro entre las víctimas de Franco hasta que Stalin les autorizara a ello. ¡Qué vergüenza y qué tristeza!”. Sabido es que, aún hoy, los comunistas recalcitrantes que pusieron la República en manos de la política exterior e interior de Stalin, acusan a Casado, Mera y Besteiro de rendirse a Franco. Pero como decía Lowell, y cita Saborit, “la única prueba concluyente de la sinceridad de un hombre es la abnegación con que personalmente se sacrifica por un ideal.”

Y así sucesivamente y según, porque depende de la perspectiva, hasta el año 2015. Por ejemplo, nadie duda de que los Pujol son una casta de felones, algo que compartimos incluso con Esquerra Republicana de Cataluña que, a su vez, acusa de felonía a Tarradellas, para muchos de nosotros, un hombre cabal. Y luego tenemos a los nuevos felones colectivos, partidos y sindicatos, que roban legal e ilegalmente al pueblo en nombre del pueblo. No se olvide a su excelencia Urdangarín. Tampoco al felón menor Ignasi Guardans i CambóFederico Jiménez Losantos dixit con eco de otros muchos felones con capelo y todo-, y a los promotores y enterradores del GAL, del 11-M…Y a… Ya sé que no están todos los que son, pero son todos los que están.

Por esto, extensión y complejidad, debe ser tan difícil escribir la Historia de la Felonía en España. Claro que bien mirado ahora, tras este sucinto recorrido, lo de Fernando Rodríguez, nacido en Madrid y conocido como Fernando Trueba, más que una felonía de cuarta división, altura que no alcanza, parece enteramente una gilipollez. Para decirlo finamente, lo suyo es una inconducta, un comportamiento que, en su Diccionario del Diablo, A.G. Bierce considera “una infracción de la ley que posee menos dignidad que la felonía y no autoriza el ingreso en la mejor sociedad criminal.”
….oOo…

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