Albherto's Blog
Argonauta, en busca del Vellocino de Oro. Una navegación diaria por la blogosfera… ¡ y hasta aquí puedo escribir !

Tiempos enterrados para siempre.


EXPOSICIÓN.- Se celebra en su propia residencia

El lujo y la ostentación del Shah y Fara Diba, en un museo de Teherán

  • La abundancia de los objetos dispuestos para el gozo del visitante es infinita

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De izq. a dcha.: El Shah de Irán, Farah Diba, Nixon, y Pat Nixon en una recepción. CORDON

ZAHIDA MEMBRADO……  Actualizado:15/06/2015 03:54 horas

Cuando uno viaja a Irán, lo último que espera es ser testimonio de la ostentación, el lujo y la suntuosidad con la que el Shah Mohammad Reza Pahlevi, último monarca de Irán, y su esposa Farah Diba, vivieron durante años, sin ocultar ni a su población ni al mundo entero el desmesurado tren de vida que llevaron hasta su exilio, en 1979.

De esos tiempos dorados, en los que las cenas en el Palacio presidencial se regaban con vino y los principales mandatarios de todo el planeta volaban con sus esposas a Irán para acudir a las conocidas recepciones que los monarcas organizaron durante años, hoy queda un recuerdo intacto, conservado de forma impecable, en la propia residencia del último Shah de Persia.

 Al norte de Teherán, aislado de la contaminación y del ruido infernal de la ciudad, se abren paso los impresionantes jardines en los que se enclava el Palacio de Miavaran, la antigua residencia oficial de la familia real iraní, hoy convertido en un curioso museo. El edifico, finalizado en 1968, es un obra única diseñada por el arquitecto Mohsen Foroughi, que combina en sus 9.000 metros cuadrados trazos inspirados en la arquitectura persa con tintes modernos y occidentales.

Pero por si la fachada, protegida por una hilera de columnas monumentales, no fuera lo suficientemente impresionante, en el interior queda cautivado por la magnitud de la belleza que impregna el lugar.

El hall principal constituye un vasto espacio cuadrangular en el que el Shah recibía a sus invitados. Fuentes de plata, vajillas de oro, obras de arte de autores occidentales y persas, vitrinas ribeteadas en plata y pintadas a mano… la abundancia de los objetos dispuestos para el gozo del visitante es infinita. En la misma planta baja es posible observar, tras un cristal, una mesa puesta, para veinte por lo menos, con sus tres copas, cubiertos, candelabros y hasta una fuente para guardar en frío el carísimo champán francés. Imaginarse eso corre a cuenta del visitante, pero no es difícil habida cuenta de la perfecta recreación del ambiente.

El armario de Farah Diba

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En el segundo piso se encuentra una de las joyas de la corona. Una colección de vestidos de la imponente Farah Diba. Trajes coloridos, largos, cortos, de cóctel, de gala, étnicos, sobrios, exuberantes… Todos ellos dispuestos en una enorme sala adornada con dos gigantescos tapices de origen francés, que cuelgan de las paredes y sirven de escenario a los modelos de la última reina de Irán. Desde un kimono japonés a un sari indio, pasando por un coqueto modelo al estilo de Audrey Hepburn.

En las estancias contiguas se encuentran los dormitorios de la familia, conservadores como si todos sus miembros durmieran en ellos cada noche. Amplios espaciosos, ataviados con robustas cortinas, tocadores, espejos, y muebles de exclusivo diseño reflejan la comodidad de una vida llena de lujos y sin preocupaciones. Las pantuflas rosas de la hija menor de los Pahlevi dan un toque de realidad a la escena.

Ya fuera del Palacio presidencial, el otro atractivo de este complejo convertido en museo es la colección de vehículos de lujo del Shah. Están dispuestos en el antiguo garaje de la residencia, hoy convertido en una sala más. De los más de cien vehículos que llegó a tener el monarca, hoy pueden verse dos impresionantes Rolls Roice del 61, uno de ellos descapotable, con televisor y aire acondicionado incluidos. De las paredes de la sala cuelgan numerosas fotografías en blanco y negro, cuyos protagonistas son los hijos de los monarcas, Leila Pahlavi y Reza Pahlavi, montados en pequeñas recreaciones de vehículos Aston Martin y Jaguar. Una de las imágenes muestra a una tierna Fara Dibah junto a su hija Leila en la orilla del Mar Caspio. Una instantánea que conduce al recuerdo de unos tiempos enterrados para siempre.

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