Albherto's Blog
Argonauta, en busca del Vellocino de Oro. Una navegación diaria por la blogosfera… ¡ y hasta aquí puedo escribir !

«Con dos cojones».


DEPORTES.- Ultrafondo

A muerte con la Legión

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Un equipo de EL MUNDO (cuatro marchadores y un ciclista) posa con un legionario.
JUAN FORNIELES….. Ronda (Málaga)…..Actualizado: 11/05/2015 04:39 horas

La Legión española es un cuerpo que no conoce los límites. No sabe lo que es el miedo, cultiva la vida y la muerte y basa sus pilares en la camaradería, la disciplina y el esfuerzo sin límites. ¡A muerte! Hasta que el cuerpo aguante: «Jamás un legionario dirá que está cansado hasta caer reventado. Será el cuerpo más veloz y resistente».

Ese es el lema de la carrera que organiza el Tercio Alejandro Farnesio en Ronda. Una cita del ultrafondo que por su dureza y por el poso militar se ha convertido en una de las más deseadas de la temporada. 7.000 atletas, entre corredores, marchadores, ciclistas y duatletas, se dieron cita este sábado en la ciudad malagueña para completar unos extenuantes 101 Kilómetros en menos de 24 horas. Entre los elegidos para la gloria estuvo un equipo de EL MUNDO formado por cuatro marchadores y un ciclista, que arrancó la prueba con una feliz arenga del general Martín Cabrero: «Chicos, disfrutad de la prueba: ¡Con dos cojones!».

Tras un riguroso «Viva España, viva el Rey, viva la Legión», un cohete y el beee del carnero con cuernos dorados nos dio la salida. Eran las 11:20, el termómetro rozaba los 30 grados y por delante, el infierno.

Luis Fernando Durán había partido una hora antes para recorrer la ruta en bicicleta. El resto, arrancamos con zancada viva. La estrategia a seguir: correr en bajadas y llanos, marchar en las subidas. Cada cinco kilómetros, repostar agua, bebida isotónica, cachitos de plátano y naranja. Marcando paso ligero y adelantando a los diésel, devorábamos kilómetros. Enrique Falcón, José María Robles (Sacri), Luis Arribas y yo íbamos siempre en grupo con el depósito rebosante de adrenalina. No nos afectaban ni el calor ni la negra idea de que nos quedaban más de 90 kilómetros de enduro.

Con charla animada y sonrisa que no falte, llegamos a Navetas. Cada cinco kilómetros, un puesto avanzado del Tercio. Soldados que nos trataban de “caballeros”, que nos alimentaban y que nos animaban al grito de “valientes”. De ahí, saltamos a Arriate con una bajada de infarto. Mucho militar en competición, acento y amabilidad andaluza por doquier, buen rollo pero mucho individualismo. Aunque se vaya en pelotón, esta prueba se corre con dos músculos: la mente y las piernas. Y, aviso, después de leer esta crónica no corra a apuntarse a la edición de 2016 si no piensa entrenar mucho y muy bien.

Ocho onzas de chocolate

Ya estábamos en el kilómetro 35. A partir de ahí, la dureza extrema. Una subida digna del Tour de Francia y otra bajada tipo caída infinita a un barranco. En el kilómetro 56 (sobre las 19.30 horas), llegamos con las fuerzas justas a Setenil de las Bodegas, provincia de Cádiz. En el pintoresco pueblo de las casas cueva tocaba sándwich militar (queso, jamón york y Bimbo reseco), naranjas, plátano y un premio: ocho onzas de chocolate con leche.

El polvo nos llegaba hasta las orejas, así que aprovechamos la parada para cambiar los calcetines, las zapatillas y embadurnarnos de vaselina (pies, pecho, axilas, genitales…). De regalo, un poco de ayuda química: ibuprofeno para soportar mejor el dolor y controlar la inflamación muscular. Había pocas ganas de charla, pero estábamos visualizando nuestra próxima meta, el kilómetro 75. Era posible.

En Setenil, nos topamos con uno de los mitos de la carrera: Súper Paco. A sus 80 años, camina con andares cojeantes pero con la celeridad de un galgo. Sombrero de paja, ropa de andar por casa, pero una determinación a prueba de bomba. Habíamos tardado casi nueve horas en alcanzarlo (había salido con el grupo de élite). Frontal, catadióptrico luminoso obligatorio en la mochila y vuelta a empezar. ¡Se acabó el recreo! Nos esperaba la montaña rusa de subidas y bajadas a muerte hasta entrar en el cuartel (km 75,5).

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‘Súper Paco’ durante la prueba. REUTERS

Los legionarios de guardia se cuadraban a nuestro paso, incluso algunos nos confundían con oficiales de paisano. En el comedor nos esperaba el rancho. Sopita de picadillo sin picadillo, salchichas de baratillo, arroz tres delicias más que comestible, chusco de pan que no falte, agua y yogur. En este punto quedábamos tres marchadores. Luis Arribas, con mucha psicología y mano izquierda, llevaba el bastón del estratega. Sus más de 100 maratones le dan una experiencia ilimitada en estos carrerones.

El depósito lleno de kilocalorías nos permitió volver al cansino subir y bajar al límite de la gravedad hasta acariciar el km. 90, en Benaoján. Pocas mujeres en carrera, calculo que entre el 5 y el 10%, pero aguerridas y con paso decidido. Más de una nos dio un merecido repaso, sobre todo en alguna subida. Ante todo, mucha humildad. Subimos una ermita en honor a una virgen que estaba tan arriba y empinada que debe rozar el cielo, aunque de tanto cansancio fuimos incapaces de verla. Bajamos y nos topamos con un puesto avanzado de Montejaque en el que los militares pinchaban discos sin límite de decibelios para animar el cotarro.

‘Yo aquí no vuelvo’

De nuevo, verticalidad máxima. A algún geógrafo caprichoso de la Legión se le ocurrió este año endurecer la prueba y volverla endiablada en su tercio final. Desnivel, desnivel y más desnivel. Y kilómetros y kilómetros de frontales y lucecitas rojas que llenaban de vida y esfuerzo el caprichoso monte rondeño. A pesar del cansancio y de que Robles rozó la rayadura mental (“Yo aquí no vuelvo”), llegamos a la cuesta del cachondeo que lleva a Ronda. Desde el kilómetro 90 se había acabado el correr. No nos podíamos arriesgar a pinchar o a caernos por un barranco.

Eran las 5 de la madrugada del domingo, no quedaba ni un átomo de fuerza, pero había público aguardando en el Paseo de La Alameda y la plaza de toros. Nos jalearon con salvas de aplausos como héroes romanos que volvían de combatir en Las Galias y nos dio un subidón. Volvimos a correr y entramos triunfales en meta en 18 horas, 20 minutos. El corredor que ganó la prueba en modalidad individual, Galindo, lo hizo en 9 horas, 28 minutos, pero a nosotros nuestro crono nos supo a gloria. Mi general, cumplimos nuestra misión: «Con dos cojones».

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