Albherto's Blog
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Del folletín a la obra semanal


LITERATURA

LOS BEST-SELLER DE LA BOHEMIA ESPAÑOLA

  • Publicado en Boletín Hispánico Helvético nº 10 (otoño 2007), pp. 81-100.
  • Las narraciones de mediana extensión se difunden para todos los bolsillos en colecciones populares, como El Cuento Semanal (1907-1912), dirigida por Eduardo Zamacois; La novela corta (1916-1925), por José de Urquía; La Novela Semanal (1921-1925), por Prensa Gráfica; La Novela de hoy (1922-1932) de Artemio Precioso o La Novela Mundial (1926-1928), por José García Mercadal.
  • La Novela de Hoy dentro de las colecciones de novela erótica española del primer tercio de siglo (1900-1936)

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La barraca (1898), Vicente Blasco Ibáñez

JAVIER BARREIRO …. Publicado: mayo 6, 2010 en Artículos, Bohemia española, Literatura     

Soy consciente de que el planteamiento de este artículo casi se aproxima a un oxímoron. Bohemia se opone a best-seller en cuanto que aquella, al menos aparentemente, se caracteriza por su desdén por todo aquello que significaban las aspiraciones burguesas: el éxito, el dinero, la respetabilidad, las buenas formas…, si bien parte de la bibliografía moderna pone en solfa tales presupuestos. No es hora aquí de categorizar la bohemia, cosa que he intentado en otro lugar . Si la bohemia romántica se vinculó a la poesía, a partir de la Restauración fueron las publicaciones periódicas las que agruparon a quienes se decían bohemios por inconformismo y estética aunque, en la mayor parte de los casos, lo fueran por necesidad. Es este un período todavía poco y superficialmente estudiado, entre otras causas, porque gran parte de aquellas publicaciones se ha perdido. Fueron principalmente los diarios republicanos promovidos en torno a Ruiz Zorrilla los que agruparon el mayor número de bohemios activos, aunque no faltaron en la prensa de otros colores.

RuizZorrilla

Manuel Ruiz Zorrilla (El Burgo de Osma, 22 de marzo de 1833 – Burgos, 13 de junio de 1895) fue un político español.

Los folletines (publicaciones periódicas).

Es comúnmente aceptado que los libros más leídos en el siglo XIX fueron los folletines . Pese al alto índice de analfabetismo, los bajos niveles de vida y de poder adquisitivo y la incuria cultural, al menos desde el último cuarto del siglo XIX, hubo una sostenida y amplia producción de libros y, sobre todo, de publicaciones periódicas .

En 1875 Madrid tenía alrededor de 600.000 habitantes de los que sabía leer y escribir un 58%. A pesar de ello nos encontramos con una gran vivacidad cultural: 153 periódicos en la capital en 1870 y ¡273! en 1887. De estas publicaciones 43 eran diarios, cinco de ellos republicanos, mientras que el resto se repartía variadamente pero podemos decir que 36 de ellas trataban de literatura y afines, 19 eran religiosas, 10 festivas y satíricas, 9 artísticas, 6 masónicas, etc.

En 1900 la población había subido a 775.000 habitantes pero los analfabetos seguían constituyendo alrededor del 40%. En este final de siglo, según datos del Gobierno Civil, los diarios de mayor circulación eran El Imparcial y el Heraldo de Madrid, con una tirada de 130.000 ejemplares, seguidos por El Liberal con 105.000; la revista de mayor difusión, Blanco y Negro, tiraba 70.000, La Ilustración Española y Americana, 22.000 y Madrid Cómico, 20.000, mientras que el semanal republicano, Las dominicales del libre pensamiento, dirigido por Chíes y en el que colaboraban Dicenta y otros bohemios como Barrantes, lanzaba a la calle 10.000 ejemplares, lo mismo que el satírico semanal Gedeón. Son cantidades asombrosas, aunque muchas de estas publicaciones se distribuyeran en toda España.

Veinte años más tarde, pese al aumento de población –Madrid ya llega a los 1.067.000 habitantes- y a la mejora del nivel de vida, los analfabetos siguen constituyendo el 36,5% y las publicaciones periódicas sólo de la capital han ascendido al número de 522 .

Sin embargo, estos datos contrastan con la escasez de libros editados y la de lectores en las bibliotecas. En 1918 existían en Madrid 17, que tuvieron 371.631 lectores que consultaron 375.807 obras. Cinco años más tarde, eran 18 las bibliotecas, 433.005, los lectores y 440.794, las obras. Llama la atención la poca diferencia entre lectores y obras consultadas lo que implica que la inmensa mayoría, sólo consultó un solo libro. Y, generalmente, solían ser de temas técnicos. No se consideraba serio ir a la biblioteca a leer novelas e, incluso para acceder a las eróticas, se necesitaba un permiso especial.

El consumo periodístico contrasta también con la penuria de librerías. Por Botrel, sabemos que en 1903 había en la provincia de Madrid 49 librerías y 36 en 1913. Por el contrario, y, en parte, tal vez gracias al auge de las luchas sociales, Barcelona había pasado de 42 a 52. Les seguían ¡Oviedo!, que en esos años las había doblado: de 7 a 15 y Valencia: de 14 a 15. Zaragoza tenía 7 en ambas fechas. No había ninguna en las provincias de Albacete o Almería. En el total de España se había pasado de 271 a 284. Faltan descripciones de estas librerías, que podían de características muy diversas. Los datos son inseguros y lo mismo sucede con los libros, de los que apenas hay documentación fiable. La inmensa mayoría de las editoriales han desaparecido o perdieron sus archivos en la guerra civil.

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Juan Valera y Alcalá-Galiano (Cabra, Córdoba, 18 de octubre de 1824 — Madrid, 18 de abril de 1905) fue un escrito, diplomático y político español.

Casi siempre tenemos que recurrir a testimonios personales que se asientan en la inseguridad del recuerdo o del propio interés. De (1874) se vendieron más de cien mil ejemplares en los primeros años de circulación pero Valera dijo que con lo que le habían liquidado apenas tenía para pagarle un traje a su mujer.

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Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 28 de diciembre de 1872-Madrid, 30 de octubre de 1956)

Baroja, siempre quejoso, nos cuenta sus desventuras con los editores para concluir que, con el conjunto de sus primeros libros, debió de ganar unos ocho duros al mes, es decir, menos de quinientas pesetas al año.

La barraca (1899) había vendido en 1904, 15.000 ejemplares; La catedral (1903), 16.000, y Sonnica, la cortesana, 8.000. Bastante, pero poco que ver con las tiradas posteriores de Blasco Ibáñez. Según Martínez de la Riva, a enero de 1928, se habían impreso en España 2.286.000 ejemplares de sus obras.

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Felipe Trigo Sánchez (Villanueva de la Serena, Badajoz, 13 de febrero de 1864 – Madrid, 2 de septiembre de 1916) fue médico rural y militar, y posteriormente escritor español.

Uno de los autores verdaderamente populares fue Felipe Trigo, del que siempre se citan sus abundantes ventas en la época de su éxito, y del que, además, se han aportado datos concretos . La temática de su obra, arriesgada para una España todavía mayoritariamente aherrojada bajo la férula clerical, fue el motivo de su éxito, como había sucedido antes con López Bago.

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Eduardo López Bago (Aranjuez, 1855 – Alicante, 1931), escritor español perteneciente al Naturalismo.

Téngase en cuenta que estas obras fueron en gran medida destruidas, bien por familiares timoratos y preocupados por el buen nombre de sus cercanos, bien a causa del terror desatado por la guerra civil.

Del mismo modo, años después, otros autores como Alberto Insúa, Joaquín Belda, El Caballero Audaz, Pedro Mata, o incluso Zamacois , obtuvieron tiradas muy considerables pero a ninguno de ellos puede calificársele como bohemio, aunque Zamacois estuviese en contacto con la gallofa en los primeros lustros de su vida literaria.

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  1. Alberto Álvarez Insúa y Escobar, más conocido simplemente como Alberto Insúa (La Habana, 1885 – Madrid, 8 de noviembre de 1963), periodista y escritor español, adscribible al Novecentismo o Generación del 14, según José Luis Abellán.
  2. Joaquín Belda Carreras (Cartagena, 5 de octubre de 1883 – Madrid, 1935) fue un periodista, novelista y humorista español.
  3. José María Carretero Novillo (Montilla 1887 – Madrid 1951) es un escritor y periodista español más conocido por el seudónimo de “El Caballero Audaz
  4. Pedro Mata Fontanet, conocido también Pere Mata i Fontanet, (Reus, provincia de Tarragona, 14 de junio de 1811 – Madrid, 27 de mayo de 1877). Médico, periodista, escritor y político español, creador de la medicina forense o legal en España.
  5. Eduardo Zamacois y Quintana (Pinar del Río, Cuba, 17 de febrero de 1873 – Buenos Aires, 31 de diciembre de 1971), fue un novelista español.

La novela corta

Es harto conocido que corresponde a este autor, en gran medida, un importante paso adelante en la dignificación profesional del escritor español por su iniciativa que dio carta de naturaleza a la llamada novela corta:

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El Cuento Semanal publicó unas trescientas novelas cortas de más de cien autores españoles contemporáneos en el período de 1907-1912, y supone prácticamente la primera experiencia en la creación de una colección literaria de carácter popular.

  • La publicación a partir del 1 de enero de 1907 de la colección El Cuento Semanal, cuya tirada llegaba a los 50.000 o más ejemplares. Los autores percibían entre 150 y 250 pesetas pero pronto se incrementó la dotación.

La Novela de Hoy

Novela de Hoy, es una colección de novela corta que se publicó en Madrid entre 1922 y 1932.

 

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La Novela de Hoy

La Novela de Hoy, dirigida por Artemio Precioso (1922-1929). Esta colección fue fundada y mantenida económicamente por el escritor y editor Artemio Precioso hasta su número 330 (7 de septiembre de 1928). . La Novela de Hoy se empezó a publicar el 19 de mayo de 1922 con la obra de Pedro Mata Momento difícil. Esta serie de novelas tuvo mucho éxito en estos años pero debido a su temática fue perseguida por la la censura de Primo de Rivera. Un relato de Ramón María del Valle Inclán, titulado La hija del capitán y publicado en esta colección, fue la gota que colmó el vaso. Miguel Primo de Rivera mandó perseguir y procesar al director de la revista y motivó su exilio a Francia y a los  escritores que trabajaban para él. Tras estos acontecimientos se mantuvieron La Novela de Hoy y la Editorial Atlántida, aunque pasaron a ser propiedad de la Compañía Iberoamericana de Publicaciones. El cambio de propietario supuso un relevo en la dirección de la colección, cargo que paso a desempeñar Pedro Sainz Rodríguez desde principios de 1929 hasta su final (junio 1932).

El tipo de literatura erótico-galante que se publicaba en La Novela de Hoy no era muy bien vista por la censura de Primo de Rivera.

En esta colección se editaron un total de 526 novelas cortas (525 números, ya que hay dos volúmenes con el número 490) y participaron 95 autores, entre los que podemos resaltar, por el número de títulos publicados, a Joaquín Belda, Concha Espina, Pilar Millán Astray, Eduardo Zamacois, Vicente Díez Tejada, Blasco Ibáñez y el propio Artemio Precioso.

La Novela Mundial

De 1926 al 28 de Marzo de 1928

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La Novela Mundial

  • Colecciones posteriores, como La Novela de Hoy y La Novela Mundial llegaron a pagar a los autores entre 1.500 y 3.000 pesetas –lo normal era 1.000-, cosa tanto más notable cuando los precios de venta estaban siempre por debajo de los treinta céntimos .

Como es bien sabido, estas colecciones no publicaban únicamente narrativa sino que, a veces, se editaba teatro e incluso, a partir de 1916 aparecerá una colección dedicada a este género, La Novela Teatral. Pero las obras más vendidas fueron casi siempre narrativas.

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La Novela Teatral.

La Novela Teatral fue editada en España entre los años 1916 y 1925 bajo la dirección de José de Urquía. Fueron editadas un total de 447 obras.

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La Novela Teatral, una de las características que identifican esta colección son las caricaturas de portada realizadas por Manuel Tovar.

Estas colecciones de novela corta fueron una invención española y significaron un paso importantísimo, por su módico precio y por su salida semanal, en la formación del hábito lector. Como se dijo, las tiradas masivas supusieron una mejora inestimable para los autores. a los que se pagaron cantidades hasta entonces insólitas y ello significó la incorporación a la vida literaria de escritores que no tenían forzosamente que pertenecer a las clases adineradas, especialmente a muchos que malvivían de las colaboraciones periodísticas. Precisamente, numerosos de los argumentos de estas novelas cortas andaban entre lo ficcional y lo periodístico. En suma, representaron una verdadera eclosión literario-popular que propició un dinamismo social y de mercado insólitos en la España de la Restauración, amén de un cambio en los hábitos lectores y mentales:

del rutinario folletín se pasaba a una obra y autor nuevos cada semana.

Muchos lectores empezaron a encuadernar los ejemplares y hoy mismo podemos encontrarlos así en los rastros y librerías de viejo. El acceso de un público lector nuevo se manifiesta incluso en el poco cuidado formal de muchas de estas encuadernaciones: A veces se cortaban sus bordes, se arrancaban sus portadas o los ejemplares se reunían, no correlativamente, sino de forma aleatoria.

Si estas colecciones ayudaron a matar el hambre de algunos militantes de la bohemia y pusieron en circulación muchas de sus obras que, de otra manera, apenas habrían llegado al público lector.

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