Albherto's Blog
Argonauta, en busca del Vellocino de Oro. Una navegación diaria por la blogosfera… ¡ y hasta aquí puedo escribir !

“Palabrotalogía”.


Andalucía | Cultura

Sesenta maneras de decir puta

  • Etimología de las palabras soeces 
  • ¿Sabía usted que los romanos tenían más de sesenta formas de decir ‘puta’?
  • ¿No habrá  alguna relación entre la palabra ‘fuelle’ y la palabra ‘follar’?
  • ¿Si a usted la llaman ‘pelleja’, la están insultando o le dicen una palabra etimológicamente afectuosa?
  • ¿Qué tienen que ver el ‘fornicar’ con una prostituta y la ‘hornacina’ donde se pone la estatua de una virgen?
  • ¿De dónde viene las palabras ‘caca’ y ‘mierda’?
  • ¿Cómo estaría formada anatómicamente, en la antigua Pompeya, una señorita ‘culibonia’ ?
  • ¿A quién prefiere usted, a un ‘proxeneta’ o a un ‘xenófobo’?
  • ¿Cuántas faltas de ortografía hay en la expresión “¡Por uebos!”?
  • ¿Había pensado usted alguna vez que las bellas ‘orquídeas’ tienen un par de cojones?
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Julia Roberts en ‘Pretty Woman’ (1990)
“Promiscua” se dice de la persona que mantiene relaciones sexuales con otras varias, así como de su comportamiento, modo de vida, etc.

Andalucía Información / Agencias…… 10/03/2015 16:19

El español es rico en palabras soeces por venir de donde viene, del latín, una lengua que tenía algo más de sesenta términos distintos para decir puta, según ha dicho a Efe el filósofo, egiptólogo y editor Virgilio Ortega, que acaba de publicar una “Etimología de las palabras soeces” titulada “Palabrotalogía”.
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“Palabrotalogía”.

Muchas palabras malsonantes se transforman en eufemismos y por eso se multiplican los significantes para un mismo significado, pero éste no es el caso de la palabra puta en la antigua Roma, donde la diversidad semántica se debía “a las muchas formas que había de ejercer la prostitución, a la diversidad de especialidades”, según las investigación etimológica efectuada por Ortega.

La que ejercía “delante del prostíbulo, mostrándose sin moverse del sitio” se denominaba “prostíbula”, la que venía del fuera, sobre todo de Grecia o de la recién conquistada Jerusalén, se designaba “peregrina”, la que trabajaba de noche era “noctiluca” y la conocida como “culibonia” podía traducirse como “la de buen culo”.

“Meretriz” viene del verbo “mereor”, que significa “merecer”, o sea alguien “que se lo ha trabajado y se lo merece”, de ahí que Virgilio Ortega asegure que una vez que se conoce el significado profundo del término la palabra se pronuncie con más respeto.

En latín, puta también se decía puta -como se dice igual o muy parecido en italiano, francés, rumano y todas las lenguas que proceden de la misma raíz-, “culiola” si ofrecía el ano o “culeaba bien”, gaditana -por la sensualidad de los bailes de Gades, Cádiz-, y “quadrantaria” por ser barata y alquilarse por “la cuarta parte”.

Los arcos de la planta baja del Coliseo romano, denominados “fornices” son el origen etimológico del verbo fornicar, ya que bajo aquellos arcos cobraban por sus servicios las “fornix” o prostitutas que trabajaban en aquel transitado lugar.

Pese a esta riqueza de vocabulario, los romanos habían de andarse con cuidado para evitar equívocos, a juzgar por los consejos de Cicerón, quien en sus escritor aconsejaba no decir “cum nobis” (con nosotros) y emplear la preposición de forma enclítica, o sea “nobis cum”, ya que al oído “cum nobis” sonaba como “cunnus bis”, es decir “coño dos veces”.

Los estudios etimológicos de Ortega demuestran que las palabras guarras, malsonantes o soeces tienen un origen noble, clásico y que con ellas sucede como con aquella canción que hablaba de “alta cuna y baja cama”.

De hecho la mayor parte de las palabras que ha estudiado proceden del latín, y buen número de ellas se habían empleado en pintadas en Pompeya, donde se conservaron por la erupción del Vesubio, hasta 10.000 intactas, algunas tan explícitas que parecen contener un significado oculto, como: “Si le das por el culo al ujier de un magistrado te quemarás la polla”.

El verbo follar, según Ortega, es “casi una onomatopeya del fuelle” y de ahí viene, no sólo por el ruido que hace el fuelle al hincharse y deshincharse rítmicamente, sino a la misma mecánica de trabajo de este instrumento en la fragua, ora sube ora baja.

En sus etimologías, Ortega también cita a numerosos autores del Siglo de Oro, centuria pródiga en culos, pedos, pollas y coños, así en prosa como en consonante, y de la lírica medieval, con ejemplos del Arcipreste de Hita, el cual, aun siendo arcipreste, parecía conocer de primera mano ciertas habilidades femeninas.

“La descripción del mejor coito se encuentra en ‘La lozana andaluza'”, ha asegurado Ortega, quien ha atribuido al machismo del idioma que el español tenga muchos más términos para referirse a la polla que para designar el coño.

También es machismo, a su juicio, que una cosa aburrida y tediosa sea un coñazo y que una cosa estupenda y fenomenal sea ni más ni menos que cojonuda -cojonuda, que viene de cojones, palabra que tiene la misma raíz de coleóptero, del griego “coleo”, que significa estuche, caja, por la parte exterior que aloja los cojones y por las alas exteriores que alojan las más pequeñas de los coleópteros-.

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 “Palabrotalogía”.

Virgilio Ortega rastrea el origen de mil palabras soeces en «Palabrotalogía»

  • El politólogo español Virgilio Ortega documenta con mucho humor y pocos prejuicios el origen de cientos de palabras soeces.

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¿Afecto a las palabrotas? Sea un vulgar culto con el libro Palabrotalogía

 

Ana mendoza (Agencia Efe)….. 12/02/2015 |

Políglota y profundo conocedor de la cultura grecolatina, Virgilio Ortega viaja «en el tiempo» a la antigua Pompeya, poco antes de que desapareciera bajo las cenizas del Vesubio, para documentar en un libro el origen de más de mil palabras soeces. Y lo hace «con mucho humor y pocos prejuicios».

El resultado de ese viaje es Palabrotalogía, una obra amena, culta y «nada pacata», publicada por Crítica, que guarda una estrecha relación, incluso en el neologismo del título, con Palabralogía, el libro en el que Ortega reconstruía la etimología de centenares de voces de la lengua española.

La diferencia es que ahora el autor, director editorial durante más de cuarenta años en Salvat, Orbis, Plaza & Janés y Planeta DeAgostini, se centra sobre todo en las palabras «guarras» que, como afirma en una entrevista con Efe, «son tan buenas e interesantes como “las otras”, pero quizá por un pudor incomprensible han sido menos estudiadas por los especialistas».

Ortega elige Pompeya, porque el volcán fue «una tragedia» para sus habitantes, pero «un privilegio para nosotros: ha congelado la ciudad en el tiempo».

Se conservan sus edificios y obras de arte, y también las palabras que los pompeyanos habían escrito en las termas, en las escuelas de gladiadores, en los mosaicos de los suelos, en los lupanares.

«Hay más de diez mil grafitos», comenta este autor que, cuando menciona en su libro los nombres de varias prostitutas o del «rufián» del lupanar, no se los inventa sino que los toma de esas inscripciones.

Los grafitos son de todo tipo: políticos, gladiatorios y amatorios. Entre estos últimos, algunos son muy poco románticos: «Aquí me tiré a la tira de tías», dice uno. «Nada más llegar aquí, jodí y me volví a casa», afirma otro.

En una letrina pública, por ejemplo, hay un elocuente escrito en una de sus paredes: «Encolpius hic bene cacavit» (‘Encolpio aquí cagó bien’), señala Ortega antes de recordar que con el verbo cagar (del latín cacare) tienen que ver cagadero y cagatorio (el lugar donde se caga).

A Diógenes le gustaba defecar en el ágora y, cuando alguien se lo reprochaba, decía: «Si comer en el ágora no es indecente, tampoco lo será el descomer».

Y ya metidos en palabras «guarras», el autor, apasionado de las etimologías, comenta que mierda viene del latín merda, que se conserva tal cual en catalán, gallego e italiano.

Y la orina, del latín urina. De ella derivan los urinarios. Sin la lengua del imperio romano «tampoco podríamos “mear”», del latín vulgar meiare y del latín clásico meiere. Y ese verbo significa lo mismo que mingere, del que vienen micción y mingitorio (el lugar donde se mea).

Como si se tratara de «un ensayo novelado», Ortega recrea la vida en Pompeya en el verano del 79, «muy poco antes de la gran catástrofe»; se inventa personajes y diálogos y cita a autores como Petronio, Catulo, Marcial, Cicerón, Ovidio y Juvenal.

Al visitar las termas públicas de Pompeya, el autor ve que las aguas están un poco «guarras», un término que procede de la voz onomatopéyica «gorr-gorr» o «guarr-guarr». Y de ahí derivan gorrino, gurriato, gorrón, gorrona o guarrería

En un grafito de las termas se dice: «Si alguien quiere joder, que busque a Ática. Son 16 ases». Un verbo, el de joder, que viene del latín futuere. En italiano se dice fottere, en francés foutre, en catalán fotre y en gallego y portugués foder, afirma Ortega.

El falo está representado por toda Pompeya y a veces está esculpido en las losas del suelo. «Mal lugar para tropezar», reconoce este políglota, que sabe latín, griego, inglés, francés, italiano, catalán y es un estudioso de los jeroglíficos egipcios.

De hecho, uno de los iconos más famosos de Pompeya es un potente falo con dos turgentes testículos, bordeados por la inscripción latina Hic habitat felicitas (‘Aquí habita la felicidad’).

Y hay grafitos fanfarrones: «Ventaja, y no pequeña, tengo en mi gran carajo: ninguna mujer puede resultarme demasiado ancha». «¡Y luego dicen que el tamaño no importa!», añade el autor antes de recordar que carajo viene del latín characulum  (‘palo’, ‘verga’), igual que el gallego carallo y el portugués caralho.

En latín existen más de cincuenta palabras para mencionar la profesión de «puta», entre ellas «meretrix» (meretriz), «concubina» (con quien se comparte otro lecho o cubículo, sin estar casado con ella) y «culiola» (del latín culus, culo, por ofrecer coito anal). En Pompeya hay una «culibonia», pues tiene «un buen culo», comenta Ortega.

Y a veces utilizan eufemismos para designar la forma de reclutar clientes: la «prostibulatrix» se queda ante su «prostibulum», la «circulatrix» prefiere circular, «hace la calle».

Otros eufemismos son de carácter animal, como «lupa» (loba) o «pecora» (cabra, oveja), de donde viene lo de «mala pécora».

‘Palabrotalogía’, hasta las palabras malas tienen sus historia

Dicen que lo primero que se aprende en otro idioma son las palabrotas y algo de razón tienen. Es en lo primero que nos fijamos y si habéis vivido un Erasmus o alguna experiencia similar sabréis perfectamente de qué os hablo. Si tenéis curiosidad (sana o insana) por las palabras feas entonces Palabrotalogía de Virgilio Ortega Pérez es sin duda vuestro libro. Lo publica Crítica y cuesta 17,90 euros.

Dice este señor que los romanos tenían hasta sesenta palabras para decir puta, que follar y fuelle pueden tener un origen común, que las orquídeas esconden más de lo que parece y que fornicar es más santurrón de lo que podríamos imaginar. Y esto es sólo algunos ejemplo de todo lo que podemos aprender sobre las palabras soeces en este libro. Porque cultura es todo, oigan.

Virgilio Ortega Pérez estudió Filosofía y Letras y durante más de cuarenta años ha realizado labores de editor en diferentes sellos como Plaza & Janés, Orbis o Salvat. Además, es un egiptólogo curioso, viajero impenitente y amante de las palabras y sus historias ocultas. Ya en su anterior libro Palabralogía nos acercaba a la parte más curiosa de la etimología, así que tampoco nos extraña tanto que haya querido dedicarse a las palabrotas en este nuevo libro.

‘Palabrotalogía’ es de esos libros curiosos con los que echarse unas risas (reconocedlo, todos nos reímos con las palabrotas, da igual la edad que tengamos) y a la vez aprender. Si tenéis amigos filólogos este es regalo perfecto. Yo ya se lo he comprado a uno, pero shhhh, no le digáis nada…

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El politólogo español Virgilio Ortega

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‘Palabrotalogía’ analiza el origen de los tacos

Más de 50 formas cultas de decir ‘puta’

  • Virgilio Ortega explica en ‘Palabrotalogía’ la etimología de los tacos. Un viaje por la historia de los insultosJavier Zurro …. Fecha13.02.2015 – 05:00 H.

Las primeras palabras que todos miramos en el diccionario cuando somos pequeños suelen ser las mismas: caca, culo, pedo, pis y puta. Puede que haya alguna variación, pero siempre dentro del extenso campo semántico de las palabrotas.

La fijación por los tacos continúa cuando uno crece, lo primero que uno aprende de otro idioma es siempre lo mismo, insultos y palabras ‘guarras’. Casi todo el mundo sabrá el significado de términos como fuck o bitch, aunque sus conocimientos de la lengua de Shakespeare sean muy limitados.

Y de esta obsesión nace un libro como Palabrotalogía, de Virgilio Ortega (editorial Crítica), un ensayo sobre la etimología de los vocablos más soeces. De coño a cojón, pasando por, cómo no, puta. El libro pronto da un dato muy revelador: en latín había más de 50 sinónimos para decir la misma palabra. Lupa (loba), spurca (puerca), excetra (víbora), película (pelleja), a las que hay que añadir otras míticas como meretriz, etc.

El origen de los tacos queda al descubierto en ‘Palabrotalogía’, un ensayo de Virgilio Ortega sobre la etimología de los insultos más populares de nuestra lengua

Para Virgilio Ortega el origen de nuestra fascinación por los tacos es simple: “Tienen el atractivo de lo prohibido”. Los niños se sienten mal por decir palabrotas, se sienten culpables, cuando la realidad es que, como dice el autor “no hay palabras buenas ni malas, es el uso que hagas de ellas”. El ser humano ha cargado de moral las palabras y ha marcado su uso. Esto viene de lejos, de los orígenes judeocristianos.“El judaísmo necesitaba una moral, era un pueblo errante, iban vagando. Un pueblo que es nómada tiene que asegurar la prole, tener descendencia, y para ello tienes que tener a tu mujer y ella sólo puede yacer contigo porque así aseguras que el hijo es tuyo y le protegerás y sobrevivirá. Esa moral necesaria, se impuso como moral de comportamiento. Por eso tenemos una conciencia de pecado que no hay en otras culturas”, explica Ortega a El Confidencial.

Otras sociedades han vivido sin el peso de la moral, tanto en su lengua como en su arte. Es el caso de Egipto, que en 3.000 años no ha tenido pornografía: “Los egipcios no tenían esa moral, veían la sexualidad como una cosa natural. En Grecia la prostitución era sagrada e incluso la sexualidad se consideraba acto religioso”, cuenta el autor.

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Mosaico erótico en Pompeya (CC)

Siglo de oro y de sexo

Virgilio Ortega no es un novato en esto de la etimología. Licenciado en filosofía y Letras, su anterior obra, Palabralogía, en la que ya indagaba en el origen de cientos de términos, fue un éxito editorial en España y en Latinoamérica; de hecho, en Colombia se convirtió en el libro de no ficción más vendido del año.

Esto demuestra que hay un interés en descubrir el origen de nuestras palabras, que no es más que nuestra propia historia. En el caso de los tacos nadie se había detenido a estudiarlos y analizarlos, algo que Virgilio Ortega valora positivamente, ya que le han dejado a él todo el material.

La mejor descripción de un coito está en ‘La lozana andaluza’. Hemos sido muy burros, no hemos aprovechado lo que viene de Roma y Grecia ni tampoco lo que viene de nuestra propia literatura

“Nadie había tenido el valor de estudiar las palabrotas, ni hace 500 años con Nebrija, pasando por Covarrubias… ¡Nadie! Me lo han dejado todo para mí, así que, gracias”, añade riendo el autor, que se muestra extrañado por este hecho, ya que la literatura del Siglo de Oro español estaba repleta de términos soeces. “El Arcipreste de Hita, La celestina, Quevedo, el gran guarro. ¡Si la mejor descripción de un coito, sólo superada por Rayuela, está en La lozana andaluza! Hemos sido muy burros, no hemos aprovechado lo que viene de Roma y Grecia ni tampoco lo que viene de nuestra propia literatura”, critica Virgilio Ortega.

La palabrota como forma de enganchar, como excusa para promover el conocimiento de nuestra lengua y la lectura. Pero no vale con escandalizar y no ofrecer nada más, hay que ser “guarro”, pero también “entretenido” y “culto”. Sólo así uno podrá disfrutar del placer de saber el origen del término meretriz, de cunnilingus o de fornicar.

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Esta filosofía ya se encuentra en las primeras líneas de Palabrotalogía, cuando Virgilio Ortega recoge unas líneas de Catulo (que el autor explica complacido que significa ‘el Cachondo’) que dicen lo siguiente:

“El poeta bueno debe ser casto en su persona, pero no es necesario que lo sean sus versos, pues estos sólo tienen gracia si son algo voluptuosos y poco decentes”. 

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